Chica sana

Mejorando la propia salud se contribuye, también, a mejorar la de la comunidad. Imagen: Thinkstock.

Vita non est vivere sed valere vita est
(Vida no es solamente vivir, sino tener salud)

Marco Valerio MARCIAL, Epigramas,
Libro VI, LXX,
Instituto Fernando el Católico, 2003

A Emilio Lledó

Durante la primera década del siglo XXI, la preocupación por la salud, individual y colectiva, definida como un integrado bienestar físico, mental y social, viene recortando lentamente el predominio, hasta ahora excesivo, de la preocupación por la enfermedad. Este desplazamiento de la preocupación y de los recursos, desde la enfermedad a la salud, puede sintetizarse diciendo que el predominio de la tradicional cultura de la enfermedad está siendo sustituido por la búsqueda de un equilibrio entre ésta y la nueva cultura de la salud. Una cultura centrada en la promoción de la salud y en la prevención de la enfermedad, con el fin de vivir una vida lo más sana y lo más larga posible.

Es precisamente este desiderátum de una vida larga y sana el que está incluido en el programa de objetivos dado a conocer, hace unos días, por el Departamento de Salud y Servicios Humanos del Gobierno federal de los Estados Unidos, bajo el expresivo título de Healthy People (Gentes Sanas), con la pretensión de mejorar la salud de los ciudadanos norteamericanos durante la década 2010-2020.

No cabe duda de que el proyecto de Healthy People se corresponde con lo que hoy se entiende como cultura de la salud, ya que su objetivo principal es promocionar la salud y prevenir la enfermedad, sobre todo en el contexto de la salud pública. Su diseño actual ha tenido como antecedentes dos informes claves: el Healthy People 1979 Surgeon General’s Report, y el Healthy People 2000: National Health Promotion and Disease Prevention Objectives.

Healthy People es un proyecto pedagógico, dirigido al individuo y a la sociedad, cuyo objetivo es que los ciudadanos aprendan a mejorar su salud personal y la de su familia y, como consecuencia, la salud de su comunidad. Para ello considera necesario que los ciudadanos aprendan el vocabulario básico de la salud, a elegir las fuentes de información más apropiadas y a leer críticamente la extensísima información online acerca de la salud y los estilos de vida.

Por lo que se refiere al programa Healthy People diseñado para la década 2010-2020, llama la atención que en las recomendaciones del comité de expertos acerca de sus fundamentos conceptuales, y bajo el epígrafe Vision, se dice textualmente: “el objetivo final es el desarrollo de una sociedad en la cual todas las personas viven unas vidas largas y saludables (a society in which all people live long, healthy lives’). Y para alcanzar este desiderátum, Healthy People 2020 propone cumplir cuatro objetivos:

1. Eliminar las enfermedades, las incapacidades, los traumatismos y las muertes prematuras que puedan ser prevenidas.

2. Conseguir la equidad en la salud, eliminando las disparidades y mejorando la salud de todos los grupos sociales.

3. Crear un entorno físico y social que promueva la buena salud para todos.

4. Promover el desarrollo saludable y los hábitos saludables a lo largo de todas las edades de la vida

Dada la ambición de los objetivos propuestos surge inmediatamente la pregunta que nos hacemos en el título de la reflexión de esta semana : ¿Es posible una sociedad en la que todos viven una vida larga y sana?

A primera vista, si se tiene en cuenta, no sólo que el cuerpo humano, en el que asienta una historia personal y su consciencia, es “intrínsecamente vulnerable, deteriorable y caduco” (Pera, C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana. Ed. Traicastela, 2006) sino, también, el entorno hostil en el que transcurre su vida, para muchos insufrible, la respuesta sería negativa porque, entre otras cosas, la “visión” del programa Healthy People 2020 incluye en su desiderátum a todas las personas (“all people live long healthy lifes”) de una extensa, abigarrada y conflictiva sociedad.

Los primeros análisis de las modificaciones positivas logradas en los indicadores de la salud ciudadana mediante el programa Healthy People, durante la década 2000-2010, sugieren que se han hecho algunos progresos limitados, pero que queda mucho trabajo por hacer. A pesar de la mejoría observada en algunas áreas (como la reducción del fumar secundario y el incremento de la inmunización en los niños), el país se ha quedado corto en el logro de sus objetivos: el tabaco sigue siendo la principal causa de muerte que puede ser prevenida y la prevalencia del hábito de fumar en los adultos está bastante por encima del 12% marcado como objetivo (por encima del 25% en los hombres y en el 20% en las mujeres), mientras que la obesidad (un gran factor de riesgo para enfermedades crónicas como la diabetes, la enfermedad coronaria, el ictus y el cáncer) afecta a una tercera parte de los adultos norteamericanos con 20 o más años de edad.

No obstante, a pesar de que los resultados obtenidos no invitan al optimismo, la respuesta debe ser afirmativa. Porque, aunque la posibilidad de que todas las personas de una sociedad vivan una vida larga y saludable se nos aparezca como lejana y llena de dificultades de todo tipo, ligadas a la condición humana, esta posibilidad es éticamente deseable, y ha de asumirse como un blanco que, aunque muy lejano, sería bueno alcanzar o, al menos, acercarse lo más posible.

Como nos enseña Aristóteles en su Ética Nicomáquea (Libro I, 1094a) “Si, pues, de las cosas que hacemos hay algún fin que queramos por sí mismo, y las demás cosas por causa de él, y lo que elegimos no está determinado por otra cosa…. es evidente que este fin será lo bueno y lo mejor. ¿No es verdad, entonces, que el conocimiento de este bien tendrá un gran peso en nuestra vida y que, como arqueros que apuntan a un blanco, alcanzaríamos mejor el que debemos alcanzar”.

El blanco, que en la cultura de la salud se pretende alcanzar, consiste en que todos, o la mayor parte de los que pertenecen a una sociedad, disfruten de una vida larga y sana, ya que, como continúa Aristóteles, “aunque sea el mismo el bien del individuo y el de la ciudad, es evidente que es mucho más grande y más perfecto alcanzar y salvaguardar el de la ciudad; porque procurar el bien de una persona es algo deseable, pero es más hermoso y divino conseguirlo para un pueblo y para ciudades” (Aristóteles, Ética Nicomáquea. Ética Eudemia, Introducción por Emilio Lledó, Biblioteca Clásica Gredos, 1983).