Enfermedades crónicas

La escasez, en los países pobres, y los excesos, en los ricos, propician la prevalencia de las enfermedades crónicas. Imagen: Thinkstock

The growing burden of chronic non-communicable conditions cannot
be ignored, particularly since these
also disproportionately affect the poor

Symposium “Prioritising Chronicity”.
March 2010
Monash Global Public Health, Malaysia

El incremento global de la esperanza de vida, con el consiguiente envejecimiento de la población, se asocia con un preocupante aumento de las enfermedades crónicas, entre las que predominan las enfermedades cardiovasculares, la obesidad, la diabetes, el cáncer y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Este incremento global de las enfermedades crónicas, que ha sido ya calificado de pandemia, y cuyas características están en estrecha relación con el grado de desarrollo del país, comporta una creciente elevación del coste económico de los sistemas de salud. Dado que estos sistemas han sido diseñados desde la perspectiva de la asistencia médica a las enfermedades agudas, su sostenibilidad financiera se halla en grave riesgo.

En un Informe publicado en el Annual Review of Public Health (Vol. 11: 267-296) titulado Chronic Disease in the 1990s, ya se hacía constar que el coste económico de las enfermedades crónicas, por aquellas fechas, había alcanzado en los Estados Unidos los 600 billones de dólares, de un total de un trillón de dólares dedicado a la asistencia médica (medical care).

La conclusión era que el sistema de asistencia médica de los EE.UU. estaba mejor estructurado para tratar las enfermedades agudas, de corta duración, que para la asistencia de los numerosos pacientes con enfermedades crónicas, salpicadas de episodios agudos, que eran superados, una y otra vez, con eficaces y costosos tratamientos, mientras que la enfermedad seguía su lento y progresivo curso.

La diferencia entre ambas formas evolutivas del enfermar estriba en que, así como en las enfermedades agudas el paciente busca la asistencia médica con la esperanza de una curación definitiva o, en el peor de los casos, con el temor de la muerte, en las enfermedades crónicas la asistencia médica trata los episodios agudos que se producen, en serie, durante su prolongada evolución clínica a lo largo de toda una vida, con una incierta etiología y, casi siempre, sin esperanza de curación definitiva. En su mayoría, las enfermedades crónicas son enfermedades no-contagiosas (non-communicable diseases), que surgen como resultado de la conjunción de factores relacionados con el estilo de vida, como son el sedentarismo, las dietas insaludables, y el abuso del tabaco y del alcohol.

Un reciente informe de la OMS identifica, desde una perspectiva global, una serie factores de riesgo asociados con enfermedades crónicas: hipertensión arterial, tabaco, glucosa elevada en sangre, inactividad física, sobrepeso u obesidad, hipercolesterolemia, sexo inseguro y bajo peso infantil. Por lo demás, en los países con renta elevada a estos factores se añaden la dieta escasa en frutas y verduras, la polución urbana, el abuso del alcohol, y los riesgos laborales, mientras que en los países de renta baja los factores de riesgo más específicos son el bajo peso infantil, el sexo inseguro, la deficiente higiene, la polución de las aguas bebidas y la escasa lactancia materna. En suma, en los países ricos los factores de riesgo son consecuencia del exceso, de la desmesura en el estilo de vida, mientras que en los países pobres los factores de riesgo predominantes se derivan de la escasez y de la pobreza.

Debido a esta creciente preocupación por la pandemia de las enfermedades crónicas, la revista The Lancet viene publicando una serie de interesantes reflexiones sobre la cuestión. La más reciente, en forma de comentario titulado “Rethinking health-care system: a focus on chronicity(‘Repensando los sistemas de salud: atención a la cronicidad’), firmado por miembros de las Universidades de Malaysia y de Ghana, y de la London School of Economics and Political Science, analiza, desde la perspectiva de los países de renta moderada o baja, la relación del incremento de las enfermedades crónicas con la distorsión de los sistemas de salud y con el desarrollo económico de los países. Como soluciones recomiendan la implicación de las comunidades en el problema que plantea la conjunción envejecimiento y enfermedades crónicas y, sobre todo, una mayor utilización de la asistencia primaria para reducir los costes de su tratamiento.

Previamente, The Lancet inició, en su número del 13 de noviembre, una serie de artículos bajo el encabezamiento general “Chronic Diseases: Chronic Diseases and Development“, con el texto titulado “Raising the priority of preventing chronic diseases: a political process” (‘Dando mayor prioridad a la prevención de las enfermedades crónicas: un proceso político‘). En este extenso y bien documentado artículo, el mensaje básico es la necesidad de poner sobre la mesa la estrecha y olvidada relación entre las enfermedades crónicas y el estado de desarrollo de un país, desde los muy ricos a los muy pobres, unas derivadas predominantemente de los excesos y otras de los defectos. Los autores concluyen que la solución global es más política que técnica, y debe estar basada en el análisis de sus complejas causas y en una estrategia preventiva en la que debe ser prioritaria la corrección de los factores sociales que facilitan su emergencia en la sociedad y, por otra parte, en programas de educación acerca de la cultura de la salud.

Este análisis pone en evidencia la especial relación entre la moderación (o, en su contrario, el exceso) y la salud del ser humano. En el año 2008 escribíamos en nuestro libro El cuerpo silencioso. Ensayos mínimos sobre la salud (Ed. Triacastela, Madrid) “la moderación como reguladora de los apetitos y de las pasiones, en lo que se refiere al logro y al mantenimiento del estado de salud, sólo es una opción asumible desde la suficiencia o el exceso de recursos y no desde la pobreza o la indigencia. Por el contrario, la abundancia de recursos abre el erróneo camino que puede conducir al exceso de la obesidad, así como de otros muchos excesos y defectos, como la inactividad física. En este mundo hendido en dos mitades, la de la riqueza y la de la pobreza, es muy difícil, aunque necesario y urgente, sobre todo para el mundo de la abundancia que propicia el exceso, recuperar para la cultura de la salud el viejo concepto griego de la moderación (sophrosyne), entendida ésta como una actitud racional, positiva y sensata, cuya pretensión es atenuar el deterioro biológico del cuerpo, así como su vulnerabilidad, para asegurarse, a lo largo de sus trabajos y sus días, la mejor calidad de vida posible, hasta el cumplimiento de su caducidad.”