Salud día a día

Hay que aceptar como un reto personal la necesidad de cuidar de nuestro propio cuerpo. Imagen: Thinkstock.

Prospective health care would determine
the risk for individuals to develop specific diseases,
detect the disease’s earliest onset
and prevent or intervene early enough to provide maximum benefit.

Snyderman, R. , Sanders Williams, R. Academic Medicine, 2003: 78(11) ; 1079-1084

En un Comentario publicado en The Journal of the American Medical Association (JAMA) del 27 de enero, por Ralph Snyderman y Michaela A. Dinan, del Center for Research on Prospective Health Care de la Duke University, en Durham, Carolina del Norte, se establece una clara distinción entre la medicina que reacciona ante la enfermedad como hecho consumado (“medicina reactiva”), y la medicina que concentra sus esfuerzos en evitar que la enfermedad se desarrolle, en el futuro, en una persona concreta, haciendo todo lo posible por mantenerla en un buen estado de salud (“medicina prospectiva”). Es evidente que en la mayoría de los denominados sistemas de salud, sean públicos o privados, predomina un planteamiento reactivo, ya que entran en acción cuando la sospecha de enfermedad se hace presente.

La propuesta alternativa, de la que se ocupa el citado comentario, es el cuidado prospectivo de la salud (“prospective health care”), una estrategia que combina el cuidado personalizado de los ciudadanos aparentemente sanos, orientado a la promoción de su salud y a la prevención de la enfermedad, con un seguimiento continuado que permita intervenir, lo más pronto posible, cuando la enfermedad aparezca.

La reflexión de los autores norteamericanos, que se vienen ocupando, desde hace algunos años, del análisis conceptual de la práctica médica (Snyderman, Ralph; Sanders Williams, R. Prospective Medicine: The Next Health Care Transformation. Academic Medicine, 2003: 78 (11); 1079-1084), ha sido propiciada por el largo, abierto y políticamente difícil debate sobre el modelo de reforma sanitaria propuesto por el presidente Obama.

La lectura de sus argumentos nos hace ver que la medicina prospectiva, cuya pretensión es evitar o minimizar futuros acontecimientos nada favorables para la salud de una persona, es asimilable, en principio, a la cultura de la salud, (Pera, C. “Por una cultura de la salud”, El País, 13 septiembre de 2008), entendida ésta como un programa de educación personal y colectiva, cuyo objetivo fundamental es, precisamente, la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad. Por el contrario, la medicina reactiva, la que interviene básicamente cuando la enfermedad ya ha iniciado su desarrollo, se corresponde con lo que se ha venido en llamar críticamente la cultura de la enfermedad. Como subraya Snyderman, la insuficiencia de la medicina reactiva estriba en que es un modelo diseñado para tratar enfermedades, pero no para promocionar la salud, prevenir la enfermedad y tratar las enfermedades crónicas, que es lo que se pretende con la medicina prospectiva.

Pero el título del artículo que comentamos (“Improving Health by Taking It Personally”) ya nos advierte que para que el cambio de paradigma propuesto sea beneficioso, es necesario que la medicina prospectiva se aplique de manera personalizada (“personalized medicine”).

La medicina personalizada se ocupa de detectar todos los latentes factores de riesgo de enfermedad que distinguen a la salud de una persona, entre los que se incluyen historia familiar, datos clínicos, estilo de vida, así como los datos derivados de su genoma. En suma, una conjunción personal de riesgos genéticos y riesgos adquiridos, cuyo conocimiento proporciona una visión prospectiva de la salud a lo largo de las edades de la vida. Esta visión permitiría actuar a tiempo sobre un estilo de vida o un entorno insalubre, con el fin de minimizar riesgos futuros de enfermedades crónicas y, en todo caso, atenuar sus consecuencias.

¿Qué diferencias existen entre la medicina personalizada, como praxis de la medicina prospectiva, y la cultura de la salud? En mi opinión, la cultura de la salud (“health culture”) supera en su planteamiento conceptual y práctico el ámbito de la medicina personalizada, aunque la incluya como un elemento clave para la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad desde el punto de vista individual o personal. La cultura de la salud, con un fuerte compromiso social, se ocupa de aquellos hábitos y comportamientos de las personas que tienen relación con el bienestar, físico, mental y social, de sus cuerpos (la cultura de la salud es la cultura del cuerpo) y hace recomendaciones sobre el estilo de vida más adecuado para mantenerlo.

El objetivo social de la cultura de la salud es persuadir a los ciudadanos de que deben aceptar como un reto personal la imperiosa necesidad de cuidar su cuerpo, mediante un estilo de vida saludable, no tan sólo para atenuar su intrínseca vulnerabilidad frente a las agresiones, sino para evitar que al ineludible deterioro biológico se añadan deterioros provocados por hábitos nada saludables: esos malos hábitos que acortan la esperanza de vida a través del desarrollo de enfermedades crónicas, o que conducen a una vejez prolongada aunque penosa, en la que el cuerpo arrastra, a duras penas, su pesantez y su dolor.