Pasajero de avión con sobrepeso.

La obesidad entra en conflicto con los modernos espacios sociales. Imagen: Thinkstock.

“El cuerpo humano se configura como un espacio físico cuya limitante superficie externa se despliega en el ámbito del mundo.”

Pera, C. Pensar desde el cuerpo,
Editorial Triacastela, 2006

En dos noticias de esta semana, los protagonistas son los cuerpos obesos:

En la primera, un estudio publicado en el Journal of American Medical Association (JAMA), del 20 de enero, realizado por el National Center for Health Statistics. Center for Disease Control and Prevention, en Maryland, EE.UU., nos informa de que en los Estados Unidos la prevalencia de la obesidad sigue aumentando, mientras que en la segunda, numerosas notas de prensa online nos advierten de que algunas compañías aéreas pretenden exigir la compra de dos asientos a aquellos pasajeros obesos que no puedan abrocharse el cinturón ni subir los apoyos para los brazos.

En el estudio publicado en el JAMA se comprueba que, entre los años 2007 y 2008, la prevalencia global de la obesidad, incluidos ambos sexos, fue del 33.8%, (32,2% en los hombres y 35,5% en las mujeres). Si se suma la obesidad, definida como un Índice de la Masa Corporal (IMC) de 30,0 o superior, y el sobrepeso, definido como un IMC de 25.0 a 29.9, la prevalencia de ambos grados de exceso del peso alcanza, nada menos, que el 68%.

Esta prevalencia de la obesidad en los Estados Unidos es superior a la observada en Canadá y, también, en su conjunto, en Europa, aunque con marcadas diferencias entre los países que la constituyen. En una reciente revisión sistemática (2008) sobre la prevalencia de la obesidad se concluye que la obesidad en Europa ha alcanzado niveles de epidemia, aunque su prevalencia varía del 4% al 28.3% en los hombres y del 6.2% al 36% en las mujeres. Los niveles de prevalencia de la obesidad más elevados (superiores al 25%) se encontraron en Italia y España, en ambos sexos, así como en Portugal, Polonia, la República Checa, Rumania y Albania.

En resumidas cuentas, la obesidad afecta en los países desarrollados a una población cada año más extensa, y esta progresión de la epidemia se consolida, desafortunadamente, como un factor de riesgo con un fuerte impacto en el desarrollo de las enfermedades crónicas más predominantes y con mayor influencia negativa en las patologías que se asocian con la vejez: diabetes tipo 2, hipertensión arterial, hipercolesterolemia, enfermedad cardiovascular, ictus cerebral y algunos tipos de cáncer. La reducción de la prevalencia de la obesidad debe ser, por lo tanto, uno de los objetivos prioritarios en un programa pedagógico sobre la cultura de la salud. (Pera, C. Por una cultura de la salud, diario El País, 13 de septiembre, 2008).

La segunda noticia se refiere a los problemas que para las compañías aéreas suponen los pacientes obesos que no pueden sentarse en un asiento estándar, y a la dudas que plantea su resolución: ¿Obligarles a adquirir un segundo asiento?, ¿negarles la subida a bordo, a juicio del capitán, por el riesgo que supone su presencia en el caso de que sea necesaria una evacuación de urgencia?

La compañía aérea Air France ha anunciado, el pasado día 20, que, a partir del día 1 de febrero devolverá a los pasajeros obesos, definidos como aquellos que no consiguen ubicarse en el asiento correspondiente, el coste del segundo asiento, adquirido con un 25% de descuento, si la cabina de clase económica vuela con asientos vacíos. Asimismo, y de acuerdo con otras líneas aéreas, Air France confirma que deja a la discreción del capitán permitir que un pasajero obeso vuele. La razón es asegurar que su voluminosa presencia no impida que, en caso de emergencia, los pasajeros sean evacuados en 90 segundos, como está previsto.

Por si faltaba poco en los efectos negativos de la obesidad para la salud, el cuerpo obeso, como espacio físico excesivo, que desborda ampliamente lo “normal” en la figura humana, ha entrado en conflicto con los modernos y muy escuetos espacios sociales y, concretamente, con las sillas, sillones y, en general, con todos los asientos diseñados según el volumen medio de un cuerpo humano, cuyo IMC se encuentra dentro de lo que se estima como normalidad.

Los cuerpos humanos, como espacio físico, ocupan, en su vivir de cada día, diferentes lugares en el mundo en el que conviven con otros cuerpos humanos, siempre que no les sea impedido o prohibido, como les sucede a muchos. Empezando por la casa, en la que vive, si la tiene, como espacio íntimo, y siguiendo con los espacios más o menos públicos, abiertos a la reunión e, incluso, a la aglomeración de muchos cuerpos, dentro de ciertos límites. Son estos los espacios urbanos (calles, plazas y jardines), los espacios laborales, las grandes superficies para el comercio (mercados, grandes almacenes), los espacios móviles de los medios de transporte (metro, autobuses, taxis), los espacios deportivos, los espacios para el ocio y los espacios para la congregación religiosa. La suma de todos estos espacios, con su mobiliario correspondiente, da como resultado el complejo espacio social o ciudadano. En ese mobiliario ocupan un lugar básico la silla y los diversos tipos de asientos, como artefactos para sentarse, sea para trabajar, comer, conversar, descansar, ver un espectáculo o viajar.

El cuerpo obeso (del latín obesus, derivado del verbo obedere, comer), con un IMC muy por encima de los valores normales, es el cuerpo que ha comido en exceso y que, además, ha ignorado, a lo largo de su vida, la necesaria actividad física, sustituida por el abuso, en el tiempo, de todo tipo de asiento (del verbo latino sedere) y, por la misma razón etimológica, es un cuerpo de vida sedentaria.