Dos botas con cordones.

Los telómeros actúan de forma similar a las protecciones de metal o plástico de los extremos de los cordones. Imagen: Thinkstock.

“La disminución de la longitud
de los telómeros
a lo largo de la vida humana
no prueba que el acortamiento
de éstos sea la causa
del envejecimiento.”

Calado. R.T. y Young N.S.
N Eng J Med , 10 Diciembre, 2009

La pasada semana, en dos de las revistas médicas de mayor prestigio, la cosa ha ido de telómerosenvejecimiento. Y la razón es que, para explicar las bases moleculares delenvejecimiento humano, tanto a nivel de las células individualmente consideradas, como del organismo en cuanto unidad, se han sugerido dos hipótesis. Según la primera, elenvejecimiento sería el resultado de la progresiva y lenta acumulación de deterioros que afectan a la estructura y función de las células y, a la larga, a los tejidos que conforman. La segunda hipótesis sugiere que elenvejecimiento es el resultado de un programa celular que estaría controlado por la longitud de los telómeros, los cuales funcionarían como un “reloj biológico”.

Los telómeros (del griego telos, “final”, y meros, “componente”, término acuñado por Hermann J. Müller, Premio Nobel de Fisiología o Medicina, 1946) son protecciones de los extremos de los cromosomas, semejantes a los cortos capuchones de metal o plástico que protegen los extremos de los cordones de los zapatos para que no se deshilachen, constituidos por unas breves y repetidas secuencias de ADN (TTAGGG). Los telómeros preservan la integridad de los genes más cercanos durante el repetitivo proceso mediante el cual, en cada mitosis celular, se produce la replicación del ADN. Precisamente en este año 2009 les ha sido concedido el Premio Nobel de Fisiología o Medicina a Elizabeth H. Blackburn, Jack W. Szostek y Carol W.Greider, por aclarar el mecanismo por el que la enzima telomerasamantiene la integridad de los telómeros. Porque cada vez que una célula se replica, las células hijas obtienen unostelómeros más cortos que los que poseía la célula progenitora; al llegar a un cierto número de replicaciones el progresivo menoscabo de los telómeros hace que la célula entre en fase de senescencia. A lo largo de las primeras edades de la vida, en los individuos sanos, los telómeros no se acortan gracias a la presencia de la telomerasa, que asegura la renovación de su menoscabada longitud. Dado que, en el organismo humano, el acortamiento definitivo de los telómeros no se observa hasta la ancianidad, aunque no por igual en todos los tejidos, se ha sostenido y se sostiene la tesis de la existencia de una relación causa/efecto entre dicho acortamiento y el inicio del proceso fisiológicoenvejecimiento humano.

Pero las cosas no son tan simples. En el primero de los artículos que hemos seleccionado para nuestro comentario semanal, una revisión publicada en la revista The New England Journal of Medicine del 10 de este mes de diciembre, bajo el llamativo título “Telemore Diseases” (Enfermedades del Telómero), después de una breve descripción de la estructura y función de los telómeros y del papel de latelomerasa, en su continua renovación, se incluyen lasenfermedades que hoy se consideran causadas por un trastorno funcional de estos “capuchones biológicos” de los cromosomasdisfunción hematopoyética (fallo de la médula ósea), disqueratosis congénitaanemia aplástica adquiridafibrosis pulmonar enfermedad hepática. Sin olvidar que el acortamiento de los telómeros, al provocar una inestabilidad genómica, se asocia también con un incremento del riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer.

Lo que sorprende en esta excelente revisión es que, bajo el título de Enfermedades del telómero, se incluya un apartado titulado telómeros y envejecimiento, ya que el proceso biológico de la senescencia no es una enfermedad, sino un consecuencia ineludible de la condición biológica del cuerpo en el que asienta y emerge la condición humana.

En este apartado los autores se preguntan: ¿Explica la biología de los telómeros el envejecimiento fisiológico de los seres humanos? y su respuesta es clara: “La disminución de la longitud de los telómeros a lo largo de la vida humana no permite establecer que el acortamiento de los telómeros sea la causa del envejecimiento.” La española María Blasco reconocía recientemente, en una espléndida revisión sobre esta relación (Nature chemical biology, Octubre, 2007), que “aún queda mucho camino por recorrer para comprender los mecanismos por los que los telómeros acortados provocan elenvejecimiento“.

El segundo de los dos artículos, publicado online en el British Medical Journal bajo el título “Perceived age as clinically useful biomarker of ageing” (La edad que se aparenta es un biomarcador clínicamente útil del envejecimiento), plantea como objetivo determinar si la edad que se aparenta, a partir de los 70 años, se correlaciona con los años que quedan por vivir, y con la longitud de los telómeros. La conclusión ha sido que la edad que se aparenta, y que es percibida como tal por un observador, predice de manera significativamente la supervivencia del individuo, y se correlaciona con la capacidad funcional, física y mental así como con la longitud de los telómeros. La edad que se aparenta en la vejez sería un marcador biológico que facilitaría más información sobre los años por vivir de una persona en plena senescencia, que una muestra de su ADN.

Sea cual sea el papel de los telómeros en el mecanismo molecular que conduce al proceso del envejecimiento, lo que es cierto es que para mejorar el vivir con el ineludible deterioro biológico, acumulado por los años vividos, hay que evitar, desde las edades previas, que a este deterioro se le sume el deterioro provocado por aquellos estilos de vida, nada recomendables, que inducen el desarrollo de enfermedades crónicas que terminen por amargar la vejez, y que impidan vivirla, asumida la natural decadencia, con serenidad y de manera activa, creativa y saludable.

¡Qué pasen estas fiestas entrañables con la mayor felicidad posible!