Atardecer

El reloj circadiano está estrechamente relacionado con la salida y la puesta del sol. Imagen: morgueFile.com

“Todo el mundo sabe que
el tiempo entra por los ojos”

Cortázar J., Los Premios, Ed. Cátedra, 1960.

En la pasada semana, dos noticias relacionadas con desarreglos en ese reloj biológico, conocido como circadiano, que nos permite vivir adaptados al ciclo luz/oscuridad o día/noche, dependiente de la salida y la puesta del sol, estimulan a la reflexión sobre la complejidad de la capacidad de adaptación del “medio interno” de los seres humanos a las variaciones del “medio exterior”.

La primera, con una extraordinaria repercusión mediática global, ha sido la culminación el pasado día 14 de octubre del difícil proceso de rescate de los 33 mineros atrapados, desde el 5 de Agosto. a unos 600 metros de profundidad, en la mina de cobre San José, en Copiapó, al norte de Chile . Mientras se desarrollaba el muy laborioso proceso de rescate, la revista Newsweek, bajo el título de “Sobreviviendo a la oscuridad. Cómo los 33 mineros chilenos atrapados pueden vencer el peligro de vivir sin luz solar ponía el acento en uno de los graves riesgos para la salud de los enclaustrados: la ruptura del ciclo día/noche y su conversión en una noche sin fin.

La segunda, de repercusión mediática muy limitada, aunque de interés científico y probablemente práctico, es una nota de la redacción de www.noscuidamos.com , publicada el día 13 de octubre, bajo el título de “ La luz tenue por la noche puede favorecer el aumento de peso”. En ella se da a conocer el resultado de un estudio experimental publicado en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences, en el que los participantes fueron tres grupos ratones enjaulados: uno expuesto a 24 horas de luz constante, otro a un ciclo normal luz /oscuridad, y el tercero a 16 horas de luz de día y 8 horas de luz tenue durante ocho semanas.

Lo que sucedió fue que los ratones expuestos a la luz tenue “nocturna” comieron a deshoras, ganando más peso que los animales que vivieron un ciclo normal luz/oscuridad. Pero cuando se les restringió el acceso a la comida en estas horas poco habituales, no hubo aumento de peso, lo que es interpretado por los investigadores, en el sentido de que “el momento de comer es crítico para ganar peso”. Es decir, que la tendencia a aumentar de peso se debe a que los animales expuestos a la luz tenue comieron en momentos no apropiados para un metabolismo adecuado de los alimentos ingeridos, y no a que comieran más cantidad. La conclusión ha sido que fue el cambio de los ciclos de luz y de oscuridad – hacer de la noche un día iluminado con luz tenue – es el que provocó que los animales comieran a horas inadecuadas.

Aunque la traslación del hallazgo experimental a los seres humanos es, por el momento, de largo recorrido, los autores sugieren una posible relación entre el cambio de ciclo luz/oscuridad derivada de la iluminación tenue necesaria para el uso nocturno, durante horas de la televisión y del ordenador, y el hecho de comer en horas inapropiadas para su metabolismo, con el consiguiente aumento de peso.

El reloj biológico por antonomasia es un mecanismo innato, localizado en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo que controla, “a lo largo de los trabajos y los días”, un ciclo de actividad rítmica, con intervalos aproximados de 24 horas, acompasados con el ritmo del ciclo natural, día/noche, luz/oscuridad, relacionado con la salida y la puesta del sol.

Este ritmo se ha calificado, desde 1959, como circadiano (del latín díes [día] y circa [aproximadamente]) porque es el tiempo que suele durar cuando su funcionamiento está sincronizado con la luz externa. Y también como endógeno, porque el tiempo que marca – día o noche – es elaborado en el propio organismo, ya que persiste en ausencia del estímulo exterior, que, en su caso, es la presencia o ausencia de la luz, sea solar o artificial, que “entra por sus ojos”.

Las señales luminosas del mundo exterior, captadas en la retina, llegan al núcleo supraquiasmático del hipotálamo – cuya función integrada ha sido clásicamente comparada a la de un director de orquesta – a través de un haz de fibras nerviosas (tracto retinohipotalámico) incluidas en el nervio óptico.

Los desarreglos en el reloj biológico circadiano de una persona ocurren si cuando “marca”, para el “medio interno”, que es de noche, el espacio donde ese momento transcurre su vida está iluminado, o si, por el contrario, cuando “marca” que es de día, el espacio está oscurecido. En definitiva, vivir iluminada la noche del reloj endógeno o a oscuras su día, es como vivir con las luces cambiadas.

Pero estos desarreglos del reloj circadiano no sólo afectan primariamente a la percepción que se tiene del ciclo día/noche sino también, de modo secundario, a los controles de otras funciones vegetativas ; esto es debido a las importantes interrelaciones del reloj circadiano con otros relojes biológicos que regulan otros ritmos biológicos, desde los niveles molecular, celular y genético, hasta el de los sistemas orgánicos, en su conjunto : ingestión de alimentos (ritmo saciedad/hambre) , sensación de sed , temperatura corporal, actividad metabólica, actividad sexual , etc.

Estos diversos relojes biológicos, hasta hace poco tiempo estudiados de manera aislada , ahora son investigados en sus interacciones con otros controladores de los tiempos biológicos- entre ellos los tiempos metabólicos- con el objetivo de entender mejor como el cuerpo humano, teniendo en cuenta la extraordinaria complejidad de sus múltiples funciones biológicas, puede vivir “internamente” cada día de la manera más integrada posible, y, a su vez, adaptado e integrado con su mundo exterior, su entorno natural.