Una mano sostiene varias pastillas

Sufrir varias enfermedades crónicas a la vez genera la prescripción de numerosos fármacos. Imagen: Thinkstock.

El médico es el fármaco.
M. Balint, 1964

El foco de la atención médica
no debe quedar fijo
en la enfermedad
sino en el enfermo.
Mary E. Tinetti, 2004

En un artículo publicado en el New York Times del 31 de marzo de 2009 y firmado pr Siri Carpenter, bajo el título Una cosa es tratar una enfermedad; pero ¿qué se hace cuando el paciente tiene muchas?, la historia de una paciente de 84 años, diagnosticada de varias enfermedades crónicas (insuficiencia cardiaca congestiva, arritmia con riesgo de ictus, hipertensión arterial, colesterol elevado, reflujo gastro-esofágico, artrosis de rodilla, osteoporosis generalizada con caídas frecuentes y fractura de pelvis, y una historia de depresión), de las cuales es tratada con 13 medicamentos, plantea la preocupación de la salud pública por un creciente e inquietante problema para la medicina del siglo XXI: el aumento de la esperanza de vida, con el progresivo envejecimiento de la población, está incrementando paulatinamente el número de personas afectas de varias enfermedades crónicas irreversibles, en las cuales, el tratamiento de cada una de ellas implica la prescripción de uno o más medicamentos, cuya suma total sobrepasa la decena diaria.

En un estudio realizado en los EEUU por la RAND Corporationy publicado en Octubre del año 2000, bajo el títuloProyección de la prevalencia de las enfermedades crónicas e inflación de los costes (“Projection of Chronic Illness Prevalence and Cost Inflation”) se calculaba que, para el año 2030, casi la mitad de los norteamericanos padecería una enfermedad crónica, mientras que una cuarta parte sufriría múltiples enfermedades crónicas. En el mismo estudio se preveía, con referencia a la edad, que, para el año 2030, el 62% de los norteamericanos con 65 o más años padecería dos o más enfermedades crónicas.

Lo cierto es que, en la actualidad, 2/3 de los norteamericanos mayores de 65 años y 3/4 partes de los mayores de 85 años padecen varias enfermedades crónicas. Por otro lado, el 68% del coste económico del programa de salud Medicare (para los mayores de 65 años) se dedica a la asistencia de personas que padecen cinco o más enfermedades crónicas.

Esta creciente multiplicidad de enfermedades crónicas en un solo enfermo (multimorbididad) a partir de los 65 años, genera, a su vez, la prescripción de numerosos fármacos (polifarmacia), uno o más para cada padecimiento crónico, con el consiguiente peligro de que se promuevan interacciones farmacológicas que sean peligrosas para el organismo. Desde el punto de vista de la relación paciente/médico, es evidente el riesgo de que éste último dedique toda su atención a las enfermedades individualizadas, como abstracciones, con olvido de la persona enferma, entendida como el resultado de una integración biológica, psicológica y social. Como ha escrito Mary E. Tinetti, profesora de Medicina de la Yale UniversityMedical School, en un artículo publicado en 2004, bajo el titulo El fin de la era de la enfermedad (“The End of the Disease Era”) en la revista The American Journal of Medicine, del mes de Febrero del 2004, “lo que es mejor para la enfermedad puede no ser lo mejor para el enfermo”

Desde la perspectiva práctica, Cynthia Boyd, del Centro para el Envejecimiento y la Salud (“Center on Aging and Health”), en Baltimore, en un articulo publicado en la revista JAMA del mes de Agosto del 2005, llamó la atención sobre el hecho de que tan sólo la mitad de las Guías para la práctica clínicarecomendadas en los EEUU se ocupa del tratamiento de los pacientes con múltiples enfermedades. ¿Qué es preferible (se pregunta), bajar la presión arterial y el colesterol, tratar la osteoporosis, administrar un anticoagulante para prevenir un ictus o controlar la depresión para que el paciente esté en mejores condiciones para cuidar su salud? No se trata de abandonar el concepto de enfermedad individual y su tratamiento, sino de integrarlos en el tiempo biológico y en el contexto global del paciente como persona.

Una vez más se hace patente que el mejor camino para frenar el desarrollo de múltiples enfermedades crónicas, asociadas con el deterioro biológico y el envejecimiento, es el que conduce a la promoción de la salud y a la prevención de la enfermedad, en definitiva, a una constante pedagogía social de la cultura de la salud.