Médico

Las enfermeras y los médicos más jóvenes suelen ser los más afectados. Imagen: Thinkstock.

“En los nuevos escenarios
de la asistencia sanitaria
con los que se inicia
el siglo XXI,
la relación entre
el paciente y su médico
se encuentra en
situación precaria”

Cristóbal Pera, 2000

La violencia ejercida en su lugar de trabajo contra los profesionales de la salud (médicos y personal de enfermería), tanto la verbal como la física , se ha convertido, desde hace algo más de una década, en una preocupante epidemia global, y España ocupa el primer lugar por el número de agresiones, dentro de la Unión Europea. Las enfermeras y los médicos más jóvenes suelen ser los profesionales más afectados, y los consultorios de asistencia primaria y de psiquiatría, así los servicios de urgencia de los hospitales, los lugares en los que, con más frecuencia, estalla esta desmesura en el comportamiento humano del paciente y, a veces, de sus familiares.

El día 16 de marzo, el diario La Vanguardia colocaba en el centro de su portada la imagen de una médica, sentada, con la ritual vestimenta blanca del hospital, el estetoscopio colgado del cuello y la cabeza gacha, apoyada en su mano izquierda, con expresión de intensa desazón, porque se sentía impotente (decía el pie de la fotografía) “ante el trato que le dispensaban algunos de sus pacientes”. En las páginas interiores un reportaje incluía, junto con la cifra de 845 agresiones sufridas en el año 2008 (según el Institut Català de la Salut), varios relatos de algunos de los profesionales que habían sido agredidos.

La violencia ejercida contra médicos y enfermeras (violencia en el consultorio y en otras dependencias hospitalarias) es una de las variantes de la violencia ejercida en lugares cerrados, en la que el cuerpo/agresor aprovecha estar oculto a las miradas de otros cuerpos para aterrorizar, arrinconar y agredir al cuerpo/víctima, como son la violencia doméstica, la violencia carcelaria y la violencia de la tortura.

En el año 2000, al analizar las claves del encuentro médico/paciente, y de la peculiar relación que se establece entre el paciente que solicita ayuda y el médico que le atiende, escribíamos : “Al inicio del siglo XXI, la relación entre el paciente y su médico se encuentra en situación precaria” (La estructura narrativa de la relación entre el paciente y su médico. Ciclo Humanidades médicas, Facultad de Medicina, Universidad de Barcelona, Curso académico 1999-2000). Este progresivo deterioro habría sido condicionado, a nuestro juicio, por una serie de causas que afectarían a los dos protagonistas de dicha relación:

1.- Se había acentuado la tensión entre las ciencias básicas aplicadas a la medicina (las llamadas ciencias biomédicas), siempre con vocación de certeza, buscadoras de evidencias, y el viejo y perdurable “arte clínico”, que es consciente de suincertidumbre. La consiguiente depreciación de la “clínica”, donde nace el encuentro del paciente con su médico, había contribuido a deteriorar la relación entre ambos. “Mucha gente cree que la medicina tiene más poder del que realmente tiene, como si fuera una nueva religión. ¿Por qué?” me preguntaba Gonzalo Casino en una entrevista (El País, 9 Junio de 2007), y mi contestación fue: “Porque no aceptan la incertidumbre de la medicina”.

2.- La relación entre el paciente y su médico, tradicionalmente autoritaria y paternalista, se había convertido en una relación entre adultos. En este nuevo planteamiento, en el que el médico ha dejado de ser el “guardián” del paciente, éste exige información y justificación de las decisiones diagnósticas y terapéuticas que le son propuestas, las cuales necesitan además, para ser aplicadas, del llamado consentimiento informado del paciente y/o de sus familiares. Esta nueva situación es propicia a conflictos éticos y legales.

3.- Los avances científicos y tecnológicos, que han propiciado que la Medicina actual sea tan efectiva y costosa, han contribuido, como contrapartida, a alejar al médico, rodeado de excesivo “ruido informático y tecnológico”, del paciente como persona, con el riesgo de convertir a éste (más conocido por el médico por sus datos semiológicos y biológicos alterados que por una relación personal) casi en un espécimen biológico.

4.- El desarrollo de la economía de la salud y la introducción de sistemas de gestión de recursos en los servicios nacionales de salud, con prestación universal y gratuita, cuyos objetivos son conseguir una calidad aceptable de dicha asistencia al mínimo coste posible, añaden nuevas y más graves dificultades, prácticas y éticas, en la relación paciente/médico.

5.- La información sobre la salud, extendida masivamente en el espacio digital de Internet (la mayoría de escasa fiabilidad) puede hacer que cuando el paciente acude a su médico “informado en exceso” (“over-informed patient”) o “informado incorrectamente”, surjan dificultades de entendimiento, con una pérdida mutua de confianza, si se aplica en el encuentro el esquema tradicional de la relación médico-paciente.

En estas nuevas circunstancias, una práctica médica tan antigua y eficiente como es la de escuchar con atención al paciente y dialogar con él, está siendo cada día más ignorada. Se olvida que el conocimiento médico que es utilizado en el proceso que conduce a la toma de decisiones respecto a un paciente determinado, se inicia en la primera entrevista que con él tiene el médico, en la que se intercambian historias, las historias que cuentan los pacientes y las historias que interpretan, escriben, exponen oralmente y reescriben los médicos.

Porque a pesar de los avances científicos y tecnológicos de la medicina y de la universalidad de la asistencia sanitaria en las sociedades avanzadas, la entrevista clínica, con la palabra, como instrumento, sigue siendo básica en la relación personal entre el paciente y su médico y fundamento de un pacto de confianza entre ambos. Este pacto obliga a los médicos a ser competentes, y a mantener su competencia en el transcurso de su vida profesional. Pero también obliga también a los pacientes a ser educados, individual y colectivamente, en una cultura de la salud que les haga conscientes de los límites de la salud del cuerpo humano y de la necesidad de asumir estilos de vida que contribuyan a mantener el triple bienestar, físico, mental y social, mientras la vida dure.

Una cultura de la salud (Pera, C. Por una cultura de la salud, Diario El País, 13 Septiembre de 2008) entendida como un proyecto educativo, independiente del sistema de asistencia sanitaria, que atenúe las desviaciones de la medicina moderna:
- la medicalización (a todo malestar humano correspondería un tratamiento con un fármaco o con un acto quirúrgico);
- la mercantilización excesiva (la salud entendida prioritariamente como negocio);
-
el abuso de la tecnología (el cuerpo convertido tecnológicamente en “transparente” obvia a la experiencia “clínica”);
- el funcionarismoburocratizaciòn de los profesionales de la salud (trabajo frustrante por alienado, dada la rigidez organizativa y el distanciamiento de decisiones que le atañen).
La suma de estas desviaciones conduce a la insatisfacción y a la frustración en los dos protagonistas de esta relación, con el consiguiente desencuentro entre ambos, y a despropósitos extremos, como es la agresión por el paciente, o sus familiares, del profesional de la salud con el que mantiene el encuentro en busca de ayuda.

Cuando las palabras son muy escasas y el lenguaje se deteriora gravemente, queda interrumpido el diálogo; éste es el peligroso momento en el que la violencia verbal y la violencia física pueden irrumpir súbitamente en el escenario de un encuentro que, en un principio, debería estar lleno de confianza y de compasión.