Hombre fumando en casa

Fumar en casa pone en riesgo la salud del resto de miembros de la familia, en especial la de los niños. Imagen: Thinkstock

“La evidencia científica ha establecido
de manera inequívoca que la exposición
al tabaco causa muerte, enfermedad
e incapacidad”

OMS, 2009

No pocos de los argumentos contra
el tabaco carecen de rigor científico…”

Francisco Rico,
de la Real Academia Española

El pasado 7 de Diciembre, tras recordar que en el año 2000 -según la Organización Mundial de la Salud (OMS)- el tabaquismo habría provocado 5 millones de muertes en todo el mundo, llamamos la atención sobre los graves riesgos que para la salud representa también el fumar pasivo o fumar de segunda mano (a propuesta de la OMS). Esto es lo que le sucede a las personas no fumadoras cuando se encuentran en locales cerrados de uso público, como los de la industria de la restauración, donde aspiran el humo ambiental que se desprende de los fumadores.

Según datos de la Unión Europea, la exposición al fumar de segunda mano se distribuye casi por igual entre el lugar de trabajo y la casa, espacio privado en el que el mayor riesgo de inhalación del humo y sus nocivas consecuencias lo suelen sufrir los niños.

Un estudio realizado en un total de 192 países, patrocinado por la OMS, y presentado online en la revista The Lancet del pasado 26 de Noviembre , muestra que, en el año 2004, el 40% de los niños, el 33% de los hombres no fumadores y el 35% de las mujeres no fumadoras estuvieron expuestos, en todo el mundo, al fumar de segunda mano. Esta exposición involuntaria habría causado en dicho año un total de 603.000 muertes prematuras, una cifra que representa nada menos que el 1.0% de la mortalidad global.

A la vista de estos datos concluíamos el texto del blog con dos recomendaciones:

a) Es necesario aprobar una legislación que exija que todos los espacios cerrados, de trabajo o de acceso público, sean ambientes libres de humo de tabaco.

b) La legislación debe complementarse con programas de educación pública en el ámbito de la cultura de la salud, que subrayen los riesgos que entraña la insolidaridad social que conduce desde el fumar de puertas adentro al fumar de segunda mano.

El 30 del pasado Diciembre era aprobada la Ley 42/2010 que modifica la Ley 28/2005 de medidas sanitarias contra el tabaquismo, en la que se incluía la prohibición de fumar en una serie de espacios cerrados de uso público.

Las reacciones contra esta prohibición han sido inmediatas por parte de los fumadores y de los negocios especialmente afectados, como bares y restaurantes. Entre todas, ha llamado especialmente la atención la de un prestigioso miembro de la Real Academia Española, el profesor Francisco Rico, publicada en la sección Tribuna, del diario El País del 11 de Enero, bajo el título “Teoría y realidad de la ley contra el fumador”.

Nada más iniciar su lectura, salta a la vista que se trata de un texto escrito desde la irritación y la indignación del autor contra las prohibiciones establecidas por la Ley, como lo demuestra la dureza del castellano utilizado contra sus redactores al calificar sus actitudes (estolidez y vileza) “a la hora de elaborar la lista de los espacios vedados al tabaco”. El texto comienza con una rotunda descalificación de los argumentos científicos empleados contra el tabaco, así como con la denuncia de “las actuales insuficiencias de la investigación”. El artículo termina con un post scriptum en el que el profesor Rico afirma textualmente: “En mi vida he fumado un solo cigarrillo”.

La indignación contra la Ley y sus redactores, así como la negación explícita de ser un fumador (tal como se hace en los textos científicos para descartar cualquier “conflicto de interés”) han desencadenado una serie de réplicas, también irritadas, que han culminado en una respuesta de la defensora del lector (El País 16/01/2011) bajo el duro título “La impostura de un fumador” en la cual se afirma que “las licencias literarias no pueden amparar la mentira en una tribuna de opinión”.

Sin embargo, en un segundo y breve artículo del profesor Rico, titulado “Sobre la prohibición del tabaco” (El País, 19/01/2011) aparece un nuevo e interesante dato que nos permite conocer la principal fuente de información del discurso que le lleva a negar, de entrada, el pan y la sal a las evidencias científicas sobre lo dañino del hábito de fumar.

Se trata de un breve artículo publicado en la British Academy Reviews (número 11/ 2008) titulado The Effect of Taxes and Bans on Passive Smoking (“El efecto de los impuestos y las prohibiciones sobre el fumar pasivo”) , firmado por Jerôme Adda y Francesca Cornaglia (no Roncaglia como se cita en el texto del profesor Rico), reader del Departamento de Economía del University College, y post-doctoral fellow de la Queen Mary University en Londres, respectivamente.

Este artículo es un breve resumen de uno mucho más extenso, de 28 páginas, con el mismo título, publicado como monografía por el Institute for Fiscal Studies,Departament of Economics del Univesity College de Londres.

El objetivo del extenso estudio es evaluar los efectos alternativos de la subida de impuestos sobre los cigarrillos y de la prohibición de fumar en lugares públicos y cerrados, sobre el número de fumadores pasivos. Para cuantificar el número de no fumadores expuestos al fumar pasivo los autores determinan en una gran población de los EEUU, y a largo plazo, la concentración de la cotinina, un metabolito de la nicotina inhalada por el fumador de segunda mano.

El hallazgo de los economistas británicos, especialmente interesados en problemas fiscales, es que “mientras la prohibición de fumar en los transportes públicos y en las escuelas disminuye la exposición al humo del tabaco de los no fumadores, la prohibición de fumar en espacios cerrados y públicos dedicados al ocio incrementa perversamente el número de afectados por el fumar pasivo, al desplazar estos fumadores a sus espacios privados –su vivienda– donde contaminan a los no fumadores, de modo especial a los niños pequeños”.

La conclusión de Jerôme Adda y Francesca Cornaglia citada por el profesor Rico es que sus resultados cuestionan la eficacia de las prohibiciones que tienen como objetivo reducir la exposición al humo de los no fumadores. En opinión de los investigadores británicos, la política de la prohibición induciría cambios en la conducta de los fumadores, que trasladarían los efectos nocivos del fumar pasivo al ámbito privado de sus casas, y, sobre todo, a sus propios hijos.

Pues bien, este hallazgo epidemiológico, no es un argumento contra la aprobada modificación de la Ley contra el tabaquismo, sino una importante llamada de atención sobre el hecho de que las prohibiciones no son suficientes, sino que es necesario complementarlas con programas de educación para la salud, con el objetivo de conseguir que la mayoría de la población viva en el ámbito de una cultura de la salud que es, al fin y al cabo, la cultura del cuerpo (Pera, C. El cuerpo silencioso, Ensayos mínimos sobre la salud, Págs 189-191, Ed. Triacastela, 2009)

Porque, en el fondo, no deja de ser el resultado de una penosa incultura acerca de la salud, trasladar los riesgos del fumar pasivo desde el espacio cerrado y público al espacio privado, por estar libre de estas prohibiciones, allí donde se convive con adultos no fumadores y, de modo especial, con niños pequeños.

Solo una educación pública y persistente en la cultura de la salud (Pera, C., Por una cultura de la salud, El País, 13 Sept. 2008), a todos los niveles sociales, que ponga de manifiesto las evidencias científicas de los efectos nocivos del fumar, podrá conseguir que aquellos fumadores que se limitan a modificar su conducta ante la prohibición de fumar en espacios cerrados y públicos, fumando más en el espacio privado de su vivienda, tomen conciencia de que el daño potencial que antes podrían causar a personas desconocidas, ahora lo infligirían a su familia.