Las jornadas giran en torno a la cultura salud definida por un triple bienestar: físico, mental y social. Imagen: Ava Studio

El inicio de las actividades públicas de FEM/Salud tendrá lugar esta semana, el miércoles 24, en el edificio de la Reial Acadèmia de Medicina de Catalunya, durante una Jornada dedicada a la CULTURA DE LA SALUD.

Quienes vienen siguiendo, semana a semana, las reflexiones contenidas en este blog sobre la salud y el bienestar del cuerpo, habrán comprobado que, en su ya larga andadura, su objetivo se ha ido concretando en la promoción de la salud y en la prevención de la enfermedad, es decir, en lo que hoy se entiende hoy como la cultura de salud.

Lo que distingue a la cultura de la salud es su preocupación por los “otros problemas” que, más allá de la enfermedad, afectan negativamente al triple bienestar –físico, mental y social– que, según la ya clásica definición de la Organización Mundial de la Salud, define a la buena salud.

Problemas que no son precisamente los derivados de la enfermedad, sino de todos aquellos factores que pueden condicionarla positiva o negativamente: vivienda, estilo de vida, dieta, actividad física , entorno ambiental, seguridad en la calle, comunidad y relaciones sociales, estrés laboral, nivel económico, educación, maltrato en el hogar, seguridad en el trabajo, violencia, acoso sexual, etc.

Es por esta concepción de la cultura de la salud por la que apuesta la Fundación El Molino, en uno de sus más importantes retos sociales, como es FEM/Salud, y así lo hará constar en la declaración de intenciones, con la que se presenta públicamente como un ámbito para la reflexión sobre la salud de los ciudadanos. Una cultura de la salud que se interesa por todas aquellas reflexiones y acciones que procuren mejorar las condiciones de vida, no sólo físicas, sino psíquicas y sociales de cada uno de sus ciudadanos y, en definitiva, de la sociedad.

Y dicho esto, con la comprensible satisfacción, para seguir con la estructura habitual en el texto de este blog, veamos cómo dos noticias de la pasada semana, una evidencia científica y una decisión ejecutiva del gobierno de los Estados Unidos, apoyan, una vez más, la trascendencia que para la salud pública tienen todos los intentos de modificar los estilos de vida inapropiados para vivir una vida saludable, tal como postula la cultura de la salud. En ambas se denuncian excesos remediables: en una, exceso de sal que conduce a la hipertensión arterial, y en otra, exceso de tejido adiposo que condiciona la obesidad.

La primera publicada en The New England of Medicine llega a la conclusión de que una reducción de 3 gramos diarios de sal en la dieta disminuiría el número de casos de enfermedad coronaria (de 60.000 a 120.000 casos), de ictus (de 32.000 a 66.000 casos) y de infarto de miocardio (de 54.000 a 99.000), con un ahorro de entre 10 y 24 billones de dólares al año.

La segunda es la noticia de la firma por el Presidente Obama, el pasado 9 de febrero, de un memorándum por el que se crea un grupo de trabajo cuya misión es desarrollar una estrategia dirigida a frenar la creciente epidemia de obesidad infantil en Estados Unidos (www.whitehouse.gov/blog). Una estrategia que debe integrar a las diferentes agencias federales implicadas y a la participación pública y privada. El objetivo, según el memorándum, es crear las bases para una generación más sana (healthier generation) logrando que los niños sean más activos físicamente y se alimenten con dietas más saludables. No se trata tan sólo de mejorar las cifras de sobrepeso y obesidad –como subrayó en el acto de la firma Michele Obama, muy implicada personalmente en el proyecto- sino de evitar, además, las repercusiones psicológicas y sociales que la obesidad provoca en estos niños obesos a lo largo de su vida.

Dos noticias muy apropiadas cuando FEM/Salud está a punto de presentar públicamente su visión de la cultura de la salud como un proyecto social cuyo objetivo es transmitir recomendaciones para vivir una vida lo más saludable posible, mediante las modernas tecnologías de la comunicación, con palabras claves y breves discursos, en los que domine la capacidad de persuasión, para que lleguen a ser asumidas como retos personales.