Debe establecerse un pacto de confianza mutua entre el médico y el paciente. Imagen: Thinkstock

Foy, Robbie, et al. 2010

En la práctica de la muy especializada medicina actual, que dispone de numerosas y variadas tecnologías, tanto para el diagnóstico como para el tratamiento, la clásica relación médico/enfermo sigue siendo clave para el buen fin de su benéfico y fundamental propósito, aunque esta relación ya no suele ser binaria y lineal después del primer encuentro (un médico/un paciente), sino que, con bastante frecuencia, son varios los profesionales de las ciencias de la salud que giran alrededor del paciente como centro de sus cuidados. La relación médico/enfermo (enfermedad) ha sido sustituida por una más compleja relación centrada en el paciente (medicina centrada en el paciente, o, con una visión más holística, medicina centrada en la persona). En este nuevo tipo de relación la fórmula es: un paciente/ una serie de médicos.

El problema es que, así como en la relación binaria -un médico/un enfermo- su éxito depende de la capacidad de comunicación y conexión entre ambos y del establecimiento de un pacto de confianza mutua, la más compleja relación actual entre un paciente y una serie de médicos exige, para que el que sufre y solicita ayuda no se sienta ignorado como persona, dentro del modelo teórico que a él lo ubica, al menos en teoría, en el centro de la atención y el cuidado, que exista una comunicación interactiva entre el médico de asistencia primaria y los especialistas consultados, en especial cuando se trata de enfermedades crónicas. Si no es así, si la comunicación entre ambos médicos es simplemente formularia, sin posibilidad real de diálogo cuando sea conveniente para la buena marcha de la enfermedad del paciente, lo que se produce es una despersonalizada relación del paciente con el sistema, fría, distante y deshumanizada.

Ya en el año 2001, el prestigioso Institute of Medicine de EE.UU., en su informe titulado Shaping the Future for Health.CROSSING THE QUALITY CHASM: A NEW HEALTH SYSTEM FOR THE 21ST CENTURY, había establecido que la medicina del siglo XXI debería ser segura, efectiva, aplicada a tiempo, sin retrasos, eficiente, igualitaria y… centrada en el paciente. Con este fin, debe contar con una organización “que permita prestar al paciente una asistencia que sea responsable y respetuosa con sus preferencias, necesidades y valores como persona, asegurándose de que las decisiones clínicas sean acordes con dichos valores”.

En el mismo informe, al enumerar las diez reglas convenientes para un rediseño del sistema de salud de EE.UU., se establecía, como regla número 10, que la “cooperación entre los médicos es una prioridad. Los médicos y las instituciones deben colaborar entre si de manera activa para asegurar que se produzca un intercambio apropiado de información y una coordinación de la asistencia”. A renglón seguido, recuerda que “unas relaciones estables y de confianza entre el paciente y los profesionales que le prestan asistencia es fundamental para la curación o el tratamiento de la enfermedad.”

Un artículo publicado por investigadores de la Universidad de Leeds, UK, la RAND Health Division de Santa Mónica, California y el Group Health Cooperative de Seattle, Washington, EE.UU., en el Annals of Internal Medicine, en su número del pasado 16 de febrero, titulado “Meta-analysis: Effect of Interactive Communication Between Collaborating Primary Care Physicians and Specialists” (www.annals.org), llega a la conclusión de que la comunicación interactiva entre los médicos de asistencia primaria y los especialistas (se estudia específicamente la relación con psiquiatras, endocrinólogos y oncólogos) se asocia con una mejoría de los resultados conseguidos en los pacientes con enfermedades crónicas. Una comunicación interactiva, de doble dirección, que permita, cuando se considere necesario, la planificación conjunta del tratamiento y, sobre todo, del seguimiento del paciente.

El modelo biomédico, centrado en la enfermedad (“disease-oriented–medicine”), se ocupa prioritariamente de conseguir un diagnóstico certero de la enfermedad para aplicar un tratamiento efectivo, utilizando métodos científicos. En este modelo, la atención del médico se concentra en el espacio corporal del individuo y, de modo especial, en aquellas áreas donde se supone que asienta la enfermedad –que son territorios de los especialistas a los que se remite el paciente- y no en la persona que sufre las consecuencias de la enfermedad, en sus tres dimensiones, física, mental y social.

Por el contrario, en el modelo biopsicosocial de la práctica médica, centrado en el paciente (“patient-centered-medicine”), con su derivación, el modelo centrado en la persona (“person-centered-medicine”), el médico trata de penetrar, mediante la palabra, en el complejo mundo del paciente como persona, para conocer lo que en él “va mal”, tanto desde el punto de vista físico como mental y social. Este modelo exige una comunicación interactiva, bidireccional, entre el médico de asistencia primaria -como médico personal- y los diversos especialistas, para lo que es necesaria una organización apropiada y, sobre todo, tiempo, con el objetivo de conseguir, entre todos, una visión coordinada e integrada del malestar que aflige al paciente.