Relación social

Quedarse solo en la vejez puede conducir al deterioro del bienestar social y también físico. Imagen: Thinkstock.

Aquel que no puede vivir en sociedad o no
necesita nada por su propia suficiencia,
no es miembro de la polis, sino una bestia o un dios”.

Aristóteles, Política, libro I, cap. II, 1253 a,
Alianza, Madrid, 2001


Según la definición de la OMS, la salud, entendida como un estado subjetivo de bienestar -que suele traducirse, aunque no siempre, en un estado objetivo, bajo la “mirada médica”- es el resultado de la integración armoniosa de tres bienestares: el físico, el mental y el social, entre los que a éste último le incumben las relaciones humanas, tanto en el muy cercano ámbito familiar como en el social, en su más amplio sentido. (“La salud pensada desde el propio cuerpo”, en Cristóbal Pera, El cuerpo silencioso, página 15, Ed. Triacastela, Madrid, 2009).

Sin embargo, el componente social de una vida, considerado tanto en sentido positivo como negativo, con sus éxitos y sus fracasos, suele ser olvidado con frecuencia cuando se reconstruye y se valora clínicamente la historia de esa vida, en el primer encuentro –que debe ser una relación narrativa- entre un paciente y su médico.

Hace ya más de dos décadas que se había descrito la asociación entre unas buenas relaciones sociales y consecuencias beneficiosas sobre la salud (House, JS , “Social relationships and Health“, en Science, 241: 540-545, 1988). En el año 2007 escribíamos en este blog acerca de esta asociación: “Quedarse solo, sobre todo en los últimos tramos de la vida, conduce a un deterioro del bienestar, no sólo mental y social, sino también físico, lo que supone un grave y decisivo derrumbe del estado de salud.

Ahora, en un artículo publicado el pasado mes de agosto en la revista PLoS Medicine, titulado “Social Relationships and Mortality Risk. A meta-analytic review” (“Relaciones sociales y riesgo de mortalidad: Un meta-análisis”), investigadores de los departamentos de Psicología, en la Brigham Young University, Utah, y de Epidemiología, en la North Carolina University, North Carolina, EE.UU., se proponen determinar cuáles son los aspectos de las relaciones sociales que poseen mayor peso para predecir el riesgo de mortalidad, y qué factores pueden moderar este riesgo.

El resultado del meta-análisis, realizado sobre los 148 estudios publicados sobre esta cuestión, con un número total de 308.849 participantes, seguidos durante una media de 7,5 años, ha sido que en aquellas personas que han vivido con las relaciones sociales positivas más fuertes, la probabilidad de supervivencia se incrementa en un 50%. Este hallazgo es válido para cualquier edad, sexo, estado de salud al inicio de la investigación, causa de muerte y periodo de seguimiento.

Sin embargo, se detectaron claras diferencias según el tipo de relación social: la asociación más fuerte entre relación social/mortalidad se encontró cuando en la evaluación se utilizaron medidas complejas de integración social, y la más débil cuando se aplicaron medidas más simples, de carácter binario, como, por ejemplo, la pregunta “vive solo o con otros”.

La conclusión del grupo investigador es que el efecto beneficioso sobre la mortalidad de unas relaciones sociales adecuadas –cuando se comparan con las consecuencias sobre la mortalidad de aquellos que viven con relaciones sociales insuficientes- es similar al efecto favorable de dejar de fumar, como factor de riesgo para la mortalidad, y sobrepasa al efecto favorable de la eliminación de otros factores de riesgo, como son la obesidad y la inactividad física.

Un editorial del mismo número de la revista titulado “Social Relationships are key to Health, and to Health policy” (“Las relaciones sociales son claves para la salud y para la política sanitaria”) sostiene que “hallazgos como éste son un fuerte argumento sobre la necesidad de repensar cómo la sociedad debe mirar más allá de las causas ‘médicas’ de la enfermedad, en sus esfuerzos para promover la salud y el bienestar, del mismo modo que los gobiernos pueden y deben hacer bastante más de lo que hacen para cumplir este objetivo, aún en un periodo de crisis económica”.

Al fin y al cabo, esta versión integral del bienestar humano, en su triple dimensión física, mental y social, es la que venimos defendiendo desde hace años en el espacio de este blog semanal, bajo el título de cultura de la salud una visión que procuramos que se trasluzca, cada día, en las páginas virtuales de noscuidamos.com.