Deadly Persuasion

Cartel de la película documental 'Deadly Persuasion'. Media Education Foundation.

Quienes dan por hecho
que basta una amplia,
bien dotada y accesible
asistencia sanitaria para
que se desarrolle una
cultura de la salud
en la sociedad
cometen un grave error
.”
Cristóbal Pera,
“Por una cultura de la salud”,
El País/Salud, 13-IX-2008.

Cada día es más acuciante la necesidad de un cambio de paradigma en los sistemas nacionales de asistencia sanitaria. Ya en el año 1946, en el documento de su constitución, laOrganización Mundial de la Salud (OMS) definió a la salud, de manera positiva, como “un estado de completo bienestar, físico, mental y social, y no simplemente la ausencia de enfermedad”.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, los sistemas nacionales de asistencia sanitaria, sean públicos y/o privados, accesibles universal y equitativamente o bien de forma discriminada e injusta, aplican la mayor parte de sus recursos económicos y humanos al diagnóstico y al tratamiento de la enfermedad y no a la promoción de la salud y a la prevención de las enfermedades crónicas. Esto sigue sucediendo aunque se haya sustituido hace tiempo en sus denominaciones la palabra enfermedad (Seguro de Enfermedad) por salud(Sistema Nacional de SaludNacional Health ServiceHealth Care, etc.).

El imparable crecimiento del coste económico del modelo orientado hacia la enfermedad lo hace cada día más insostenible, por lo que resulta urgente cambiar la estrategia seguida hasta ahora, y apostar por un modelo orientado hacia el cuidado y el mantenimiento de la salud de los ciudadanos, como objetivo prioritario. En esta línea de pensamiento se inscriben las recientes propuestas de reformas en el Health Care de los Estados Unidos, surgidas en el mismo inicio de la administración del Presidente Obama.

Un nuevo modelo que se califica, por sus defensores, de “innovación rompedora” (“Disruptive innovation”), y que obliga a dedicar la mayor parte de los recursos económicos a poner en marcha una estructura integrada dedicada a la vigilancia continuada y personalizada de la salud del asegurado a lo largo de su vida, limitando los recursos dedicados hasta ahora al tratamiento de las enfermedades, sobre todo en sus fases agudas.

El nuevo modelo exige, sin duda, un profundo cambio en los objetivos tanto colectivos como personales: nada menos quesustituir la cultura de la enfermedad, muy arraigada en una sociedad extremadamente medicalizada, por una cultura de la salud. Una cultura de la salud entendida “como el conjunto de ideas, modos de vida, hábitos y comportamientos del ser humano en relación con la salud de su propio cuerpo, a la vez que como una serie de recomendaciones acerca del estilo de vida que mejor contribuya a mantener la salud y el bienestar del cuerpo”. En el fondo, se trata de evitar, mediante un estilo de vida saludable, no sólo que nuestro cuerpo sea lo menos vulnerable posible, sino que al ineludible deterioro biológico se añadan los deterioros provocados por hábitos nada saludables, que acorten la calidad y la esperanza de vida.

Un artículo publicado recientemente en el British Medical Journal muestra, por ejemplo, cómo la combinación de cuatro malos hábitos (tabaco, inactividad física, consumo inmoderado de alcohol y dieta insuficiente en verduras y frutas) duplica el riesgo de sufrir un accidente vascular cerebral (ictus).

Como hemos escrito recientemente en otro lugar, “la puesta en marcha de una cultura de la salud, como proyecto educativo, es un reto colectivo e individual para las sociedades del siglo XXI, un proyecto que debe desarrollarse desde la salud pública, pero con contribuciones privadas y de manera independiente del sistema de asistencia sanitaria, aunque en estrecha coordinación”.

A mi juicio, dos son las palabras claves en todo proyecto cuyo objetivo sea la expansión de una cultura de la saluddirigida a todos los miembros de una sociedad que ha sido previamente medicalizada: la persuasión y el reto personal.

Aunque persuasión es una palabra bastante ambigua, ya que a menudo se entiende como “hacer creer algo a alguien”, sin demasiados prejuicios, como sucede con demasiada frecuencia en el mundo de la mercadotecnia, de acuerdo con su etimología latina (persuasio –onis , deriva del verbopersuadeo, a su vez de suadeo, aconsejar, exhortar) su significado está más cerca de la idea de “dar a entender” o, como la define el Diccionario de la RAE, de “inducir con razones a creer o hacer algo”. En el tema que nos ocupa, lo que se pretende con la persuasión es conseguir, mediante razones convincentes por bien fundadas, que una sociedad, individual y colectivamente, cambie su peligrosa actitud ante la salud y asuma una nueva, que será mucho más beneficiosa para su vida.

La persuasión conlleva necesariamente, para que conduzca a un fin práctico, que el sujeto que haya sido persuadido de la bondad y conveniencia de la cultura de la salud sea capaz de pasar a la acción, aceptando personalmente el reto o los retos necesarios en su caso. El reto, definido como “un objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta” (DRAE) es la segunda palabra clave para que todo proyecto de expansión de la cultura de la salud tenga éxito.

Uno o varios retos de la persona previamente persuadida, que apuesta por cambiar su estilo de vida, mediante la corrección de hábitos malsanos, y cuyo cumplimiento le producirá cuantiosos beneficios para la salud, como, por ejemplo: no fumar, seguir una dieta que conduzca a una nutrición equilibrada, asociada a una actividad física regular que sea apropiada a su edad, y mantener el peso corporal dentro de los límites recomendados como saludables.

Pero hay que reconocer que, a pesar de las numerosas recomendaciones bien fundadas y presentadas de forma que parecen persuasivas, el porcentaje de quienes las aceptan como reto a cumplir es desafortunadamente bajo. En una investigación realizada en la Universidad de Southampton se demostró que son muy pocas las mujeres que cuando deciden quedar embarazadas cumplen las recomendaciones que se les hacen para una nutrición y un estilo de vida convenientes al inicio de la gestación.

Es muy probable que las modernas tecnologías de la información y de la comunicación usadas de forma interactiva, se conviertan en una herramienta potencialmente muy eficiente para la expansión de la cultura de salud entre los ciudadanos. Una herramienta que, con sus múltiples modalidades técnicas, haga posible una fácil accesibilidad a contenidos fiables, concisos y penetrantes para el mayor número de usuarios y, de este modo, se incrementen los índices de persuasión y de cumplimiento de aquellos retos personales que mejoren los estilos de vida y, en consecuencia, la salud.