Cirujano estresado

El estado de alerta del cirujano disminuye a medida que la operación se alarga, según el estudio japonés. Imagen: Thinkstock

Toma el acero el cirujano herido
Y escudriña con él la enferma parte,
Bajo las manos sangrientas sentimos,
La compasión cortante de su arte”…

(T.S. Eliot, East Coker IV, Cuatro Cuartetos)

Como cirujano, había reflexionado y escrito sobre el mito del sabio cirujano Quirón (hijo de Cronos y de la ninfa Filira), el “centauro herido”, para siempre, por una flecha envenenada lanzada por Hércules; el mismo que fuera maestro de Macaón y Podalirio, hijos de Asclepio, quienes participaron como cirujanos en la guerra de Troya (Pera.C. El cuerpo herido. Un diccionario filosófico de la cirugía. Ed. El Acantilado, 2003).

También me había interesado por la interpretación psicoanalítica del mito de Quirón, desarrollada por el psiquiatra británico Glin Bennett (The Wound and the Doctor, Sexker & Warburg, London 1987), según la cual la metafórica “herida” sufrida por el cirujano sería algo así como una asumida experiencia de sufrimiento personal, y una conciencia de vulnerabilidad, la cual le abriría el camino hacia una mayor empatía con su paciente, al saber “ponerse en su lugar” durante la intervención quirúrgica.

Pero la “herida” del cirujano no es sangrante, en sentido estricto, sino producida por el continuado y creciente estrés, esa “tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”, según el diccionario de la RAE. Un trabajo se considera estresante cuando sus exigencias psicológicas son muy elevadas, mientras que el control personal que el trabajador ejerce sobre las labores que debe realizar es mínimo o nulo.

Aunque en la cirugía del siglo XXI el espectáculo que se desarrolla en la tecnificada sala de operaciones suele ser silencioso y pausado, con el cirujano y su equipo actuando sobre un paciente ajeno al dolor, no por ello el acto quirúrgico deja de estar cargado de tensión, con mayor o menor dramatismo para ambos protagonistas, cirujano y paciente, en función del riesgo vital y de la responsabilidad que cada uno asume.

No hay que olvidar que la intervención quirúrgica es un acto de agresión con finalidad curativa o paliativa, que se describe con un metafórico lenguaje bélico, ya que durante su realización están presentes en su escenario aquellos elementos de la atmósfera de la guerra que describiera Von Clausewitz en su famoso tratado: el riesgo, el esfuerzo físico, la incertidumbre y la suerte (Karl Von Clausewitz, On War, Pellicans Books, 1980)

En consecuencia escribíamos en el 2003 en “El cuerpo herido”: el acto quirúrgico no solo induce estrés sobre el paciente (como respuesta biológica a la agresión quirúrgica) sino también sobre el cirujano. Pero así como el estrés del paciente (antes, durante y después de la operación) ha sido profusamente objetivado, el estrés del cirujano no ha sido analizado, hasta ahora, con datos objetivos acerca de esta respuesta biológica.

Y esto es lo que ha hecho un grupo de investigación del departamento de Cirugía de la universidad japonesa de Kitahyushu, en un artículo online del 15 de noviembre en Archives of Surgery, preocupados por el llamativo descenso del número de médicos recién licenciados que desean formarse como cirujanos (nada menos que una disminución del 80%, entre 1980 y 2001). Esta escasez de aspirantes a cirujanos ha condicionado, en contrapartida, un incremento en la carga de trabajo de los cirujanos en servicio y, lo que es aún más preocupante, del porcentaje de errores quirúrgicos.

El objetivo de la investigación ha sido comprobar, subjetiva y objetivamente, el estrés sufrido por los cirujanos como respuesta a su actividad quirúrgica, así como al trabajo nocturno. Han participado voluntariamente en el estudio 66 cirujanos (tan solo una mujer) con una edad media de 38 años, pertenecientes al hospital universitario y a 15 hospitales públicos de la ciudad de Kitahyushu, con más de 300 camas cada uno. La mayoría de las intervenciones quirúrgicas fueron programadas.

El análisis de las manifestaciones subjetivas del estrés fue realizado mediante dos cuestionarios, el Stress Arousal Checklist (SACL) y el NASA Task Load Index (TLX): el primero es una medida cuantitativa del grado de estrés y de los niveles de alerta de la persona estresada, y el segundo una evaluación de la carga de trabajo (mental, físico, exigencia temporal, éxito del trabajo realizado, esfuerzo y frustración). El tiempo medio de la intervención quirúrgica fue de 210 minutos.

El análisis objetivo del grado de estrés se evaluó mediante la determinación en la orina de la biopirina, que es un producto resultante del metabolismo de la bilirrubina, el pigmento que le da su color a la bilis. Considerada básicamente como un producto tóxico para las células, que debe ser degradado y eliminado por la orina, sin embargo se ha podido demostrar recientemente que la bilirrubina también funciona, beneficiosamente para el organismo, como un efectivo antioxidante contra el llamado estrés oxidativo provocado por la liberación de radicales libres de oxígeno, un fenómeno característico del síndrome de estrés sufrido por una persona. En consecuencia, los niveles de biopirina en la orina (resultantes de la acción de la bilirrubina sobre los radicales libres de oxígeno) pueden utilizarse como una demostración objetiva de los niveles del estrés sufrido por una persona, sea físico, psicológico o mixto.

Los resultados han sido los siguientes : Desde el punto de vista subjetivo, la puntuación obtenida con el cuestionario TLX (carga de trabajo) después de la operación quirúrgica puso en evidencia que el estrés aumenta con la duración del acto operatorio y, también, con la cantidad de sangre perdida por el paciente. La puntuación del cuestionario SACL (grado del estrés y estado de alerta de la persona estresada) demuestra una disminución significativa del estado de alerta del cirujano relacionada con la duración de la operación.

Desde el punto de vista objetivo, los niveles en la orina del metabolito biopirina estaban significativamente elevados después de una intervención con una duración de 210 minutos o más, así como cuando la pérdida de sangre fue de 200 cc., en adelante. También sus niveles se encontraban significativamente elevados en los cirujanos después de una noche de actividad quirúrgica.

El “cirujano herido” por el estrés es una llamativa muestra del estrés laboral crónico (el llamado “síndrome de estar quedado” ) muy preocupante desde el punto de vista social, ya que, en estos casos, el estrés está presente en un encuentro humano muy especial (el acto de la agresión quirúrgica) entre un agresor consentido por el agredido (eso sí, un consentimiento informado) y una “víctima” que acepta, consciente y paciente, dicha agresión, curativa o paliativa. Una agresión en cuyos resultados influye, sin duda, el estado de forma psicológica y física del cirujano responsable. Esta preocupación social debe traducirse, desde el punto de vista organizativo, como concluyen textualmente los autores de la investigación, en una mejora de sus condiciones de trabajo y de su calidad de vida.