Arquero

Alcanzar un propósito exige un esfuerzo similar al de tensar un arco. Imagen: Thinkstock.

Seamos con nuestras vidas como
arqueros que apuntan a un blanco.

Aristóteles,

Ética a Nicómaco, Lib. I, Cap. I.

Tres palabras, de uso frecuente en la cultura de la salud, son claves en el título de esta semana: envejecer, el verbo que define el proceso de deterioro biológico que se desarrolla en la vejez, el bienestar, nombre que define, de manera muy explícita por sus dos componentes, la sensación de salud, en su triple dimensión, física, mental y social, y la longevidad, como cualidad de longevo, es decir, persona de larga vida.

Y, entre las tres palabras claves, como nexo de unión entre la primera y las dos últimas, la palabra propósito (del latín,proposĭtum, y ésta derivada del verbo propono, con el significado de “poner por delante” o “establecer de antemano”), definida por el DRAE, en primera acepción, como “ánimo o intención de hacer o de no hacer algo” y, en segunda, como “objeto, mira, cosa que se pretende conseguir”. Todo propósitopuede ser, en principio, positivo o negativo para quien lo alienta, y para quien pueda ser el objetivo de su acción.

La reflexión de esta semana gira alrededor del propósito, como blanco elegido para ser alcanzado, decisión que, según la metáfora aristotélica, exige un esfuerzo parecido al del arquero que tensa el duro arco de madera de tejo; en suma, delpropósito como un proyecto vital positivo, que se realiza con entusiasmo y dedicación.

Una reflexión estimulada por la lectura de un artículo de la revista Psychosomatic Medicine del mes de Junio del 2009, cuyo objetivo ha sido evaluar, en personas ancianas, la asociación entre vivir la vida con propósito (“life purpose”) y la mortalidad en estas personas. Los autores, del Departamento de Ciencias de la conducta del Rush University Medical Center, en Chicago, concluyen que el propósito de vivir una vida positiva (evaluado mediante una escala numérica) favorece la longevidad, y contribuye a vivir una ancianidad con mayor bienestar calidad de vidasi un anciano encuentra un propósito positivo para vivir, si considera que su vida tiene sentido y que está orientada hacia un objetivo, probablemente vivirá más y mejor.

La idea de vivir la vida con propósito (“purpose in life”) tiene sus raíces más cercanas en los textos del neurólogo y psiquiatra Victor Frankl, quien, durante sus durísimas experiencias en campos de concentración nazis observó que, incluso en las situaciones más adversas, es posible dar a la vida un sentido y un propósito que ayuden a mantener un cierto bienestar psicobiológico.

Sin embargo, no cabe duda que la concepción de la vida comopropósito, como esforzada actitud para alcanzar un blanco, como dirección hacia un objetivo, está ya expresada, de forma admirable, en el bello texto de Aristóteles, en el libro I, Capítulo I de su Ética Nicomáquea, el mismo texto escogido por José Ortega y Gasset para iniciar sus ensayos recogidos bajo el títuloEl Espectador-II. También es obvio que la necesidad de diseñar y acometer propósitos para vivir, con la mayor plenitud posible, una vida personal, es válida no sólo para la vejez, sino también para las otras edades de la vida.

Carol D. Ryff, del Instituto sobre el envejecimiento (“Institute on Aging”), de la Universidad de Wisconsin-Madison, distingue dos tipos de bienestar (2004): Un bienestar relacionado con laeudaimonía (“eudaimonic well-being”), palabra griega traducida como felicidad, y que, en realidad, se refiere etimológicamente al bienestar logrado mediante el máximo desarrollo de las potenciales capacidades personales con las que los seres humanos vienen al mundo, representadas en su daimón, “un duende que otorgaba caprichosamente sus dones a los mortales” (Emilio Lledó, en la IntroducciónAristóteles. Ética Nicomáquea.Ética Eudemia, Ed. Gredos, 1985). Un bienestar relacionado, por lo tanto, con la plena realización de las capacidades personales. Y, por otra parte, un bienestar hedonista, relacionado con la hedoné, palabra griega traducida como placer, mediante la satisfacción de las pasiones humanas (“hedonic well-being”).

¿Qué tipo de bienestar podría conseguirse en la edad de la vejez, cuando se “nos aparta de los negocios” (Cicerón), y se corre el riesgo de “quedar atrapado en el territorio de la pasividad”, con un “progresivo acortamiento de la amplitud de la mirada”? Parece lógico que, dadas las circunstancias, deba predominar el bienestar basado en la plena realización personal, siempre que haya sido posible diseñar, a su tiempo, unpropósito gratificante para estas edades de la vida. Porque la búsqueda de un propósito atractivo para vivir, al menos con un discreto bienestar, los últimos años de la vida, no puede hacerse a última hora, cuando se acerca el momento de “apartarse de los negocios”, de la noche a la mañana. Necesita bastante tiempo y meditación. ¿Qué haré cuanto “no tenga nada que hacer?: ¿continuar con el cultivo de las capacidades personales desarrolladas a lo largo de la vida, compatibles con la vejez, potenciar capacidades hasta entonces silenciadas, o ambas cosas? En todo caso, mantener la capacidad creativa y sentirse útil para los demás, constituyen el mejor camino para “estar bien” en la vejez.

El azar ha querido que, a punto de cerrar la escritura de estas reflexiones, me cruzara en la calle con una pareja que fueron agradables vecinos en mi antiguo domicilio: ella una anciana de caminar seguro, de aspecto impecable, con palabra lúcida y alegre expresión, mientras que su pareja -después supe que era su yerno- me dice, señalándola: dentro de unos días celebraremos que mi suegra cumplirá cien años. En ese momento no creí que fuera necesario preguntarle si estaba viviendo con propósito el largo tramo final de su cumplida y afortunada vida.