Mujer consulta Internet

La Red debe ser un ámbito donde promover, como proyecto educativo, la cultura de la salud. Imagen: Thinkstock.

“Poner en marcha
una cultura de la salud,
como proyecto educativo,
es un reto
individual y colectivo
para las sociedades
del siglo XXI”
(Pera, C.
Diario El País 13 Sept. 2008)

Nadie duda, a estas alturas, que Internet se ha convertido en un medio global por el que transitan todos los que buscan información sobre la salud y la enfermedad, sean profesionales o legos en estas materias.

También es indudable que, al tratarse de un espacio libre, en el que sus contenidos no están sujetos, en la práctica, a control alguno, la inmensa información sobre la salud y la enfermedad allí depositada sin parar, debe ser sometida a un cuidadoso análisis acerca de la credibilidad de su fuente de origen, y a una exigente lectura crítica, con el objetivo de establecer su fiabilidad y los beneficios y riesgos de su aplicación práctica.

Pero una cosa es la información sobre la salud y la enfermedad y otra, muy distinta, la cultura de la salud, definida como “el conjunto de ideas, modos de vida, hábitos y comportamientos del ser humano en relación con la salud de su propio cuerpo, a la vez que como una serie de recomendaciones acerca del estilo de vida que mejor contribuya a mantener la salud y el bienestar del cuerpo.”

Desde esta perspectiva, la cultura de la salud ha de entenderse como “un proyecto educativo para los ciudadanos que debe desarrollarse desde la salud pública, pero con contribuciones privadas, y de manera independiente del sistema de asistencia sanitaria, aunque en estrecha coordinación”.

El espacio digital global, a pesar de los inconvenientes derivados de la dudosa fiabilidad de mucho que allí se dice, puede, y debe ser, el ámbito más apropiado para promover, como proyecto educativo, la cultura de salud.

Un artículo publicado la pasada semana en la prensa médica confirma estas enormes posibilidades educativas de Internet, desde la perspectiva de la salud individual. El texto, aparecido en la revista Archives of Internal Medicine, bajo el título Efectos de los programas para dejar de fumar basados en la red y en el ordenador (“Effects of Web- and Computer-Based Smoking Cessation Programs”) demuestra, por primera vez, que con programas para dejar de fumar basados en Internet, con presencia virtual, se consiguen unos resultados que pueden ser calificados de notables, cuando se comparan con los obtenidos por participantes con presencia real.

A esta conclusión llegan investigadores de las universidades de California, en Berkeley, y de Corea del Sur, en Goyang, tras revisar 22 ensayos clínicos, publicados desde el año 2001, con el objetivo de comprobar la eficacia de los muy numerosos programas existentes para dejar de fumar ofrecidos a través de Internet. Sirva como ejemplo de la creciente presencia en la red de dichos programas que, en el año 2005, un espacio titulado QuitSmokingSupport.comcomunicaba que su página para dejar de fumar había tenido, desde 1994 al 2001, 50 millones de visitantes; sin embargo, no se ofrecían datos sobre el grado de eficacia conseguido.

El interés de la conclusión del citado artículo se deriva de queuna de las recomendaciones básicas en todo proyecto cuyo objetivo es extender la cultura de la salud es, precisamente, dejar de fumar. A esta recomendación se asocian otras también muy importantes, tales como si bebe alcohol hágalo con moderación, manténgase activo, o siga una dieta saludable.

En todo caso, en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad la clave del éxito estriba en lograr convertir, en una persona concreta, y a través de la persuasión, lo que es, en principio, la recomendación de un hábito saludable (como dejar de fumar o mantener una actividad física regular) en un reto personal.

Dado que el mecanismo psicológico que conduce a convertir la recomendación en reto exige, en principio, diálogo real, “cara a cara”, entre quien solicita ayuda y quien puede prestársela, la dificultad consiste en que cuando el diálogo es virtual, establecido a través de un programa para dejar de fumar basado en Internet, es necesario sobrepasar esta carencia de cercanía mediante un avanzado desarrollo tecnológico, que facilite la mayor interactividad posible entre el usuario y el espacio de la web que le ofrece ayuda para cumplir el reto propuesto. Una interactividad no sólo necesaria para un convincente diálogo virtual que incite al paso decisivo de la recomendación a la asunción del reto, sino para el seguimiento, paulatino y pormenorizado, de la secuencia de acciones, positivas y negativas, que permita alcanzar el saludable fin propuesto.

El notable resultado obtenido con algunos de los programas diseñados para cumplir el reto de dejar de fumar es extrapolable, con mayor o menor dificultad, a todos y cada uno de los hábitos que componen, en su conjunto, lo que se considera como un estilo de vida saludable. Esta es la positiva conclusión práctica del artículo comentado, para quienes estén comprometidos en el diseño y la implementación, en el espacio digital, de una propuesta conceptual imprescindible para el bienestar individual y colectivo en el siglo XXI, como es la cultura de la salud.