Pareja paseando

Imagen: Thinkstock

Cuando riegan los ladrillos
por el corredor,
la siesta da su perfume
de sueño y de flor.

J. Romero y Murube,
Coplas del verano,
1941

La pausa del verano ha llegado otra vez, iniciada con este post del 26 de julio, desde la primera que ocurriera en su breve historia, el 31 de julio del 2006. Pero, en esta ocasión, la pausa, que esperamos cerrar el lunes 30 de agosto, tiene una connotación especial: es la primera vez que su habitual contenido, acerca de la necesidad de “tomarse un respiro” (2008), o de intercalar un “breve intermedio veraniego para tomar huelgo” (2009), se hace desde el nuevo asiento del blog en las páginas virtuales de www.noscuidamos.com, aunque manteniendo su inicial apuesta programática por una verdadera cultura de la salud que, al fin y al cabo, es la cultura del cuerpo. Una cultura integral del cuerpo que exige “concederle a éste un descanso, a su debido tiempo, y no sólo como cuerpo, sino como mente que desde ese cuerpo se expresa con la palabra, hablada y escrita, con la mirada y el gesto”.

Al hilo de la metáfora marinera de un blog como “cuaderno de bitácora“, podríamos decir que ahora “el libro que apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación” ha cambiado de “bitácora“ (del francés bitacle, por habitacle), esa “especie de armario, fijo a la cubierta e inmediato al timón, en el que se pone la aguja de marear” (DRAE).

Para quienes tienen la dicha de disponer, en este apresurado y confuso tiempo, no sólo de trabajo, sino de una pausa, sea o no veraniega, que reconforte su cuerpo y le dé nuevos ánimos para proseguir, son muchas las formas con las que disfrutar de esta pausa, unas, más o menos viajeras y, otras, más o menos sedentarias. Para algunos, la ilusión es volver a “el mismo mar de todos los veranos” (2006).

Buena ocasión la pausa del verano para “redescubrir el placer de lo lento”, el gozo de vivir con lentitud, tras largos meses de vida casi frenética, un tempo lento que nos permita la reflexión crítica sobre el desarrollo de nuestro cotidiano vivir, sobre nuestras rutinas diarias. Una disección de estas rutinas que reafirme la necesidad de procurarse un sueño reparador, y una comida sana y apetitosa (“a los adipocitos no les sienta bien el vino tinto”), combinada con el ejercicio físico regular (“el ejercicio físico genera nuevas neuronas”), con el objetivo de prevenir el sobrepeso y la obesidad, evitar totalmente el tabaco, y, desde luego, el alcohol en exceso. Todo ello complementado con el placer de la palabra que surge de la lectura y la escritura –en una “soledad deseada”- y de toda conversación amigable.

¡Buenas vacaciones!

¡Hasta el 30 de agosto!