Ibuprofeno en el deporte.

El ibuprofeno nació de la búsqueda de un fármaco bien tolerado para el tratamiento de la artritis reumatoide. Imagen: noscuidamos.com.

“La fortísima presión comercial,
política, social y mediática
obliga a una expansión
sin fronteras de las performances,
y apuesta objetivamente
por un progresivo diseño
“artificial” de los cuerpos al límite.”

Cristóbal Pera.
Pensar desde el cuerpo.
Ensayo sobre la
corporeidad
humana.

Ed. Triacastela,
2006
Un artículo publicado en The New York Times del 1 de Septiembre. titulado Does Ibuprofen Help or Hurt During Exercise? (“¿Ayuda o daña el ibuprofeno durante el ejercicio?”) parece buena ocasión para reflexionar sobre la interesante historia del ibuprofeno, una simple molécula (perteneciente al grupo de los fármacos anti-inflamatorios no esteroideos conocidos con las siglas NSAID), convertida en uno de los medicamentos más eficaces y más ampliamente usados (incluido en la “lista de medicamentos esenciales para la asistencia primaria” de la OMS) en el tratamiento de tres síntomas clásicos de los padecimientos humanos: dolor, fiebre e inflamación.

Lo que comenta el citado artículo es que el ibuprofeno se ha convertido también, desde hace unos años, en una especie de molécula mágica para los “cuerpos agonales”, entendidos como cuerpos atléticos que luchan por ir más allá del límite de sus posibilidades físicas y mentales; una molécula que es ahora ingerida (como píldora, tableta o capsula), y casi como un rito, por muchos atletas, antes de iniciar el muy esforzado y extenuante ejercicio físico de una prueba maratoniana o de un partido de fútbol, con la pretensión de “sentirse mejor”, libre de dolores, durante el desarrollo de la prueba o del encuentro.

Esta molécula “milagrosa” fue, en su momento, el producto químico resultante (Ácido Iso-BUtil-PROpanoico.FENólico) de un programa de investigación de la industria farmacéutica británica, cuyo objetivo específico era desarrollar un fármaco que fuera bien tolerado para el tratamiento de la artritis reumatoide. En el año 1969 el ibuprofeno fue introducido en el Reino Unido como medicamento anti-inflamatorio, disponible solamente mediante receta médica, para el tratamiento de la artritis reumatoide, y en el año 1974 en los Estados Unidos. Fue en el año 1983 cuando el ibuprofeno se pudo obtener sin prescripción médica como analgésico, y en los Estados Unidos en el año 1984.

Han sido las investigaciones de David Nieman, un experto en fisiología del ejercicio y del deporte de la Apalachian State University, acerca del estrés sufrido por los participantes de un supermaratón de 160 kilómetros (The Western States Endurance Run), realizadas al inicio de los años 2000, las que permitieron colateralmente descubrir que muchos de estos atletas consumían ibuprofeno, el día antes de la carrera (600 mg) y durante ésta (1200 mg), con la intención, según ellos, de prevenir dolores musculares durante el largo recorrido, para lograr una mejor performance. En realidad, lo que sucedía era que el consumo de ibuprofeno aumentaba el estrés oxidativo en los atletas, consecuencia fisiológica nada recomendable, por lo que David Nieman aconsejaba utilizarlo con precaución, en estas circunstancias.

Un artículo publicado online en The British Journal of Sports Medicine de este mes de Agosto, pone de manifiesto que casi el 60% de los participantes en el Triathlon Ironman 2008 de Brasil, reconocieron consumir ibuprofeno, o un fármaco similar, inmediatamente antes de la prueba y durante su desarrollo. Resultados comparables sobre el consumo profiláctico de ibuprofeno, sin prescripción médica, se han obtenido en encuestas entre maratonianos de Nueva Zelanda y en jugadores profesionales del fútbol italiano. En la práctica, para muchos de estos profesionales el consumo profiláctico de ibuprofeno a dosis elevadas, sin tener conocimiento de sus potenciales efectos adversos (gastrointestinales y renales, sobre todo) se habría convertido en un ritual.

Frente a las razones aducidas por los atletas que han adoptado el rito de consumir ibuprofeno antes y durante la prueba –tales como prevenir el dolor del esfuerzo durante la carrera y el dolor en las horas y días posteriores-, un experto en fisiología deportiva, como Stuart J. Warden, de la Universidad de Indiana (en un editorial publicado en la revista British Journal of Sports Medicine del mes de agosto), sostiene que la ingestión profiláctica no reduce el dolor, con el inconveniente de que el consumo abusivo puede retrasar la curación de lesiones en músculos, ligamentos y tendones, si se hubieran producido, así como provocar efectos adversos, a nivel gastrointestinal y renal.

La conclusión práctica, para Warden, es que no hay razones científicas para recomendar el uso profiláctico del ibuprofeno en las carreras o esfuerzos deportivos de larga duración. Ahora bien, frente al dolor y a la inflamación provocados por un traumatismo, el ibuprofeno es muy efectivo.

Es evidente que cuando en el proceso de reconversión de un cuerpo humano en un cuerpo capaz de ir hasta el límite de sus posibilidades, sobre todo en pruebas deportivas muy esforzadas por su larga duración, pretende superar los resultados logrados con el entrenamiento de los sistemas orgánicos implicados (cardiovascular, respiratorio y, sobre todo, músculo-esquelético) y se recurre a la asistencia química que potencia el rendimiento, se opta por la peligrosa artificialidad de los métodos de dopaje. Sin embargo, la franja que separa el diseño “natural” de un cuerpo al límite, del diseño “químico”, es cada vez más estrecha y confusa (Pera, C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Cap. Cuerpos al límite, Ed. Triacastela, 2006). En esta franja confusa cabría incluir el abuso del ibuprofeno por atletas muy exigidos físicamente durante largos periodos de tiempo, como profilaxis del dolor muscular y articular provocado por el largo esfuerzo.

En esta historia acerca del papel del ibuprofeno en el ritual de muchos atletas que precede a la salida de la prueba, el mito de la píldora se transforma en el mito de la molécula –en este caso el ibuprofeno- presentada como “una concentrada, potente y autosuficiente fuerza transformadora del cuerpo y de la persona en éste incorporada” (Blog “La píldora como metáfora”).

El inconveniente uso profiláctico del ibuprofeno sería el resultado de una visión extremadamente simplista de la complejidad psicobiológica del ser humano, por lo demás muy extendida, desde la que se supone que, a partir de una acción biológica muy concreta de la molécula de ibuprofeno (como es el bloqueo de una enzima, la ciclooxigenasa, con lo que impide la generación, a partir del ácido araquidónico, de las prostaglandinas, sustancias mediadoras del dolor, la inflamación y la fiebre, entre otras acciones no menos importantes a nivel gastrointestinal y renal) se conseguiría algo tan extraordinariamente complejo como una óptima sensación de bienestar que permitiera, a un cuerpo sometido a un largo y extenuante esfuerzo, lograr el mejor resultado posible.