cerebro

El cerebro es el centro de control de una corporeidad genéticamente condicionada. Imagen: Thinkstock.

“No conocemos
nuestro cerebro
más que de oídas”

Paul Valéry
(1871-1945),
Cahiers

En el moderno desarrollo de las ciencias neurológicas, que está permitiendo profundizar, poco a poco, en el complejísimo e integrado funcionamiento del cerebro humano, las técnicas que permiten obtener precisas imágenes de su microestructura, en pleno funcionamiento –como la PET (Positron Emision Tomography)- combinadas con técnicas de medicina nuclear que “marcan” a sus componentes moleculares, para hacerlos visibles, se han convertido en una herramienta fundamental para este progreso. En la pasada semana hemos conocido un brillante ejemplo, que atañe al circuito cerebral de la motivación y la recompensa, tan alterado y pervertido en la sociedad de nuestro tiempo.

El síndrome denominado Déficit de Atención e Hiperactividad (ADHD son sus siglas, en inglés) es una compleja alteración de la conducta en niños, también hoy reconocida en adultos, caracterizada por la variable asociación de tres síntomas básicos: falta de atención, hiperactividad e impulsividad, con repercusiones negativas en la cognición, la conducta y las relaciones interpersonales.

En los últimos años, se ha hecho evidente que, a estos tres hechos básicos, debe añadirse un déficit en el circuito cerebral que regula la secuencia motivación/recompensa, en el cual la dopamina (un ubicuo neurotransmisor cerebral) juega un papel fundamental, en este caso como inductora de sensaciones placenteras. Un circuito, a cuyo través, y mediante el repetido “refuerzo” de la motivación por la esperada recompensa, los normales placeres de la vida se constituyen en hábitos. Un circuito a cuyo través también, los hábitos compulsivos pueden convertirse en adicciones. En estas circunstancias, los incentivos naturales son sustituidos por incentivos artificiales, como el alcohol en exceso y las drogas, que buscan obtener el placer, actuando directa y rápidamente, sobre el circuito.

En el Journal of the American Medical Association del 9 de septiembre, y en una comunicación preliminar titulada Evaluating Dopamine Reward Pathway in ADHD (“Evaluación de la vía de recompensa de la dopamina en pacientes con déficit de atención e hiperactividad”), son protagonistas una molécula -la dopamina–, que se comporta en el cerebro como un neurotransmisor indispensable, entre otras importantes funciones, para el buen funcionamiento del circuito cerebral de la motivación y la recompensa, asentado anatómicamente en la complejidad del denominado sistema límbico, y unas proteínas, expresadas por sus correspondientes genes, que funcionan, respectivamente, como transportadores y receptores de la dopamina.

El objetivo de la investigación ha sido esclarecer cuál es el trastorno bioquímico que provoca un déficit de la concentración, in situ, de la dopamina, como regulador del estado de ánimo, en las personas afectas del síndrome ADHD y, en consecuencia, que no les permita sentir la suficiente motivación, “reforzada” positivamente por la esperada recompensa, en sus acciones cotidianas.

Nora D. Volkow y su equipo, del National Institute on Drug Abuse, en Bethesda (EE.UU.), utilizando la tecnología PET, han demostrado que, en pacientes con síndrome ADHD asociado a un déficit de motivación, existe un tráfico disminuido de la dopamina por el circuito cerebral sobre el que se sustenta la motivación basada en la recompensa. Para ello, “marcaron” con radioisótopos apropiados (para hacerlas visibles con la PET) a las proteínas transportadora y receptora de la dopamina . El resultado fue que en los pacientes con el síndrome ADHD asociado a un déficit de motivación se detectaron los niveles más bajos de las dos proteínas, la receptora y la transportadora, lo que justificaría la escasa presencia en el circuito de la dopamina y, en consecuencia, el déficit de motivación.

Ante la perplejidad y estupor que producen conductas colectivas, adolescentes y juveniles, cuya motivación se nos escapa, en las que se combinan el puntual abuso masivo del alcohol con el ruido y la furia de la violencia destructiva como colofón del lamentable espectáculo, la siguiente reflexión puede ser muy oportuna: La progresiva profundización en los fundamentos biológicos de la motivación humana no debe hacernos olvidar que, además de disponer de su específico circuito cerebral, con la dopamina como protagonista, otros dos componentes son fundamentales para que entre los seres humanos predominen los actos motivados, beneficiosos para la propia persona y para la sociedad en la que vive: la educación y la capacidad cognitiva desarrollada como pensamiento crítico; de un acentuado déficit de los dos componentes adolece la sociedad en nuestro tiempo.

Al fin y al cabo, la conducta humana es determinada por la interacción de los procesos biológicos desarrollados en una corporeidad genéticamente condicionada, en la que el cerebro es el centro de control, de lo aprendido y del procesamiento cognitivo de la experiencia acumulada.