Bebé arropado por un adulto

La palabra 'cuidado' transmite impresión de cercanía, incluso táctil, al cuerpo humano. Imagen: Thinkstock.

La cultura de la salud
es la cultura del cuerpo,
lo que quiere decir,
de un modo llano,
que es la cultura de su cuidado
.

Cuando se está en la tarea de hacer ver que la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad, es el camino a seguir, individual y colectivamente, para vivir una vida saludable, surgen enseguida la palabra cultura y, a su lado, la palabra cuidado. La razón es que la denominada cultura de la salud lo que proclama es la necesidad del cuidado de ese cuerpo, deteriorable, vulnerable y caducable, en el que asienta cada vida humana. Cultura y cuidado van de la mano siempre que se habla de ese anhelado e inestable bienestar, físico, mental y social, que conforma el estado de salud.

¿Existen, acaso, algunas consonancias, etimológicas y/o semánticas, entre las dos palabras, cuidado y cultura?

De entrada, la primera palabra, cuidado, transmite impresión de cercanía, incluso táctil, al cuerpo humano, hasta el punto de evocar la acción afectuosa de las manos de un cuerpo sobre otro cuerpo, para hacerle sentirse mejor, aunque también sugiere preocupación por lo que pueda sucederle de malo a su propio cuerpo cuando se le advierte de un probable riesgo para su salud: ¡tendré cuidado!.

Por el contrario, la segunda palabra, cultura, transmite, en primera instancia, un cierto distanciamiento, al evocar a la abstracta Cultura, con mayúsculas. Pero, enseguida, la lejanía inicial se trasforma en cercanía si se recuerda que cuando se habla de cultura de la salud nos referimos al “conjunto de ideas, modos de vida, hábitos y comportamientos del ser humano en relación con la salud de su propio cuerpo, a la vez que como una serie de recomendaciones acerca del estilo de vida que mejor contribuya a mantener la salud y el bienestar de ese cuerpo“. Es decir, sobre el modo más saludable de vivir la vida de cada día.

Pero, si damos paso a una breve digresión sobre la etimología de las dos palabras, nos llevaremos alguna sorpresa.

Joan Corominas, en su “Breve Diccionario etimológico de la Lengua Castellana” (2ª edición, 1967, Ed. Gredos) nos enseña que el verbo cuidar tenía el significado de pensar en el castellano medieval, como directo derivado del verbo latino cogitare (pensar), para ir significando después, sucesivamente, “prestar atención”,”asistir a alguno” o “poner solicitud (en alguno)”.

María Moliner, en su Diccionario de Uso del Español (Ed. Gredos,1981) deriva también cuidar del verbo latino cogitare (pensar profundamente sobre algo) y hace referencia a coidar, como una variante intermedia, arcaica, entre cogitare y cuidar. En esta línea, cuidar sería también algo así como “pensar o discurrir para algo”.

En definitiva, el verbo cuidar, y sus formas gramaticales derivadas como cuidado, tienen más enjundia que una simple acción manual o instrumental, al estar enraizadas etimológicamente en el propio pensar. El verdadero cuidado del cuerpo exige, pues, “prestar atención” al cuerpo, pensándolo, desde el propio cuerpo, en el que se vive.

Por otro lado, cultura es palabra latina derivada del verbo colo, is, cultum, colere, con los significados de cultivar, cuidar, practicar y honrar (a los dioses). En latín, el sustantivo cultus no solo tenía el significado de “trabajar la tierra para que produjera frutos”, sino también de trabajar el cuerpo: cultus corporis era, en palabras de Cicerón, “el aseo y la compostura del cuerpo”, del mismo modo que cultus agrorum, era “el cultivo del campo” (Nuevo Diccionario Etimológico Latino Español de Raimundo de Miguel, Madrid, 1897).

Al fin y al cabo, como nos recuerda el filósofo Hans-Georg Gadamer en el prefacio de su libro El Enigma de la Salud, “el cuidado de nuestra propia salud es una manifestación original de la existencia humana” (The Enigma of Health, The Art of Healing in a Scientific Age, Stanford University Press,1996).