Sin techo

Un 15% de la población norteamericana no cuenta con un seguro médico que cubra sus necesidades de salud. Imagen: Thinkstock.

A la seguridad humana
le concierne reducir
(cuando sea posible)
y eliminar
las inseguridades
que azotan
las vidas humanas.

Amartya Sen, 2004

Parece evidente que la crisis económica global va a provocar más dificultades para sobrevivir de las que ya soportan los miles de millones de personas que malviven, repartidas desigualmente por el mundo, que no alcanzan a cubrir, con sus mínimos o nulos ingresos, las necesidades más básicas. Pero, también se teme que esta crisis repercuta negativamente en la promoción de la salud y en la asistencia médica de los ciudadanos que pierdan su empleo en los países desarrollados que no disponen de sistemas de salud universales, gratuitos o muy asequibles. En este sentido, cabe recordar que un 15% de la población norteamericana (45,7 millones) no cuenta con un seguro que cubra sus problemas relacionados con la salud. Según el Institute of Medicine of the National Academies, 1 de cada 5 adultos por debajo de los 65 años, y casi 1 de cada 10 niños, no disponen de seguro de salud.

En la revista médica The Lancet, dos personalidades prestigiosas en el ámbito de la salud pública (Julio Frenk y Margaret Chang) analizaron, en dos artículos publicados online el 14 de Enero de este año, las graves consecuencias que la crisis económica mundial podría tener sobre la salud de los ciudadanos.

El mexicano Julio Frenk, desde su posición actual como decano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, y desde la perspectiva de los sistemas de salud de los Estados Unidos (en su artículo titulado Reforzamiento de los sistemas de salud para promover la seguridad -”Strengthening health systems to promote security”-) afirma que esta profunda y preocupante crisis económica es una oportunidad que debe ser aprovechada para fortalecer los sistemas de salud.

Una crisis económica de esta magnitud genera en los Estados Unidos múltiples círculos viciosos. He aquí dos ejemplos, según Frenk: La pérdida del empleo, con sus ingresos, aumenta el número de personas sin seguro de salud e incrementa espectacularmente sus gastos cuando necesita asistencia médica, lo que desequilibra, aún más, el presupuesto familiar. Por otra parte, las familias y los gobiernos que, ante la crisis, reducen gastos en medicina preventiva, abren el camino a un deterioro del estado de salud, lo que contribuye a reducir la capacidad de trabajar y de generar ingresos.

Es la opinión de Frenk (en sintonía con los primeros movimientos de la administración del Presidente Obama en el ámbito de la salud) que ante la crisis económica ha llegado el momento de introducir innovaciones que conduzcan a una protección social universal en Estados Unidos. Su conclusión es clara: “garantizar la seguridad en la salud (health security) es aún más urgente en tiempos de convulsión de la economía”. Porque (añade Frenk) “la economía puede recuperarse, pero no hay recuperación posible para las muertes innecesarias o las incapacidades definitivas”. Y es, precisamente, en los esfuerzos para promover la seguridad en la salud donde “los sistemas de salud juegan un papel crucial para proteger a los individuos y a las poblaciones de los diferentes tipos de riesgos asociados con la salud”.

Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO), en su artículo titulado La asistencia primaria como un camino hacia la seguridad de la salud (“Primary health care as a route to health security”) centra su reflexión en el concepto de la seguridad de la salud (“health security“) y coincide con Frenk en que “la potenciación de los sistemas de salud es uno de las rutas más seguras para alcanzar la seguridad de la salud”.

A pesar de los sofisticados tratamientos de la medicina moderna, la diferencia en la expectativa media de vida entre los países más pobres y los más ricos sobrepasa los 40 años, y cada año mueren 10 millones de niños por causas que pueden ser prevenidas, por lo que Margaret Chan sostiene que no seremos capaces de alcanzar los objetivos sobre la salud a desarrollar en el milenio (Millenium Development Goals). En su opinión, para conseguirlo sería necesario recuperar los principios, los valores y los métodos de la asistencia primaria en el cuidado de la salud, lo que implica restablecer la cercanía del médico al presunto paciente. Cuando se comparan los resultados en el cuidado de la salud de países con similar desarrollo económico, aquellos en los que su sistema de salud está organizado según los principios de la asistencia primaria, centrada en el paciente y en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad, consiguen un más elevado nivel de salud con la misma inversión económica. Para Chan, un sistema de salud equitativo, eficiente y accesible es la mejor póliza de seguro, el mejor camino para lograr la seguridad de la salud.

Dos conceptos muy prevalentes en la actualidad, en lo que atañe a la salud pública, son manejados en los dos artículos comentados: seguridad humana (“Human security“) y seguridad de la salud (“Health security“). Según el DRAE, seguro es lo que está “libre y exento de todo peligro, daño o riesgo” y seguridad, la cualidad de seguro. Si en el primer caso se entiende la seguridad humana, como todas aquellas medidas que hacen posible que los seres humanos estén (en lo que cabe) libres de peligros, daños y riesgos, en lo que se refiere al segundo concepto, seguridad de la salud, éste incluiría las medidas que harían posible que la salud de los seres humanos esté (en la medida de lo posible) a salvo de peligros daños y riesgos. Está claro que el segundo concepto, sin duda muy importante, queda incluido en el primero, el de mayor amplitud, aunque mantiene sus diferencias.

¿Qué se entiende como seguridad humana en el siglo XXI?:La seguridad humana es un concepto muy amplio, con fuerte carga voluntarista, en el que se incluye todo aquello que trata de proteger el núcleo vital de todas las vidas humanas, potenciando sus libertades y sus derechos humanos, así como su desarrollo como persona. En la seguridad humana, como concepto y como programa de acción, el objetivo final, y las consiguientes acciones, se traslada desde la seguridad de las fronteras, o sea, desde los estados soberanos, a la seguridad de los individuos y de las comunidades, dentro y fuera de las fronteras.

Como señala W. Aldis, en un análisis crítico publicado en la revista Health Policy and Planning (2008), el segundo concepto, la seguridad de la salud (“health security“) es ambiguo y confuso, por lo que todavía no se ha alcanzado un consenso global acerca de sus límites. En todo caso, a pesar de esta imprecisión no puede negarse que el cuidado de la salud, y la apuesta por la llamada seguridad de la salud, es una prioridad de la seguridad humana en el siglo XXI (Lincoln C. Chen, Health as a Human Security Priority for the 21st Century, 2004).

Una prioridad justificable siempre que su costoso y dificultoso objetivo se intente cumplir, para que el esfuerzo económico sea “sostenible”, sobre la base de una extensa, intensa y continua pedagogía de la cultura de salud (Pera, C. Por una cultura de la salud, Diario El País, 13 Septiembre de 2008) que haga posible que la mayoría de los ciudadanos tomen conciencia de cuáles son los límites de lo que es razonable exigir a la salud humana, tanto de forma individual como colectiva.