Pareja mayor desayunando

La actividad sexual de los ancianos va estrechamente ligada a su estado general de salud. Imagen: Thinkstock.

“El amor, cuyo poder siente la juventud, se aviene
mal con la vejez, al igual que todo
lo que supone
productividad.
Que ésta se conserve con los años
constituye un caso raro”.

J. W. Goethe, “Máximas y reflexiones”

“Sexuality is an important component of overall
wellbeing for both young and older adults”.

Comfort A. Clin Geriatr Med. 1991 Feb; 7(1):1-7.


Cicerón, en su clásico diálogo “Sobre la vejez” (De senectute) enumera las cuatro razones que aducen los que encuentran miserable a esta etapa de vida: “Una, porque debilita el cuerpo; otra, porque nos aparta de los negocios ; la tercera porque priva de casi todos los placeres y la cuarta, porque no dista mucho de la muerte” (Pera, C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Triacastela, Madrid, 2006). Uno de los placeres a los que se refiere Cicerón es el placer o deleite venéreo (“venerĕus voluptatés”).

Entre los placeres que contribuyen a ese bienestar global que se entiende como estado de salud – que es algo así como una difícil y equilibrada conjunción entre el bienestar físico, el mental y el social – se encuentra el que tiene su origen en la actividad sexual. Es indudable que la búsqueda de este placer en la ancianidad, pasados, al menos, los 70 años de edad, exige vivir con un buen estado de salud, sin enfermedades crónicas y, si fuera necesario, sin el apropiado y eficiente tratamiento que es posible en nuestro tiempo.

Esta no era la situación en los años en los que que J. W. Goethe escribió la máxima con la que abrimos esta reflexión, por lo que tenía razones para afirmar que eran raros los ancianos en los que se conservaba esa “productividad”… para el amor. Aunque es probable que éste no fuera su caso, dado que fue en 1823, cumplidos los 74 años, cuando hizo una propuesta formal de matrimonio a Ulrike von Levetzow, de 17 años de edad, cuyo rechazo inspiró al poeta la muy bella y dolorida Elegía de Marienbad (“Si es el amor el que al amante inspira nadie más inspirado que yo mismo”).

En nuestro tiempo, debe ser modificada la visión clásica de la vejez como la de un cuerpo progresivamente debilitado por los años, convertido socialmente en sujeto pasivo, un cuerpo que, con demasiada frecuencia, vive en soledad, con sus achaques, en el que, en la historia de cada día, predominan los momentos solitarios y dolorosos sobre los que llegan a ser placenteros (Cristóbal Pera, El envejecimiento global, un reto para el siglo XXI, en la web de la Fundació Pasqual Maragall).

En el año 2008, comentabamos en este blog un artículo publicado en The American Journal of Medicine en el cual se llegaba a la conclusión de que “la práctica regular del acto sexual en los hombres con 55 o más años de edad, parece tener un impacto beneficioso sobre la salud en general y sobre la calidad de vida”.

El artículo que motiva la reflexión de esta semana ha sido publicado, por miembros del Centre for Health and Ageing de la Universidad de Western Australia, en Annals of Internal Medicine, bajo el título Prevalence of Sexual Activity and Associated Factors in Men Aged 75 to 95 Years, y acota la investigación de la actividad sexual a la ancianidad plena, es decir, entre los 75 y los 95 años.

El objetivo de la investigación ha sido determinar la proporción de ancianos que son sexualmente activos y explorar los factores que pueden predecir la actividad sexual a esas edades. Han participado en el estudio 3.274 hombres con edades comprendidas entre 75 y 95 años; el 75.5% de los participantes estaban casados, o con una relación similar, y la mayoría (74,3%) vivía con una pareja.

La investigación se realizó mediante el envío de cuestionarios con preguntas relacionadas con factores médicos y sociales de su historia personal entre los años 1996-1999, 2001 to 2004, y 2008 to 2009. Los niveles de la testosterona fueron medidos entre 2001-2004 y la actividad sexual fue evaluada por cuestionario entre 2008-2009.

Los resultados fueron los siguientes: el 85% de los participantes facilitaron datos acerca de su actividad sexual y de éstos, el 48.8% la consideraba algo importante para su vida, mientras que el 30.8% había tenido al menos un encuentro sexual en el último año. De estos, un 56,5% estaba satisfecho con la frecuencia de su actividad sexual, mientras que el 43.0% hubiera deseado una mayor actividad. De acuerdo con los resultados de otros trabajos, la proporción de hombres ancianos sexualmente activos disminuye cuando se acumulan los años.

El análisis combinado de todos los datos obtenidos demostró: a) La edad avanzada, la falta de interés y las limitaciones fisicas de su pareja, la osteoporosis, el cáncer de próstata, la diabetes , el uso de medicación antidepresiva y de antihipertensivos bloqueantes de la enzima convertidora de la angiotensina I en angiotensina II se asociaron, de manera independiente, con la disminución de la actividad sexual; b) Los niveles elevados en sangre de la hormona testosterona se asociaron con una mayor probabilidad de mantenerse sexuualmente activo en la ancianidad.

La conclusión de los autores es que la mitad de los hombres ancianos participantes – la mayoría con buen estado de salud para su edad – consideran que es importante la actividad sexual a su edad, y una tercera parte se mantiene sexualmente activa. Por el contrario, en los ancianos con problemas de salud, como la diabetes y la depresión y los muy medicados, cesa la actividad sexual. Aunque un factor muy determinante de la actividad sexual del anciano es que el interés de su pareja por el sexo y las condiciones físicas de ésta, los resultados de la encuesta demuestran que la primera razón para el cese de la actividad sexual en el hombre anciano es su mala salud.

Sea como sea, el hombre anciano que busque los placeres sexuales (los aphrodisia), cuando ya siente en su cuerpo que se acelera el deterioro biológico del envejecimiento, y más todavía cuando éste deterioro se combina con alguna enfermedad cardiovascular, debe evitar el defecto como el exceso, comportamientos ambos contrarios al mantenimiento de una buena salud. Esto puede conseguirse mediante el ejercicio de la sensatez o moderación, ya que como nos recuerda Aristóteles en su Ética Nicomáquea, “en el dominio de los placeres y dolores – no de todos, y en menor grado por lo que respecta a los dolores – el término medio es la moderación (sophrosyne) y el exceso, es la intemperancia [akolasia] o falta de templanza.” (Pera, C. El cuerpo silencioso. Ensayos mínimos sobre la salud. Pags. 260-263, Ed. Triacastela, Madrid, 2008).


El amor, cuyo poder siente la juventud, se aviene

mal con la vejez, al igual que todo lo que supone

productividad. Que ésta se conserve con los años

constituye un caso raro.

J. W Goethe, Máximas y reflexiones

Sexuality is an important component of overall

wellbeing for both young and older adults .

Comfort A, Clin Geriatr Med. 1991 Feb;7(1):1-7.