humo cigarrillo

Al menos 250 de las sustancias químicas del humo de segunda mano son tóxicas. Imagen: stock.xchng

La evidencia científica ha establecido
de manera inequívoca que la exposición
al tabaco causa muerte, enfermedad
e
incapacidad”

WHO, 2009

Aunque el hábito de fumar se considera la primera causa de muerte prematura que puede ser prevenida, lo cierto es que en el año 2000, según datos recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaquismo habría provocado 5 millones de muertes en todo el mundo. Las enfermedades asociadas con el hábito de fumar que provocaron esa mortalidad global fueron, ordenadas de mayor a menor incidencia, las siguientes: enfermedad cardiovascular, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y cáncer de pulmón.

Pero en la actualidad se dispone de evidencias científicas suficientes para afirmar que estos graves riesgos para la salud y para la esperanza de vida se producen no solo en aquellas personas, con arraigado hábito de fumar, que lo hacen descarada y compulsivamente ante los demás, encendiendo su cigarrillo, su puro o su pipa, ajenos a quienes les rodean, sean niños o adultos, sino también en aquellas otras que, no fumadoras, se ven forzadas, cuando se encuentran en locales cerrados en los que se fuma “de puertas adentro”, a aspirar el humo que se desprende de los fumadores que están en su cercanía. Este fumar pasivo, es el que se denomina hoy, a propuesta de la OMS, fumar “de segunda mano”.

Como fumar de segunda mano (“second-hand smoke” o SHS) se entiende, según la OMS, a la inhalación del humo procedente de alguien que fuma, casi siempre en un espacio cerrado, tanto del humo que, desde sus pulmones, exhala el fumador. con fuerza y de manera intermitente, como también del humo que se desprende continuamente del extremo encendido del cigarrillo y, en ocasiones, de un puro o una pipa. El humo que aspira, a regañadientes, el “fumador de segunda mano”, es un humo ajeno que ya ha sido usado por el verdadero fumador, el que sería el “fumador de primera mano”. La exposición al “humo de segunda mano” tiene lugar, casi siempre, en espacios cerrados, “de puertas adentro”, ya sea en la casa en la que se vive, en los lugares de trabajo o en otros lugares cerrados pero accesibles a un público numeroso, como son bares, restaurantes, cafeterías, transportes públicos, etc. Lo cierto es que la exposición al fumar de segunda mano se ha convertido es una de las principales causas de polución en los espacios cerrados de todo el mundo.

Los grupos de población más expuestos al fumar de segunda mano son aquellos que pasan más tiempo al día en ambientes cerrados, en espacios interiores (“indoor environment”) en los que los fumadores fuman a su anchas, sin tener en cuenta la polución que provocan en el ambiente con el humo del tabaco. Cuando los padres son fumadores, los niños están muy expuestos al riesgo derivado del fumar de segunda mano en su propia casa. Lo mismo le sucede a quienes trabajan en locales de la industria de la restauración (cafeterías, restaurantes) o del ocio, en los que está permitido fumar. En la Unión Europea la exposición al fumar de segunda mano se distribuye casi por igual entre el lugar de trabajo y la casa.

Un recién publicado estudio global sobre el fumar de segunda mano patrocinado por la OMS, presentado online en The Lancet del pasado 26 de Noviembre pone de manifiesto la preocupante extensión mundial de este problema de salud, con las siguientes cifras, correspondientes a un total de 192 países: en el año 2004, el 40% de los niños, el 33% de los hombres no fumadores y el 35% de las mujeres no fumadoras estuvieron expuestos en todo el mundo al fumar de segunda mano.

Esta exposición al fumar de segunda mano habría causado en el año 2004, un total de 603.000 muertes prematuras, una cifra que representa nada menos que el 1.0% de la mortalidad global. Una mortalidad por fumar de segunda mano que se desglosa así: 379.000 por enfermedad isquémica cardíaca (enfermedad coronaria); 165.000 por enfermedad de las vías respiratorias bajas; 36.900 por asma y 21.400 por cáncer de pulmón. Desde el punto de vista del sexo de los afectados, el 47% de estas muertes debidas al fumar de segunda mano ocurrieron en la mujer, el 28% en los niños y el 26% en los hombres. El United States National Toxicology Program estima que de las sustancias químicas contenidas en el humo del fumar de segunda mano, al menos 250 son tóxicas o carcinogénicas (United States Surgeon´s General, 2006).

Ante esta grave situación, una situación que puede ser prevenida, y en un país como España que firmó, en el 2004, junto con otros 170 naciones, el Convenio Marco para el Control del Tabaco (“WHO Framework Convention on Tobacco Control”), no se justifican demoras, más o menos interesadas, en la aprobación de las ya previstas modificaciones legales, para que se cumplan las recomendaciones de la OMS (WHO Report on the global tobacco epidemic, 2009) fundamentadas científicamente:

  1. Eliminar el 100% de la polución del humo del tabaco en los ambientes cerrados es la única estrategia efectiva para reducir la exposición al fumar de segunda mano a niveles de seguridad, y de proteger a los no fumadores de los riesgos de esta exposición.
  2. La ventilación del local cerrado y la disponibilidad de áreas para fumadores NO reducen la exposición de los no fumadores al fumar de segunda mano, a un nivel seguro.
  3. Es necesario aprobar una legislación que exija que todos los locales cerrados, sean de trabajo o de acceso público, sean ambientes libres de humo de tabaco [“smoke-free environments”].
  4. La legislación debe completarse con programas de educación pública, dentro de la cultura de la salud, que subrayen los riesgos que entraña la insolidaridad social que conduce desde el fumar de puertas adentro al fumar de segunda mano.