“La cultura de la salud
es cultura del cuerpo”

Cristóbal Pera.
El cuerpo silencioso.
Ensayos mínimos
sobre la salud.
Triacastela, Madrid, 2009.

La beneficiosa influencia de la cultura de la salud, es decir, del cuidado del propio cuerpo (vulnerable, deteriorable y caduco) en la promoción del bienestar (físico, mental y social) y en la prevención de la enfermedad, ha sido puesta de manifiesto, una vez más, en dos artículos publicados, por autores canadienses y mexicanos, en el Journal of American Medical Association del pasado día 4 de Noviembre, acerca de los factores de riesgos asociados que han condicionado que, en la pandemia de gripe A (H1N1), las formas clínicas más graves, en incluso letales, se hayan observado en adultos jóvenes.

La experiencia canadiense, recogida entre Marzo y Julio del 2009, analiza 168 pacientes con gripe A de evolución grave o muy grave, con el interesante hallazgo de que esta evolución crítica de la enfermedad ha predominado en adultos jóvenes (edad media de 32 años) que ya padecían enfermedades crónicas. Estas enfermedades previas a la infección viral han sido obesidad, hipertensión arterial y enfermedad pulmonar crónica, con frecuencia asociada al hábito de fumar. En los pacientes muy graves a su ingreso en el hospital, la insuficiencia respiratoria aguda, por lesión extensa pulmonar, hizo necesaria la utilización de una respiración mecánica prolongada, con una mortalidad global, a los 90 días, del 17%.

La experiencia mexicana , recogida entre el 24 de Marzo y el 1 de Junio, ha sido similar, ya que los casos más graves de gripe A (58 de un total de 899) se observaron también en adultos jóvenes (una media de 44 años de edad) que padecían previamente similares enfermedades crónicas, entre las que predominaba la obesidad. En estos pacientes graves, en los que fue necesaria una respiración mecánica prolongada, debido a la insuficiencia respiratoria con hipoxia, la mortalidad, a los 60 días, fue del 40%.

Ambas experiencias demuestran que, en los adultos jóvenes, la combinación de la infección del virus de la gripe A con el padecimiento de determinadas enfermedades crónicas, como la obesidad , la hipertensión y la enfermedad respiratoria obstructiva crónica (EPOC) relacionada con el hábito de fumar, incrementan considerablemente el riesgo de que la evolución de la gripe A derive hacia las formas clínicas más graves y con mayor mortalidad, en mayor grado, incluso, que en los pacientes de 65 y más años.

Pero el meollo de la cuestión planteada por los dos artículos publicados en el JAMA estriba en el hecho de que las enfermedades crónicas responsables del riesgo de que, en los adultos jóvenes, la gripe A evolucione hacia formas clínicas muy graves, son enfermedades crónicas que hubieran sido evitables con un estilo de vida saludable, dentro de lo que hoy se entiende como cultura de la salud.

Porque es bien conocido que la vulnerabilidad del cuerpo humano frente a las agresiones se acrecienta cuando no se siguen hábitos de vida saludables. En una investigación realizada entre el Departamento de Epidemiología del Instituto alemán de Nutrición humana, en Postdam, y el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), en Atlanta, se demostró que la vulnerabilidad del cuerpo ante determinadas enfermedades crónicas se incrementa cuando no se siguen cuatro hábitos de vida saludable, que son:
1- No fumar;
2- Mantener un Índice de la masa corporal por debajo de 30;
3- Realizar, como mínimo, una actividad física regular durante 3,5 horas a la semana, y
4- seguir una dieta de tipo mediterráneo

Un artículo publicado recientemente en el British Medical Journal muestra, por ejemplo, cómo la combinación de cuatro malos hábitos (tabaco, inactividad física, consumo inmoderado de alcohol y dieta insuficiente en verduras y frutas) duplica el riesgo de sufrir un accidente vascular cerebral (ictus). (Vida saludable para evitar enfermedades crónicas).

Conviene insistir, una vez más, en que la distinción de la cultura de la salud respecto a la cultura de la enfermedad, radica en la preocupación de la primera por los “otros problemas” que afectan negativamente a la buena salud y que no son precisamente la enfermedad, pero que sí pueden condicionarla, entre ellos, y de modo muy especial, el estilo de vida. Los hábitos de vida insaludables de los jóvenes adultos con formas clínicas muy graves de gripe A, en las recién publicadas experiencias canadiense y mexicana, son una prueba fehaciente de la importancia social de la cultura de salud.

En el fondo, con la cultura de la salud se trata de evitar, mediante un estilo de vida saludable, no sólo que nuestro cuerpo sea lo menos vulnerable posible, ante todos los agentes agresores del entorno, entre ellos ahora el virus H1N1, sino que al ineludible deterioro biológico se añadan los deterioros de enfermedades crónicas provocados por hábitos nada saludables, que acorten la calidad y la esperanza de vida.