Imagen de una píldora

La píldora del día después es un método anticonceptivo de urgencia, no apropiado para su uso regular. Imagen: Thinkstock.

“Para todo
problema complejo
hay una solución
que es simple,
clara y errónea”

Mencken, H.L.M.
A Mencken Chrestomathy
Vintage Books,
New York, 1949

Durante la pasada semana, la palabra píldora, perteneciente de suyo al ámbito de las formas galénicas o farmacéuticas dispuestas para ser administradas por vía oral (como poción, elixir, comprimido, gragea, pastilla y cápsula), ha vuelto a poner de manifiesto sus amplias posibilidades comometáfora en lenguajes ajenos al médico y al farmacéutico.

El protagonismo mediático de la palabra píldora en los pasados días se inició el 22 de Abril cuando laAdministración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos comunicó que, partir de esa fecha, y por decisión de un juez federal, se rebajaba de los 18 a los 17 años la edad exigida para que la mujer pudiera adquirir, sin prescripción médica, la píldora de la mañana después(“morning-after pill”), como procedimiento anticonceptivo de urgencia (“emergency contraception”) después de un coito sin protección.

Cabe recordar que la Organización Mundial de la Salud (OMS)ya había aprobado, en el 2005, la contracepción urgente, recomendando una única dosis de 1.5 mg delevonorgestrel, una progesterona sintética, al tiempo que recordaba que este procedimiento “no es apropiado para su uso regular”.

Por otra parte, la Unión Europea, en el año 2004, ya había requerido de todos los estados miembros “la promoción de la contracepción urgente, sin prescripción médica, como una práctica estándar dentro de la vida sexual y reproductiva”.

El día 11 de este mes de mayo, el Gobierno de España, a través de su Ministerio de Sanidad y Consumo, decide que la píldora del día después, como método anticonceptivo de urgencia, pueda ser adquirida en las farmacias sin receta médica, y sin precisar la edad mínima exigible para su dispensación, mientras que subraya en su comunicado que “se trata de un método anticonceptivo de urgencia que sólo deberá usarse (y así se hará constar en los prospectos) cuando haya fallado algún método anticonceptivo convencional o se trate de una relación no planificada”.

La coincidencia de esta decisión gubernamental con el debate del estado de la nación en el Parlamento español, y la controversia social alentada desde posiciones ideológicas extremadas, ambas con pretensiones hegemónicas, estimuló la amplia utilización de la palabra píldora, como metáfora, en la crónica política del día después. He aquí algunos titulares: “El estado de la nación necesita de otras píldoras” (El Mundo, Editorial), “Es el periódico el que habla de la píldora del día de hoy” (El Mundo, Arcadi Espada), “Se abre el debate con las píldoras del día de hoy” y “la polvareda de la píldora” (El Mundo, Santiago González) y “La píldora del año después” (La Vanguardia, Enric Juliana).

¿Qué significados se encierran en la breve y sonora palabra castellana píldora que la hacen tan propicia a su utilización como metáfora de acciones que, por la desproporción entre su mínimo tamaño y sus presuntas consecuencias, radicalmente transformadoras, rondan lo mágico?

Desde el punto de vista etimológico, píldora (como pill en inglés, pillule en francés, y pille en alemán) deriva del latín “pilula” (derivado a su vez, de “pila, ae”, pelota) siendo definida, en primera acepción, como “bola pequeña que se hace mezclando un medicamento con un excipiente adecuado para ser administrado por vía oral”, y, en segunda, como “píldora anticonceptiva” (DRAE). En el Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Cobarrubias (1611), todavía muy alejado de las preocupaciones y discusiones anticonceptivas, se define más modestamente a la píldoracomo “pelotillas medicinales y purgativas que se toman por la boca y los boticarios suelen dorarlas para disimular el amargo del acíbar que llevan dentro”.

Lo que caracteriza al diseño de la píldora es su pequeño tamaño y su forma redondeada que concentra al principio activo del medicamento que contiene y transporta en un mínimo espacio, de modo que pueda ser ingerida o tragada (“tragarse la píldora”) de una sola vez, con rapidez y relativa facilidad, sin masticarla. “Tragar la píldora” es la metáfora de una acción muy rápida, que puede ser desagradable y dificultosa (para ello convenía “dorar la píldora”), con la que se pretende que el fármaco que penetra en el organismo actúe de modo tajante, para revertir, con urgencia, una situación que se considera preocupante para la salud de la persona que la ingiere. Las píldoras de nuestro tiempo aportan principios activos, moléculas, solas o combinadas, que pretenden potenciar o interferir, según convenga, secuencias metabólicas orgánicas.

En el ámbito de la salud asentada en fundamentos científicos se han ofrecido y se ofrecen píldoras de todo tipo, según el principio activo que aportan y el objetivo que se busca, ofertas teñidas casi siempre de un cierto halo mágico: lapíldora polivitamínica, la píldora del ejercicio (“exercise pill”) con la difícil pretensión de sustituir a la actividad física a nivel muscular, y la polipíldora (“polypill”), una especie de píldora milagrosa (“miracle pill”) que, combinando cuatro fármacos de los utilizados para tratar las enfermedades cardiovasculares, pretende aumentar la supervivencia de los pacientes con enfermedad cardiovascular .

Por otro lado, llevando al extremo la metáfora de la píldoracomo vehículo de transformación radical, se han ofrecido y se ofrecen, en el mundo real, píldoras para la felicidad(“happiness pill”) y para el liderazgo (“leadership pill”), mientras que en el mundo de la fantasía cibernética de la película “The Matrix”, una píldora roja y una píldora azul son las que pueden decidir el destino de unos seres humanos que viven esclavizados, en un falso futuro, por una formidable máquina de la computación.

La metáfora de la píldora tiende a presentarla como una concentrada, potente y autosuficiente fuerza transformadora del cuerpo y de la persona en éste incorporada, ajena a la gran importancia que, para una vida saludable, tienen también sus hábitos cotidianos. Así como la píldoraadministrada para controlar la hipertensión arterial, por la mañana o por la noche, no será eficiente si no va asociada a comportamientos o hábitos saludables, la píldora para lacontracepción de urgencia tampoco lo será, desde la perspectiva integral de la salud de quien la utiliza, si no se hace en el contexto de una educación sexualprogramada con antelación.

Consciente, al parecer, del apresuramiento con el que se ha comunicado la medida, el Ministerio de Sanidad y Consumoadvierte que ésta se integra en una denominada “Estrategia de Salud Sexual y Salud Reproductiva del Sistema Nacional de Salud”, en proceso de elaboración.

Recordando de nuevo el lúcido epigrama de H.L.M. Mencken,la píldora del día después, con cuya administración se busca una contracepción urgente, puede ser una “solución simple y directa” para una situación personal angustiosa,provocada por descuido, pero que, dada su complejidad, cabe que se convierta en una solución “errónea” si quien la utiliza no ha dispuesto previamente de una información científicamente fiable y no apresurada, sobre la sexualidad y la reproducción en el contexto de una integral cultura de salud, así como acerca de las consecuencias indeseables que su utilización inapropiada puede tener para su bienestar, no sólo físico, sino psicológico y social.