Mujer estirándose

Los mensajes médicos pueden facilitar la adopción de un estilo de vida más saludable. Imagen: Thinkstock.

Es más difícil determinar la trasgresión
de la norma que la norma misma

Bruno Snell. El descubrimiento del espíritu
Ed. Acantilado, 2010

La breve pausa del verano había sido programada con el propósito de descansar, abriendo un paréntesis para las ocupaciones y preocupaciones propias de mi rutina cotidiana. Una pausa para ser vivida con el apropiado equilibrio entre actividad física regular, alimentación sana, conversaciones amistosas y libros a la mano, que estimulan y enriquecen el pensamiento, en lo posible.

Sin embargo, ha sido la lectura de la clásica obra del respetado helenista Bruno Snell, titulada “El pensamiento griego. Estudio sobre la génesis del pensamiento europeo en los griegos”, recuperada en una bella y cuidada edición por Acantilado (2010) , la que me ha llevado a romper el paréntesis y a pensar y a tomar notas acerca de mi preocupación de cada día, que es la educación en la cultura de salud.

En una de las páginas del ensayo titulado “Exhortación a la virtud”, se refiere Snell a la dificultad de definir a la salud entre los griegos (y en nuestro tiempo), aunque predominara entre ellos “la idea de la armonía en relación a la salud y el equilibrio entre los diversos impulsos naturales” .

Ante esta dificultad, la medicina griega , entre las exhortaciones redactadas con el objetivo de inducir a los ciudadanos a llevar una vida saludable, prefiere los mensajes negativos , más cargados de contenido, que los positivos. Así, prefieren el consejo “nada en demasía” (medén ágan), a la recomendación “lo mejor es la mesura” (métron áriston) . Al fin y al cabo – añade Snell- “el orden, la armonía y la mesura son tan difíciles de definir como la salud; es más fácil determinar la trasgresión de la norma que la norma misma.”

Al instante tomé nota del interesante mensaje, que debe ser de inmediata y urgente aplicación en todo programa cuyo objetivo sea la educación para la salud, un mensaje hallado, inopinadamente, en un libro que, como su subtítulo aclara, recoge “estudios sobre la génesis del pensamiento europeo en los griegos”.

Porque no cabe duda que lo que pretendían con sus mensajes los médicos griegos, fueran negativos o positivos, era persuadir a sus conciudadanos de la necesidad de modificar actitudes, creencias y comportamientos de otras personas, hasta lograr cambiar sus conductas. Un cambio de conducta que, para que se produzca, necesita incentivos y, entre ellos, demostrar en el mensaje la utilidad del esfuerzo personal que ha de realizar el receptor del mensaje para cambiar su rutina diaria: dejar de fumar, realizar diariamente una actividad física regular, etc.

¿Hasta que punto los textos que se escriben diariamente, dentro de un programa de educación para la cultura de la salud, poseen la suficiente capacidad de persuasión para ser aceptados por sus presuntos receptores? ¿Deben predominar en su escritura los argumentos negativos o los positivos? ¿Son preferibles en algunas recomendaciones uno u otro tipo de mensaje, dada la gravedad de las consecuencias de su incumplimiento sobre el estado de salud ?

La respuesta a la segunda pregunta es controvertida, ya que depende de cual sea el mal hábito a corregir y de las circunstancias sociales y ambientales. En un artículo publicado en la revista Addictive Behaviors en Octubre de 2008, 1267-1275, titulado “The influence of message framing, intention to quit smoking, and nicotine dependence on the persuasiveness of smoking cessation messages” (la influencia de la configuración del mensaje , de la intención de abandonar el hábito de fumar y de la dependencia a la nicotina en la capacidad de persuasión de los mensajes para abandonar el tabaco) se llega a la siguiente conclusión: Cuando la dependencia a la nicotina y la intención de abandonar el tabaco son ambos elevados, un mensaje negativo funciona mejor. Por el contrario, los mensajes positivos son preferibles cuando ambos factores -dependencia e intención de dejar de fumar- son bajos.

En una investigación realizada conjuntamente por el Departamento de Epidemiología del Instituto alemán de Nutrición humana, en Postdam, Alemania, y el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, en Atlanta, Georgia, EEUU ( Ford Earl S et al. “Healthy Living is the Best Revenge”, Archives of Internal Medicine. 2009; 169[15]:1355-1362) se demostró que la simple adopción de cuatro hábitos de vida saludable (No fumar; mantener un índice de la masa corporal menor de 30; realizar, como mínimo, actividad física regular durante 3,5 horas a la semana; seguir una dieta de tipo mediterráneo ) contribuía significativamente a la prevención de las cuatro enfermedades crónicas (diabetes tipo 2, infarto de miocardio, ictus y cáncer), cuyo desarrollo disminuye la esperanza de vida y su calidad en la vejez.

La utilidad del esfuerzo personal requerido era evidente: el alargamiento de la esperanza de una vida vivida con la mayor calidad posible.

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