Doctor lee la prensa

Las noticias médicas pueden pecar de poca perspectiva crítica. Imagen: Thinkstock.

“Redactar. Poner por escrito algo sucedido,
acordado o pensado con anterioridad”.

(DRAE)

En el loable empeño de extender la cultura de salud por la sociedad en la que vivimos, no hay duda de que a los medios de comunicación les corresponde un papel fundamental, en gran parte debido a su enorme capacidad de penetración. Una penetración que se acrecienta, hasta límites insospechados, cuando la información es presentada online, en el espacio digital.

Un tipo específico de información sobre la salud, que se ha extendido rápidamente por las páginas, impresas y virtuales, de los medios de comunicación, es la noticia médica, entendida como una denominación restrictiva aplicada a aquellos textos que tratan de aportar una novedad recién surgida en el ámbito de la Biomedicina, en cuanto a la prevención, el diagnóstico o el tratamiento de una enfermedad. Una novedad tanto más propicia a ser publicada, incluso en portada y con un llamativo titular, cuando es interpretada como un cambio de signo que abre una discreta esperanza, en un problema médico de difícil resolución.

Dando por supuesta la fiabilidad de la fuente de la que procede la información científica (una revista o un centro médico de prestigio reconocido), en bastantes ocasiones llama la atención, junto al excesivo optimismo y contundencia del escueto titular, que en la redacción del texto predomine la lectura acrítica de los resultados.

¿Es fácil poner por escrito una noticia médica a partir de un texto original publicado en una revista científica? ¿Importa que quien la escriba posea una adecuada formación? Esta es la pregunta que se han hecho miembros de The School of Medicine and Public Health, Faculty of Health, Newcastle University, Australia, en un artículo publicado en la revista PLoS Medicine, del pasado septiembre, bajo el título Does It Matter Who Writes Medical News Stories (“Importa quién sea el que escriba las noticias médicas”).

Según los investigadores australianos, varios estudios recientes han demostrado la escasa y variable calidad de muchas de las noticias médicas, aparecidas en todo tipo de medios de comunicación no científicos, sobre todo en aquellas que se ocupan de presentar, con premura, medicamentos recién aprobados o técnicas quirúrgicas novísimas.

Los errores detectados con mayor frecuencia en la redacción de una noticia médica son: falta de atención a la calidad de la investigación científica, exageración de los beneficios del nuevo fármaco o de la nueva operación, escasa atención a los riesgos potenciales, y no hacer referencia al coste económico de las nuevas propuestas terapéuticas o diagnósticas.

Las razones de la baja calidad de este periodismo médico son complejas y, entre ellas, estarían la ausencia de una adecuada preparación para redactar este tipo de noticias, las prisas, las limitaciones de espacio y la dificultad de acceder a las fuentes científicas originales, por lo que muchos redactores manejan resúmenes, o bien breves noticias ya publicadas en otros medios de comunicación.

¿Puede un periodista no especializado hacer este trabajo con la misma calidad en los resultados que un periodista entrenado en el manejo de la información médica?

Para contestar a esta pregunta los autores australianos analizan, a través de la Media Doctor Australia site, 1.337 noticias médicas publicadas entre 2004 y 2009, en 12 diarios australianos, impresos y online, televisión y transcripciones de noticias radiadas. La investigación se centró en aquellas noticias que hacían hincapié en nuevos procedimientos terapéuticos y en pruebas diagnósticas. Se recogió información acerca de la cualificación de los periodistas redactores de estas noticias.

La pregunta clave fue ésta: ¿los periodistas con mayor experiencia en temas de salud escriben noticias de mayor calidad que los periodistas sin dicha experiencia?

Del total de noticias médicas analizadas, en 320 se pudo identificar a sus autores, 193 estaban firmadas por periodistas no especializados, 415 procedían de corporaciones internacionales de noticias (Associated Press, Agence France Press y Reuters) y 39 de fuentes no australianas (ABC, BBC, NYTimes, Washington Post y otros), 142 fueron escritas por periodistas especializados en salud/ciencia y 228 por 8 periodistas especializados en salud.

Los resultados de la evaluación de la calidad de las noticias fueron los siguientes: las noticias redactadas por periodistas especializados en salud (‘specialist health journalists’) fueron superiores en calidad a las escritas por los otros grupos. Asimismo, los periódicos tradicionales consiguen mejores resultados, mientras que los programas de interés comercial dedicados a la salud obtienen los resultados más bajos.

Los autores llegan a la conclusión de que, dadas las implicaciones que estos resultados tienen para una progresiva y eficiente extensión social de la cultura de la salud (Pera, C. La cultura de la salud: un reto del siglo XXI. FEM Salud), resulta aconsejable un mejor entrenamiento de todos los periodistas en la medicina basada en la evidencia, para que puedan distinguir, tras una lectura crítica, la novedad espuria o precipitada de la noticia médica consistente.

Una medicina basada en la evidencia definida como “el uso explícito, consciente y juicioso de la mejor evidencia externa disponible al tomar decisiones referentes al cuidado de pacientes individuales” (Pera C. El Humanismo en la relación Médico-Paciente; del nacimiento de la clínica a la telemedicina. Fundación SIS, Doc. Nº 6).

Siempre que se trate de una medicina realmente humana, en cuyo ejercicio el médico debe preguntarse, una y otra vez: ¿cuál es el mejor método diagnóstico y el tratamiento, más beneficioso y menos dañino, para esta persona que tengo sentada a mi lado, en busca de ayuda?