Esfinge

La Esfinge había adquirido una gran experiencia en el arte de la estrangulación. Imagen: Thinkstock

It may be called a game, but there are
no winners in this latest activity among
U.S. children

Robert Gaynes, CDC, 2010

Estrangular.(Del lat. strangulāre). Ahogar
a una persona o a un animal oprimiéndole
el cuello hasta impedir la respiración.

DRAE

Era por aquellos tiempos míticos que relata Hesíodo en su poema la Teogonía, cuando vagaba por los alrededores de la ciudad de Tebas un misterioso monstruo alado con busto de doncella, cuerpo de león y cola de serpiente, que cerraba el paso a los que se dirigían a la ciudad. Según los oráculos, esta divinidad devoradora de seres humanos sólo franquearía la entrada a aquél que consiguiese descifrar el enigma que ella propusiera, mientras que los que no lo lograran serían estrangulados.

Por eso la llamaban Sphinx – la Esfinge – del verbo griego sphingo, con los significados de apretar, cerrar estrechamente (como hacen los esfínteres de nuestra anatomía) y estrangular. Cuando Edipo, personaje que inicia su relevancia histórica y cultural con este juego brutal inducido por los dioses, descifró el enigma, la Esfinge, ante tamaño fracaso, se suicidó; la opinión dominante es que, a pesar de la gran experiencia que había adquirido en la técnica de la estrangulación, la Esfinge se quitó la vida arrojándose al vacío.

Esta historia mítica, que tanta proyección ha tenido en el mundo de la Cultura, con mayúscula, viene a cuento hoy porque, en nuestros días se está extendiendo entre adolescentes y jóvenes un juego brutal, con la estrangulación como procedimiento clave, en el que no participa la ya muy lejana Esfinge: es el “choking game” o “juego de la asfixia” o “juego de la sofocación”, entre otras metafóricas denominaciones, como “space monkey” y “fainting game”.

El día 2 de marzo, el diario The Times daba a conocer una dramática noticia: Kristian Digby, de 32 años, un conocido presentador de la BBC, había sido encontrado muerto en su domicilio, al parecer a consecuencia, según el periódico británico, de un “solo sex game game” que tuvo fatales consecuencias al provocar lo que, dadas la circunstancias de este caso, The Times califica como una “autoerotic asphyxiation”.

El Center for Disease Control and Prevention (CDC) de los EE.UU. ha definido, en enero de este año, el “choking game” como “una actividad en la cual las personas se estrangulan a sí mismas, colgándose con un lazo o una correa pasada alrededor del cuello, o con la ayuda de otra persona, hasta alcanzar un brevísimo estado de euforia, durante la breve fase de hipoxia cerebral provocada por la compresión de ambas arterias carótidas del cuello”. Este juego peligroso puede causar la muerte inmediata o dejar graves secuelas cerebrales.

Da la casualidad que un par de semanas antes- el 25 de febrero- Pauline W. Chen, cirujana de trasplantes y brillante ensayista, firmaba en las páginas de The New York Times un artículo titulado “A Surgeon Learns of the Choking Game” (“Un cirujano aprende en qué consiste el juego de la asfixia”). Cuando la Dra. Chen penetró, con otros cirujanos, en el quirófano, para realizar una extracción múltiple de órganos, quedó sorprendida: dispuesto sobre la mesa de operaciones estaba el esbelto cuerpo de un adolescente de 16 años, que había muerto estrangulado. Una de las enfermeras le informó de que el adolescente se había pasado un lazo por el cuello para colgarse y no lo pudo retirar en el momento álgido de la búsqueda del estado de euforia (“thrill-seeking”) causado por la hipoxia cerebral. Pauline W. Chen reconoce que, hasta ese dramático encuentro no conocía nada acerca del “choking game”, el “juego de la asfixia”. Su artículo pretende ser una llamada de atención sobre el desconocimiento que gran parte de los profesionales de la salud, y de los padres, tienen acerca de este juego peligroso y mortal que se va extendiendo principalmente por los Estados Unidos.

En el año 2008, el Center for Disease Control and Prevention (CDC) de Atlanta, EE.UU. comunicó que, durante el periodo 1995-2007, se habían producido 82 casos de muerte causadas por el “choking game” en los EE.UU.; la mayoría de las víctimas eran adolescentes varones, de entre 11 y 16 años. Una encuesta realizada en el año 2008, en el estado de Oregón, entre estudiantes del 8º grado, previo a la high school, demostró que 1 de cada 3 adolescentes había oído hablar del “choking game” y 1 de cada 20 había participado alguna vez. Lo más preocupante es que casi la mitad de los adolescentes cree que el juego es seguro y que, en la red, un estudio realizado en la Dalhousie University, Nova Scotia, Canadá, publicado en Clinical Pediatrics ha encontrado en YouTube 65 videos dedicados a este peligroso juego.

Haciéndose eco del desconocimiento social acerca de la creciente practica este juego, la revista Pediatrics publicó, en el mes de enero de este año, en un artículo titulado “The Choking Game: Physician Perspectives”, los resultados obtenidos en una encuesta realizada en el Cleveland Hospital: casi un 1/3 de los médicos encuestados no tenían conocimiento de este juego y tampoco conocían los signos que deben hacer sospechar, a médicos y a padres, que un adolescente practica este juego mortal: marcas en el cuello, petequias en cara, párpados y conjuntivas, ojos inyectados de sangre, estado de desorientación después de pasar un tiempo a solas, cefaleas frecuentes, irritabilidad, y hallazgo de cuerdas, correas y otras ataduras en su habitación.

Lo triste de esta historia es que los adolescentes que se disponen a estrangularse, o a ser estrangulados, no corren este elevadísimo riesgo por descifrar un enigma que les permita seguir viviendo, como aquellos que se acercaban a la Esfinge, sino simplemente huir, pero con brevedad orgásmica, de la dificultad que supone vivir con consciencia de que se vive.