Migraña

La migraña es bastante más que un dolor de cabeza. Imagen: Thinkstock.

La migraine elle aussi caresse
certains de mes journées”

Roland Barthes

La palabra castellana migraña (derivada de la latina,hemicranĭa, y ésta de la griega, ἡμικρανία, a través de la francesa migraine), con el significado etimológico estricto de “mitad del cráneo”, evoca, en primera instancia, a una enfermedad potencialmente crónica, que afecta al 12% de la población general en Europa y Estados Unidos, caracterizada por repetidas e imprevisibles crisis de dolor de cabeza; un dolor pulsátil, con frecuencia unilateral, y que puede llegar a ser muy intenso, precedido, o no, de síntomas premonitorios, visuales y sensitivos, conocidos como el aura de la migraña, en medio de una exacerbada sensibilidad a la luz y al sonido.

En todo caso, la migraña es bastante más que un dolor de cabeza, como escribió Roland Barthes, todo un experto sufridor de migrañas, en un breve texto en el que, tras confiarnos que “tiene la costumbre de decir migraña(“migraine”) en lugar de dolor de cabeza (“maux de tête”), quizá porque la palabra es bella” –apreciación con la que coincidimos- afirma que “se trata de un nombre impropio ya que no es solamente una mitad de mi cabeza la que sufre” (Roland Barthes par Roland Barthes, Seuil, 1975). En lengua castellana, además de migraña, y de su precedente etimológico hemicránea, se cuenta con la alternativa de la palabra jaqueca (derivada, según Joan Corominas, de la antigua axaqueca y ésta del árabe sagiqa, con el significado de “mitad o lado de la cabeza”).

Una palabra, la migraña, que forma parte, también, de las mitologías literarias y pictóricas, propiciadas por la creencia de que las transitorias modificaciones que la enfermedad provoca en el cerebro durante las crisis, podrían influir en la visión del mundo de los que la padecen y en sus creaciones literarias y pictóricas (Freud, Nietzsche, Lewis Carroll, André Gide, Emily Dickinson, Virginia Woolf, Roland Barthes, Paul Valery, y Giorgio De Chirico, el pintor del “arte emicranica”, entre otros muchos).

Una palabra que sacamos hoy a colación, en el espacio de este blog, no sólo por el interés, para la salud y la cultura que la migraña suscita, acentuado por una larga convivencia personal, sino también por una extensa revisión, recién publicada en la revista The Lancet , bajo el título “Advanced neuroimaging of migraine” (Técnicas avanzadas en la obtención de imágenes cerebrales de la migraña).

¿Cómo se desencadena la crisis de migraña? ¿Dónde asientan, y en que qué consisten, las modificaciones transitorias, estructurales y funcionales, del sistema nervioso central que condicionan, no sólo las episódicas crisis dolorosas, sino el aura que a veces la precede, con sus trastornos visuales y sensitivos, y con todo el cortejo sintomático de matiz neurovegetativo? ¿Dejan huellas en el cerebro las repetidas crisis de migraña?

La revisión publicada en la revista The Lancet del mes de Junio, por miembros de los departamentos de Neurología de la Washington University, en St Louis, Missouri, y de la Mayo Clinic, en Phoenix, Arizona, resume los últimos avances alcanzados en la comprensión de las alteraciones de la fisiología cerebral que conducen a las repetidas crisis demigraña, gracias a la utilización de las técnicas más avanzadas para el diagnóstico anatómico y funcional mediante imágenes. En realidad, mediante dichas técnicas, lo que se ha conseguido es aplicar la mirada tecnológica, como incisivo complemento de la mirada clínica, hasta lograr la conversión incruenta de unos “cerebros ocultos”, en plena crisis de migraña, en “cerebros transparentes”, y visualizar las íntimas secuencias de esta crisis. Lo que no resulta nada fácil de conseguir, dado el carácter imprevisible de las crisis de migraña y la complejidad de la tecnología diagnóstica utilizada.

La conclusión del artículo es que las nuevas técnicas que permiten observar al cerebro en pleno funcionamiento están permitiendo comprender cuáles son las alteraciones de la fisiología cerebral que condicionan las crisis demigraña. A partir de estos hallazgos, la migraña ya no puede ser considerada como un trastorno vascular, ni tan siquiera como un trastorno neurovascular, sino como una enfermedad cerebral, hasta ahora diagnosticada con poca precisión, e insuficientemente tratada.

En esta nueva concepción de la migraña juega un papel clave la identificación en el ser humano, al inicio de la migraña con aura, de una fase de depresión cortical que avanzalentamente (Cortical Spreading Depression o CSD), sobre todo por el lóbulo occipital, y que posiblemente también ocurriría en la migraña sin aura; ésta depresión cortical se interpreta actualmente como la alteración que ocurre al inicio de ambos subtipos de migraña, responsable del aura y del desencadenamiento de la crisis. El concomitante descenso del umbral neuronal para los estímulos dolorosos, fenómeno conocido como sensibilización central, contribuiría a acentuar el dolor.

La nueva concepción de la migraña como enfermedad crónica que puede dejar huellas cerebrales se apoya en el hallazgo, en algunos pacientes con migraña de larga evolución, de alteraciones en la estructura y la función cerebral, lo que hace suponer que las crisis repetidas pueden tener un efecto acumulativo sobre el cerebro.

En resumen, la concepción de la migraña ha evolucionado desde un trastorno neurovascular que provoca crisis repetidas de cefalea intensa, acompañadas de manifestaciones peculiares, como el aura, a ser considerada como una enfermedad cerebral, potencialmente crónica, que puede alterar, a la larga, todos los aspectos de la vida personal. Porque, aunque los efectos finales de las crisis de migraña no sean catastróficos, pueden ser lo suficientemente penosos como para deteriorar la calidad de vida de la persona que las sufre en sus años más productivos. Todo sucede, metafóricamente, como si en la migraña ocurrieran, de vez en cuando, variaciones, poco afortunadas, en esa extraña y complejísima danza que es la actividad cerebral normal, en la que intervienen múltiples factores, conocidos y por conocer: actividad bioeléctrica neuronal, activación del nervio trigémino y de sus terminaciones nerviosas en las paredes de los vasos, dilatación y contracción de éstos, liberación de neurotransmisores, y activación de receptores neuronales.

Limitado es el cerebro, en el espacio y en el tiempo, pero inmensas son sus potenciales funciones y, también, sus posibles disfunciones, como la migraña. Como nos dice Emily Dickinson, que tan bien conocía, de primera mano, a lamigraña, a la que calificó de “funeral en mi cerebro”:

El cerebro- es más amplio que el cielo-
Colócalos juntos-
Contendrá el uno al otro
Holgadamente-y tú- también-
El cerebro es más hondo que el mar-
Retenlos- azul contra azul-
Absorberá el uno al otro-
Como la esponja- al balde-
El cerebro es el mismo peso de Dios-
Pésalos libra por libra-
Se diferenciarán – si se pueden diferenciar-
como la sílaba del sonido-

(Emily Dickinson, Poemas, Selección y traducción de Silvina Ocampo, Prólogo de Jorge Luis Borges, Tusquets Editores, 1988).