Puzzle

Con frecuencia surgen resultados que contradicen hallazgos previos, de los que se han derivado recomendaciones para llevar una vida saludable. Imagen: Thinkstock.

Una teoría que no es refutable por cualquier

concebible acontecimiento no es científica;

La irrefutabilidad no es una virtud, sino un vicio.”

Karl Popper. Conjeturas y refutaciones

El crecimiento del conocimiento científico, 1963

Cuando se seleccionan en la prensa biomédica de mayor prestigio los artículos más relevantes, y con mayor repercusión práctica, para la cotidiana cultura de la salud, con el objetivo de ser incluidos en una web dedicada a su cuidado, surgen, con cierta frecuencia, resultados que, aunque obtenidos mediante una metodología científica aceptable, contradicen hallazgos previos, de los que han derivado recomendaciones para vivir una vida saludable, de amplia implantación mediática y tenidas como muy sólidas. Estos hallazgos contradictorios con la tesis dominante se conocen en la literatura médica como “resultados negativos”.

Los “resultados negativos”, los que parecen refutar una tesis ampliamente aceptada, suelen encontrar resistencia a la hora de ser seleccionados para su publicación. La tendencia dominante, sobre todo en las publicaciones definitivamente mediáticas, con escasa o nula exigencia científica, es la de otorgarles poca relevancia, o simplemente ignorarlos, con la pretensión de no perturbar la tesis aceptada mayoritariamente, que suele ser la que se considera como más optimista respecto a la influencia de un determinado hallazgo sobre el estado de salud.

En el fondo de la cuestión está el predominio del lenguaje hiperbólico con el que son dados a conocer, en muchas de las páginas impresas y en las webs dedicadas a la salud, los resultados positivos de acciones muy simples, aparentemente muy saludables; un lenguaje que se resiste a bajar el nivel de la euforia nada crítica, por la que ha apostado, con la publicación de “resultados negativos”. Como consecuencia de estas dificultades, en el año 2002, se fundó, por miembros del departamento de Oncología de la Harvard Medical School, en Boston, el Journal of Negative Results in Biomedicine, cuyo objetivo es estimular a los científicos y a los médicos a publicar resultados que planteen dudas acerca de los modelos tradicionalmente aceptados.

Todo esto viene a cuento de la publicación la pasada semana, en noscuidamos.com, de unos breves textos que comentan dos recientes artículos publicados en revistas relevantes, a pesar de que estos podrían ser incluidos entre los que aportan “resultados negativos”: en el primero se rebajan los efectos positivos del consumo “5 veces al día” de frutas y verduras, sobre el riesgo de padecer cáncer, y en el segundo se avisa de que la esperanza de vida adulta en niños que han superado un cáncer se reduce de manera significativa.

El primero de los artículos recoge los resultados de una investigación internacional, realizada dentro del programa Euopean Prospective Investigation into Cancer and Nutrition (EPIC), cuyo objetivo ha sido comprobar hasta qué punto la recomendación que la OMS hiciera en el año 1990 de comer, al menos, 5 porciones al día de frutas y verduras (aproximadamente unos 400 gramos), como prevención del cáncer, se corresponde con la realidad. La conclusión de este cuidadoso estudio epidemiológico ha sido que el elevado consumo diario de frutas y verduras tan sólo ejerce un efecto preventivo “modesto” sobre el riesgo global de padecer un cáncer.

El segundo de los artículos da a conocer los resultados obtenidos en una investigación epidemiológica llevada a cabo en los universidades de Harvard y Emory, cuyo objetivo es averiguar si, en los niños que sobreviven 5 años a un cáncer, el acumulativo efecto lesivo de la propia enfermedad cancerosa y del agresivo tratamiento aplicado tiene consecuencias negativas sobre su esperanza de vida. Los resultados permiten concluir a sus autores que en los niños supervivientes de un cáncer diagnosticado y tratado en la infancia, la esperanza de vida puede estar reducida, por término medio, en un 28%.

En lugar de considerar a los “resultados negativos” como poco apropiados para ser difundidos, por pesimistas y desalentadores, como suele hacerse por aquellos medios de información que apuestan por una visión con un sesgo simplista y optimista de los cuidados de la salud, lo apropiado es elaborar, mediante la combinación de todos los resultados científicamente válidos, tanto positivos como negativos, una visión realista y mesurada.

En definitiva, los “resultados negativos” de la investigación biomédica sobre una cuestión determinada que afecta al cuidado de la salud deben ser utilizados para entender mejor la compleja interrelación de los múltiples factores que intervienen en ese inestable resultado final que es el estado de salud de una persona concreta, a una edad biológica determinada, y actuar así en consecuencia, tanto en lo que se refiera a la promoción de salud como a la prevención de la enfermedad.