Dos hombres dándose la mano

La temperatura ambiente parece estar como trasfondo de expresiones como 'tuvo una acogida calurosa' o 'me ha dejado frío'. Imagen: Thinkstock.

Warm is affection
George Lakoff

Un cabal estado de salud exige disfrutar, no sólo de un bienestar físico y mental, si no, también, de un bienestar social, que ha de conseguirse en el ámbito de esa difícil y continua representación personal, ante las miradas de otros cuerpos, que exigen las complejísimas relaciones humanas.

El cuerpo humano, como espacio físico, conformado como persona por la consciencia en él “incorporada”, ha de convivir con los cuerpos de sus semejantes, en los escasos espacios disponibles de sociedades cada día más heterogéneas y conflictivas, sometidos a complejos códigos de comportamiento, que son construcciones culturales elaboradas en sociedades concretas, como apuestas por una difícil convivencia.

En el fondo, las relaciones entre personas, cada una con su propia identidad, con su yo personal, son interacciones entre cuerpos y, en consecuencia, son relaciones físicas: dos cuerpos desconocidos hasta ese momento, muy próximos, frente a frente o lado a lado, mirada con mirada, como sucede en un primer contacto social, inesperado o preparado.

El resultado final del primer contacto social, en el que se intercambian miradas, gestos y palabras, suele expresarse a través de metáforas que evocan la sensación de calor o de frío: “fue un encuentro cálido“, o bien, “la acogida fue fría“. En estos conceptos abstractos, expresados mediante metáforas, el calor es interpretado como afecto y el frío como desafecto, en tanto que se quiere expresar indiferencia cuando se dice que el encuentro no le produjo “ni frío ni calor”. En todas estas expresiones se cumple la definición según la cual “la esencia de la metáfora consiste en experimentar y comprender una cosa en términos de otra” (G. Lakoff, 2005), y se pasa del plano psicológico (desafecto) al plano físico (frío), aunque siempre dentro de la corporeidad.

Otras metáforas, que atañen al cuerpo como espacio físico, que ocupa un lugar, son utilizadas para expresar la proximidad o la lejanía personal suscitada tras la experiencia de un contacto social, como, por ejemplo, el cuerpo como peso, con el uso coloquial del verbo caer: “caer bien” (obtener buena acogida), “caer mal” (obtener mala acogida) o “caer gordo” (ser antipático o desagradable), o como un peso que “no lo soporto”.

¿De dónde se derivan estas expresiones? ¿Cuál es el origen de estos conceptos abstractos acerca de la calidad social de un encuentro interpersonal, que aparecen ligados a un hecho físico concreto, mensurable y modificable, como es la temperatura? ¿Influye realmente la temperatura ambiente en el resultado psicológico de un contacto social entre dos personas?

Para contestar a la última cuestión planteada, Hans IJzerman y Gün Semin, en una investigación llevada a cabo en la Universidad de Utrecht y publicada el pasado mes de Septiembre en la revista Psychological Science, bajo el título “The Thermometer of Social Relations”, modifican la temperatura ambiente de un espacio en el que reúnen un grupo de personas hasta entonces desconocidas, para comprobar si, cuando un contacto social es calificado como cálido o frío, hay algo más que una metáfora, es decir, si la temperatura bajo la cual se produce el encuentro, que es un dato físico, influye en su resultado, un dato psicológico. La conclusión fue que la “proximidad social” entre dos personas, la calidez de la relación interpersonal establecida, fue claramente más elevada en aquellos participantes que mantenían en sus manos, mientras conversaban, una taza con café caliente, cuando se comparaba con la de aquellos que sostenían una taza de contenido frío.

Los resultados del estudio de Utrecht confirman los obtenidos en una investigación de la Universidad de Colorado, en Boulder, publicad a en la revista Science en octubre del 2008 bajo el título Experiencing Physical Warmth Promotes Interpersonal Warmth (Experimentar calor físico promueve el calor interpersonal”), en la cual sus autores, L.E. Williams y J. A. Bargh, con un método similar (mantener una taza con café caliente o frío entre las manos mientras se juzga a una persona, como cálida o fría), llegan a la conclusión de que “la temperatura física afecta a las impresiones obtenidas sobre una persona , sin que se tenga consciencia de esta influencia”.

En suma, en el trasfondo de expresiones tales como ”tuvo una acogida calurosa”, “tuvo una acogida fría”, “me ha dejado frío”, como conceptos abstractos que califican un encuentro interpersonal, está la temperatura ambiente, como hecho físico.

Como comentan los investigadores de Utrecht, este hallazgo apoya la tesis del realismo incorporado (“emboided realism”) del filósofo norteamericano George Lakoff (1999) según la cual los conceptos abstractos, expresados como metáforas, se fundamentan en experiencias concretas, como la temperatura o la distancia, unas metáforas que no son simplemente conceptos aislados, sino constelaciones de conceptos, establecido a través de la interacción con el ambiente físico y el ambiente social.

Como se deduce fácilmente de lo comentado, las demostradas influencias de las condiciones físicas del ámbito en el que se produce un encuentro interpersonal deben ser tenidas muy en cuenta en un encuentro tan específico y tan importante, desde el punto de vista humano, como es el que ocurre cada día entre el paciente y su médico.

Un encuentro en el que no bastan unas condiciones físicas que propicien una proximidad social, más o menos trivial y pasajera, sino una proximidad basada en el acortamiento real y psicológico de la distancia entre ambos, paciente y médico, en un escenario que permita que ambos protagonistas se miren y se escuchen sin apresuramiento, con el propósito primordial de generar, desde el inicio de esta peculiar relación social, el imprescindible pacto de confianza mutua que permita llevar a buen término las esperanzas del paciente y los deseos de cumplirlas del médico.