Gateway Arch, St. Louis, Missouri

Gateway Arch, St. Louis, Missouri. Imagen: Thinkstock.

Hype is the norm

(“La promoción a toda costa” es la norma).

Merril Goozner,

Arch. Intern. Med. , Mar 22, 2010

En el blog del 22 del pasado marzo la cuestión planteada era la profusión con la que se aplica el lenguaje bélico “cuando el cáncer es el problema”. El azar ha querido que la publicación cuya lectura ha propiciado el ensayo mínimo de esta semana, en el ámbito de lo que entendemos como cultura de la salud, gire de nuevo alrededor del lenguaje con el que se habla del cáncer. Si en el ensayo mínimo susodicho, lo que se analizaba era el predomino de la metáfora (bélica) en el lenguaje del cáncer, en esta semana pasamos a la hipérbole, es decir, a otra figura retórica que consiste en “aumentar o disminuir excesivamente aquello de que se habla” o, dicho de otra manera, a “la exageración de una circunstancia, relato o noticia” (DRAE).

Se trata de un artículo publicado en los Archives of Internal Medicine del 22 del pasado marzo, por miembros de la Universidad de Pensilvania, y titulado Cancer and the Media. How does the News Report on Treatment and Outcomes (“El cáncer y los medios de comunicación. ¿Cómo informa la prensa sobre el tratamiento y sus resultados?”).

La investigación se plantea a partir de esta premisa: Mientras que, aproximadamente, la mitad de todos los pacientes con cáncer en Estados Unidos mueren de esta enfermedad o de sus complicaciones, se desconoce si las noticias que aparecen sobre el cáncer en la prensa escrita reflejan esta realidad.

Para averiguarlo, los autores realizan un cuidadoso análisis del contenido de las noticias sobre el cáncer publicadas en 8 periódicos con mayor número de lectores (Chicago Sun Times, Chicago Tribune, Daily Herald-Chicago, New York Daily News, New York Post, New York Times, Philapelphia Daily News y Philadelphia Inquirer) y 5 revistas (Newsweek, Parade, People, Redbook y Time).

Mediante este análisis se determinó la proporción de artículos sobre la supervivencia, la muerte, los tratamientos agresivos, los fracasos del tratamiento, sus efectos adversos y los cuidados en pacientes terminales.

De un total de 436 artículos sobre cáncer, el 32% se ocupaba de la supervivencia mientras que tan sólo un 7,6% lo hacía de la muerte por cáncer; un 13% dedicaba su atención a los fallos de los tratamientos agresivos y un 30% a los efectos adversos de la terapéutica agresiva. Los autores subrayan que mientras en el 57% de los artículos se discutían los tratamientos agresivos, tan sólo un 0,5% se ocupaba de los tratamientos paliativos o de los cuidados terminales.

Las conclusiones de esta revisión son claras: las noticias sobre el cáncer publicadas en la prensa y en las revistas de más circulación de Estados Unidos se ocupan con preferencia de los tratamientos agresivos y de la supervivencia, mientras que raras veces tratan de los fracasos y de los efectos adversos del tratamiento y de los cuidados terminales. Este marcado sesgo en la información sobre el cáncer, detectado en la prensa norteamericana, puede propiciar en la sociedad una visión excesivamente optimista del tratamiento del cáncer, de sus resultados y de su pronóstico, sobre todo si se tiene en cuenta que tan sólo la mitad de los pacientes diagnosticados de cáncer sobrevive.

En resumen, el análisis de los investigadores de la Universidad de Pensilvania demuestra que en la prensa de los EE.UU. el lenguaje utilizado al hablar del cáncer es hiperbólico, por su exageración, y por suscitar expectativas que no se ajustan a la realidad.

En el mismo número de los Archives of Internal Medicine, y en un comentario invitado, Merrill Goozner, un periodista free lance, especialmente dedicado a la información independiente sobre la salud, opina que las noticias sobre el cáncer que aparecen en la prensa de los EE.UU. están escritas con una lenguaje en el que domina la exageración, hasta afirmar de manera tajante, usando una expresión que forma parte del slang: Hype is the norm. El término hype se define como “la excesiva promoción de un producto” o también como “promover algo de manera sensacionalista”; podría corresponder al castellano ‘bombo’, definido en el DRAE como “elogio exagerado y ruidoso con que se ensalza a una persona o se anuncia o publica algo”.

Merrill Goozner, en un breve comentario titulado Covering Cancer (“cobertura de la información sobre el cáncer”), analiza la influencia que este lenguaje hiperbólico, con el que se escriben las noticias sobre el cáncer, tiene en los comunicados emitidos por los servicios de prensa de las instituciones médicas y de investigación (press releases), en los que no se suele hacer mención de las limitaciones del estudio, ya que son redactados con el objetivo de conseguir la mayor repercusión mediática posible, beneficiosa, entre otros motivos, para mantener su financiación. En este sentido, en un artículo publicado en la revista Annals of Internal Medicine, del mes de mayo de 2009, titulado Press releases by Academic Medical Centers: Not so Academic (“Las notas de prensa de los centros médicos académicos: No tan académicas”) se afirma que “a menudo se promocionan investigaciones de incierta relevancia para la salud humana, sin hacer mención de los límites del estudio”, y se “convierten a modestos hallazgos en hechos milagrosos”.

Una continua exigencia de rigor y fiabilidad en la información sobre la salud es la que puede evitar que se utilice un lenguaje hiperbólico, con su intrínseca exageración y su tono sensacionalista, cuando se hable del cáncer, en cuyo diagnóstico y tratamiento, sin duda alguna, el progreso ha sido real, aunque lento y doloroso: el porcentaje global de pacientes con cáncer que, tras el diagnóstico inicial, sobreviven al menos 5 años, ha pasado del 40% a mediados del pasado siglo, al 60% actual.

Rigor y fiabilidad no sólo exigibles a quienes redactan las noticias sobre el cáncer en la prensa diaria, sino a los que escriben los comunicados para la prensa (press releases) emitidos por los centros médicos académicos, para no dar pie a ser considerados como sospechosos de “complicidad con el periodismo médico” (PLoS Medicine, Mayo, 2008).