Mujer comiéndose una fresa

La vida saludable es el resultado de un conjunto de hábitos adoptados, personal y colectivamente, en el vivir de cada día. Imagen: Thinkstock.

Durante demasiado tiempo
hemos ignorado
a la que debe ser
la primera línea de defensa
contra la enfermedad:
modificar los hábitos insaludables”

John H. Kelly jr.
American College of Lifestyle Medicine

“Prevención y bienestar
deben ocupar
el centro
de la reforma
de la sanidad”

Mr. Harkin,
Senador de los EE.UU.
NYtimes,
10 Mayo 2009

Todo vivir consciente exige no sólo el uso del “propio cuerpo” sino, también, de “otros cuerpos”. Una vida saludable es aquella que, mediante el buen uso cotidiano del propio cuerpo, contribuye mejor a mantener su bienestar (físico, mental y social) reduciendo la vulnerabilidad y limitando y retrasando el deterioro biológico, características asociadas a la inexorable caducidad humana. La desviación perversa del uso hacia el abuso no sólo ocurre de forma cotidiana y masiva sobre los cuerpos de los “otros”, sino sobre el “propio cuerpo”.

La vida saludable (“healthy life”) es el resultado de un conjunto de hábitos saludables (“healthy habits”), adoptados, personal y colectivamente, en el vivir de cada día.

La breve combinación de hábitos que un ser humano repite en su cotidiano vivir se ha venido en denominar estilo de vida, definido éste como “los hábitos y costumbres que, como la dieta alimenticia, la actividad física y el consumo habitual de sustancias tóxicas, como el tabaco y el alcohol, tienen importantes implicaciones, positivas y negativas, sobre la salud y que, a menudo, son objeto de investigación epidemiológica en una población”.

Dentro de la creciente tendencia a investigar las relaciones entre el estilo de vida y la prevención de enfermedades, la revista Archives of Internal Medicine, en su número de Abril de este año, publica un amplio estudio epidemiológico realizado conjuntamente en los Estados Unidos y el Reino Unido en el que se concluye que la combinación de 5hábitos saludables en un estilo de vida reduce sustancialmente el riesgo de desarrollar un cáncer de páncreas. Un argumento más a favor de la importancia que un estilo de vida saludable tiene en el mantenimiento delbienestar, tanto físico como mental y social.

Los hábitos saludables evaluados en dicho estudio son los aconsejados, una y otra vez, en los últimos tiempos:
a) No fume;
b) Si bebe alcohol hágalo con mucha moderación;
c) Siga los principios de la dieta mediterránea;
d) Mantenga el Índice de su masa corporal como mínimo en 18 y no sobrepase los 25 puntos, y
e) Realice de forma regular una actividad física apropiada a su edad biológica.
Éstos son, en suma, hábitos que afectan, por una parte, al necesario equilibrio entre el aporte nutritivo de la alimentación y el gasto energético de una actividad física regular y personalizada y, por otra, a la ausencia de adicciones a intoxicaciones crónicas, como las provocadas por el consumo de tabacoalcohol.

En la investigación epidemiológica que comentamos se demuestra que los hábitos saludables no sólo inciden positivamente sobre la prevención del cáncer de páncreas, cuando se consideran uno a uno, sino que la combinación de los cinco hábitos saludables potencia la reducción del riesgo de desarrollar dicha neoplasia.

Un estilo de vida es calificado como saludableinsaludablesegún lo sean los hábitos que lo constituyen. En un texto publicado en este blog (“Estilo de vida: un concepto ambiguo y una opción vital no fácil de cambiar”) ya nos hemos ocupado de la historia de ésta expresión así como de su ambigua utilización, circunstancias que han propiciado su rápida replicación, como un poderoso meme, sobre todo en el espacio digital (Véase, Pera C. El cuerpo y sus representaciones meméticas, Cap. 21. en “Pensar desde el cuerpo. Ensayos sobre la corporeidad humana”, Editorial Triacastela, Madrid, 2006). Por estas razones, y para que el concepto estilo de vida sea realmente fiable y operativo en el ámbito de la salud humana, debe diseccionarse en sus elementos fundamentales, los hábitos, e integrarse, como pieza clave, en todo programa pedagógico que apueste por una verdadera cultura de la salud.

En la Medicina del siglo XXI se acentúa la tendencia a potenciar las acciones promotoras de la salud y preventivas de la enfermedad sobre las acciones curativas y paliativas. Entre las primeras acciones ocupa un lugar clave la promoción de un estilo de vida saludable en la población.Esto quiere decir que antes de cualquiera intervención sobre el cuerpo enfermo, sea con el fármaco y/o con la cirugía, debe procurarse, cuando sea necesario, recomendar elcambio del estilo de vida, cuando éste sea insaludable.

¿Instruyen los médicos a sus pacientes, con el necesario énfasis, sobre la importancia que tiene el estilo de vida para su salud? ¿Es fácil motivar a los ciudadanos, individualmente y colectivamente, sobre la necesidad de cambiar un estilo de vida insaludable?

En un interesante artículo publicado en The New York Timesen el mes de abril del 2007, firmado por Kate Murphy, titulado Teaching Doctors to Teach Patients About Lifestyle (“Enseñar a los médicos a enseñar a los pacientes qué es el estilo de vida”), se analizaba la importancia del estilo de vidaen la génesis de muchas enfermedades, así como la confusión aún existente acerca de cuáles sean los hábitos más recomendables.

También se hacía mención de la constitución, en el 2005, delAmerican College of Lifestyle Medicine y, al poco tiempo, en el 2007, de su revista oficial The American Journal of Lifestyle Medicine. Ante la propuesta del American College of Lifestyle Medicine de crear una especialidad médica cuyo objetivo sería ayudar a los pacientes a analizar y cambiar, si fuera necesario, su estilo de vida, Kate Murphy sugiere que, más que una nueva especialidad, lo que hace falta es enseñar a los médicos a valorar la importancia del estilo de vida en el mantenimiento de la salud y en la prevención de la enfermedad.

Para los que se preocupan y se ocupan de la cultura de la salud, los mayores esfuerzos deben ser dedicados a motivar a los pacientes, y a los que aún no lo son, para cambiar sushábitos insaludables. En la actualidad, la más avanzada tecnología digital debe ser utilizada para conseguir, de manera persuasiva, que las recomendaciones sobre la necesidad de cambiar de hábitos de vida insaludables, basadas siempre en información fiable, sean asumidas y cumplidas como un reto personal.