Haciendo footing

Actividad física, ejercicio y deporte son conceptos distintos. Imagen: Thinkstock.

Physical activity promotes health and longevity.
¡Be Active,Healthy and Happy!
2008 Physical Activities Guidelines
for Americans

La actividad física del cuerpo (junto con una alimentación que proporcione una nutrición que equilibre el gasto energético de dicha actividad) es uno de los dos pilares sobre los que se asienta la cultura de la salud.

Dos artículos publicados la semana pasada en dos revistas científicas de prestigio, aportan más pruebas a favor de labeneficiosa asociación entre actividad física, vida saludablelongevidad.

En uno de los artículos, publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, se demuestra, por primera vez, que caminar, como actividad física programada y realizada de forma regular, con el decidido propósito de mejorar el estado de salud, puede atenuar la ganancia de peso que suele ocurrir, a largo plazo, en la mayoría de los adultos.

En el otro artículo, aparecido online en el British Medical Journal, se llega a la conclusión de que los hombres que deciden incrementar el nivel de intensidad de su actividad física cuando ya han cumplido los 50 años, logran alargar, al cabo de 10 años, su esperanza de vida, hasta el punto de que ésta llega a ser comparable a la de aquellos que venían realizando, desde hacía tiempo, una actividad física de nivel elevado. Este aumento de la esperanza de vida sería también comparable al que se consigue si se deja de fumar.

Bajo la expresión genérica actividad física (“physical actitivy”) se incluyen tres variantes, progresivamente más intensas en lo que refiere a la exigencia funcional a la que es sometido el cuerpo:
a) La actividad física habitual, por lo general de baja intensidad, que es la exigida por el vivir de cada día, aunque con amplias variaciones según edad, sexo, entorno en el que se vive y, sobre todo, tipo de trabajo.
b) El ejercicio físico, definido como una actividad física regular, realizada en tiempo libre, aunque sea breve, con el propósito de contribuir al gasto de energía necesario para lograr el equilibrio con el aporte energético de los alimentos.
c) El deporte, con sus numerosas variantes de niveles de actividad física exigida, en el que dicha actividad se realiza como juego competitivo, y de acuerdo con unas reglas.

Las respuestas biológicas del cuerpo humano a su actividad física tienen efectos muy positivos sobre los sistemas músculo-esquelético, cardiovascular, respiratorio, metabólico, inmunitario y endocrino, los cuales, integrados, se traducen en una serie de beneficios tangibles para la salud: reducción del riesgo de enfermedad coronaria, de hipertensión arterial, de cáncer de colon y de diabetes tipo mellitas, entre otros.

¿Cómo objetivar en la práctica la muy recomendable actividad física de una persona concreta con el fin de comprobar si alcanza los niveles de intensidad necesarios para llegar a ser beneficiosa para su salud? Esta es la pregunta que se plantea B. E. Ainsworth, del Departamento de Ejercicio y Bienestar (“Exercise and Wellness”) de la Arizona State University, en un artículo publicado el pasado mes de enero en el British Journal of Sports Medicine.

Para B.E. Ainsworth la dificultad de la objetivación estriba en que la actividad física es un concepto complejo, en el que, a partir de la observación y del análisis de “un cuerpo humano en movimiento”, se derivan dos dimensiones:

a)La conducta activa observada en el cuerpo que se mueve en el espacio, a mayor o menor velocidad, o bien que, con los pies asentados en la tierra, o sentado, trabaja con manos, herramientas e instrumentos.
b) El gasto de energía que toda actividad física genera, en mayor o menor grado.

Aunque estos aspectos de la actividad física pueden ser intercambiables a nivel energético, en realidad son diferentes, y se miden con métodos también diferentes, sean directos oindirectos:
a) Métodos directos
, entre los que se incluyen, por lo que se refiere a la conducta activa del cuerpo, aquellos que miden laactividad física mediante sensores (como el podómetro que cuenta los pasos, o el acelerómetro, que detecta cualquier movimiento corporal, especialmente útil en los adolescentes y jóvenes), y por lo que concierne a la energía gastada, aquellos métodos que evalúan el coste energético de dicha actividad (mediante calorimetría o con el método, muy preciso, en el que se utiliza agua marcada con dos isótopos (2H2 18O) como marcador del gasto energético.
b) Métodos indirectos, que son los que valoran, por un lado, datos indicadores de la actividad física obtenidos mediantecuestionarios y, por otro lado, los que, para evaluar laenergía gastada, recogen datos fisiológicos del cuerpo en actividad, como son el consumo de oxígeno, las pulsaciones cardíacas, la temperatura corporal, la sudoración y la ventilación pulmonar.

Desde el punto de vista práctico, B.E. Ainsworth considera que los cuestionarios y los podómetros serían suficientes para evaluar, en una primera aproximación, el nivel general de actividad física en la mayoría de los individuos. Sin embargo, la elección del método para objetivar la actividad física dependería, en último término, de cuál es aspecto de dicho actividad que se pretende medir.

Que la actividad del cuerpo humano es beneficiosa para la salud y que, en consecuencia, conviene mantener al cuerpo físicamente activo, con exigencia y continuidad, es un mensaje hoy dominante en el espacio mediático global. Sin embargo, a la vista de los resultados hasta ahora conseguidos en la salud individual y colectiva (con sus extendidas epidemias de sobrepeso y obesidad) resulta cuando menos dudoso que estas recomendaciones hayan sido suficientemente persuasivas.

El reto personal y colectivo respecto a la actividad física debe plantearse a partir de la convicción de que la inactividad del cuerpo es malsana, ya que está suficientemente demostrado que es en el cuerpo activo en el que emerge la buena salud.

En todo caso, no hay que olvidar que la actividad física de una persona está íntimamente relacionada con su actividad mental y su actividad social; si una de estas dos dimensiones de un cuerpo humano como persona está disminuida o retraída, la actividad física se resiente o se inhibe casi totalmente.