Pastillas y dinero

La cultura de la enfermedad está sometida a la presión del mercado, y a menudo se habla en términos de 'mercado de la salud'. Imagen: Thinkstock.

Medicalisation is a process of increased
medical intervention into areas that
hitherto would be outside the medical
domain


Bilton, et al. Introductory Sociology
Macmillan,1996.

Uno de los editoriales del British Medical Journal del 19 de junio de 2010 lleva el siguiente título: Female genital mutilation: Paediatricians should resist its medicalisation (“Mutilación genital femenina: los pediatras deben resistir su medicalización”). Lo que me interesa hoy de este editorial es la inclusión en su título de la palabra medicalisation, que se traduce al castellano como medicalización, aunque todavía no haya sido introducida en el Diccionario de la Lengua Española de la RAE.

En una primera aproximación puede decirse que la medicalización -que tan radicalmente criticara Ivan Illich (1926-2002) en su controvertido libro Limits to Medicine. Medical Nemesis: The expropiation of Health. Penguin Books, 1976- sería ese proceso, que se extiende imparable por la sociedad de nuestro tiempo, mediante el cual los médicos se ocupan y tratan como problemas médicos, es decir, como si fueran enfermedades, a problemas no médicos que atañen al bienestar humano; problemas asociados, ineludiblemente, a características intrínsecas al cuerpo humano, y a la historia personal en él encarnada, como son el deterioro biológico, la sexualidad, la timidez, la infelicidad, el envejecimiento, la soledad y la muerte, entre otros. Estos malestares de la condición humana, que no deberían ser asumidos por el esquema tradicional de las enfermedades y sus tratamientos, fueron cuantificados y clasificados en abril de 2002 por Richard Smith, en aquel entonces editor del British Medical Journal e identificados como ‘no-enfermedades’ (non diseases).

Pues bien, para este proceso de medicalización de todo tipo de malestares que afectan a los seres humanos, de manera individual y colectiva, la palabra universalmente utilizada para designarlo aún no ha sido refrendada por la Real Academia Española, situación a la que ya hacíamos referencia en el post del 5 de marzo de 2007, titulado “La medicalización de la sociedad y la salud de sus ciudadanos”. Una demorada inclusión del verbo medicalizar dentro de los verbos terminados en ‘ar’, que contrasta con la presencia en el DRAE de municipalizar, oficializar, y de algunos de uso tan restringido y rebuscado como madrigalizar y melindrizar.

También recordábamos, en el citado post del 5 de marzo de 2007, que en el Diccionario del español actual, de Manuel Seco del año 1999 (Aguilar, Lexicografía) la medicalización se define, de forma restringida y sin relación con el tema que nos ocupa, como “la acción de medicalizar” y ésta como el “dotar de servicio médico a algo”, poniendo como ejemplo la ambulancia medicalizada”.

Según parece, la inclusión en el DRAE de medicalización y medicalizar está en fase de estudio lexicográfico, así como el refrendo normativo del uso de medicalizada/o como adjetivo en otras frecuentes expresiones como son las de ambulancia medicalizada o el helicóptero medicalizado.

No obstante, a pesar de la coincidencia de las palabras (medicalización de la sociedad y ambulancia medicalizada) lo que éstas evocan –a la persona y a la sociedad, por una parte, y a un veloz artefacto especialmente preparado para trasladar con urgencia a personas en estado de salud muy critico, con riesgo vital, por otra- se trata de cuestiones totalmente distintas.

En el primer caso (medicalización de la persona y de la sociedad) se trata de la intromisión de procedimientos médicos diseñados para tratar enfermedades en el alivio de procesos psicobiológicos ligados a la condición humana que no son enfermedades, mientras que en el segundo (ambulancia medicalizada) el objetivo es dotar a un vehículo de medios, personales e instrumentales, que permitan una asistencia urgente de modo especial en los fallos cardiorrespiratorios.

El caso es que, frente a la cultura de la salud, ha sido la cultura de la enfermedad sometida a la exigente presión del mercado (se habla explícitamente en estos tiempos de “mercado de la salud” y de “turismo médico”), la que ha propiciado la medicalización de la sociedad, en el contexto de una asistencia médica excesivamente mercantilizada y mediática. Una cultura de la enfermedad que, a veces, parece estar más interesada en la continua “modificación del cuerpo”, de la geografía de su superficie, aunque sea a contracorriente de las edades de la vida, que en apostar por la recomendación de un estilo de vida saludable que frene el ineludible deterioro biológico, reduzca su vulnerabilidad, y aumente la esperanza de vivir más años, pero con una vida de la mejor calidad posible. La apuesta por la cultura de la salud para frenar el predominio de la cultura de la enfermedad es el mejor camino para reducir el incremento de la medicalización de la sociedad.

Sería sorprendente, y motivo de confusión conceptual y práctica, que la introducción en el Diccionario de la lengua española de la expresión ambulancia medicalizada llegara más rápida -aunque esta sea su misión específica en cuanto vehículo- que la aceptación del término medicalización para designar un creciente problema social que atañe a la salud y al bienestar de las personas.