Imagen de una sinapsis

Imagen de una sinapsis.

“Plástico: (Del lat. plastĭcus,
y este del gr. πλαστικός):
Capaz de ser modelado”

DRAE

En el libro Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana (Editorial Triacastela, Madrid, 2006) dejamos escrito en su Introducción: Pensar desde el cuerpo es pensar desde nuestro espacio corporal, ya que es esa corporeidad biológica el ámbito real donde se despliega el lenguaje y el pensamiento”.

El pasado 4 de noviembre en la Real Academia Nacional de Medicina, en una conferencia titulada también Pensar desde el cuerpo, dentro del ciclo “Medicina y Humanidades”, añadíamos: Pensar desde el cuerpo es aceptar que nuestro pensamiento surge en el propio espacio corporal en el que “nos sentimos vivos”, ya que es en esa corporeidad biológica desde donde nace y se despliega el lenguaje, verbal y corporal, la conciencia del yo personal y, en definitiva, el pensamiento. Para cerrar nuestras reflexiones con las siguientes palabras: ¿Puede negarse, sin más, que el alma o el espíritu que alienta el cuerpo humano mientras vive –“el lugar en el que nos jugamos la vida” – con su enorme capacidad creativa de “hechos”, así como de los “valores” derivados de estos hechos, mediante las inaprensibles palabras, las manos, el pensamiento y el cuerpo entero en movimiento, emergió y emerge cada día de ese mismo cuerpo?

¿Puede negarse que todo es fruto de una misteriosa alquimia, cuyos detalles íntimos se nos van revelando con una enorme lentitud, una alquimia que ocurre, en el mayor de los silencios, en el espacio biológico en el que asienta la persona y, de manera preferencial, en su cerebro? Yo no me atrevería a negarlo”.

Dos artículos publicados online el 30 del pasado enero, en la revista Nature neuroscience, en los que las palabras claves son la sinapsis, y su plasticidad, así como los genes y las numerosas proteínas que éstos expresan, íntimamente relacionadas con la función sináptica, aportan apasionantes datos sobre esa misteriosa alquimia sobre la que asienta ese pensar desde el cuerpo.

En el primer artículo titulado “Nuevos aspectos del Arc, un regulador principal de la plasticidad sináptica”, J. D. Shepherd y M. F. Bear, del Howard Hughes Medical Institute, en Cambridge, Massachussets, EE. UU., tratan de profundizar en el conocimiento de los mecanismos que hacen posible que las sinapsis (Del gr. σύναψις, unión, enlace., definidas como “relaciones funcionales, de contacto, entre las terminaciones de las neuronas”, según el DRAE), puedan ser continuamente modificadas, en función de las experiencias que vaya adquiriendo la persona.

La plasticidad define, pues, a la capacidad sináptica de modificarse y modelarse continuamente, para abrir y activar una variedad casi infinita de posibles circuitos neuronales, como respuesta adaptativa a los nuevos datos aportados por la experiencia que le llega continuamente del mundo exterior. Esta plasticidad sináptica es el fundamento de la memoria, a corto y largo plazo, del aprendizaje y, en resumidas cuentas, de la función cognitiva. Porque el cerebro almacena y procesa la información del mundo circundante a través de las conexiones sinápticas establecidas entre redes de neuronas; y el almacenamiento a largo plazo de la información, es decir la memoria, depende de la síntesis rápida, en las sinapsis estimuladas, de nuevas proteínas, y de los ARN que las traducen a partir de los genes correspondientes.

Imagen de una neurona

Imagen de una neurona.

Es en las sinapsis que se modelan, siempre que sean estimuladas, donde hacen su aparición numerosas proteínas , y sus genes, cuya presencia es fundamental para su plasticidad; muchas de ellas conformando neurotransmisores y receptores que funcionan en el espacio sináptico. Unas proteínas que se sintetizan no solo en el núcleo de las neuronas , si no también en sus dendritas , que son esas arborizaciones del cuerpo neuronal –además del solitario y largo axon– que establecen innumerables sinapsis con otras neuronas.

Esta plasticidad es regulada en la vertiente pre-sináptica (de donde procede el “mensaje”) mediante la liberación de neurotransmisores , y en la vertiente post-sináptica (donde se recibe el “mensaje”) a través de la modificación del número, tipo y propiedades de los receptores en los que “encajan” los neurotransmisores. Es, concretamente, en la regulación de esta plasticidad sináptica donde juega un papel central la proteína Arc (siglas derivadas de activity regulated cytoskeleton), que se localiza en las sinapsis de las dendritas , una vez ha sido transcrita del gen Arc por el ARN correspondiente. La complejísima función neurobiológica de esta proteína es exhaustivamente analizada en el trabajo que comentamos, ya que su alteración puede tener graves consecuencias para la función cognitiva.

En el segundo artículo titulado “Caracterización del proteoma, enfermedades y evolución de la densidad post-sináptica humana” por Álex Sayés y colaboradores, del Welcome Trust Sanger Institute , en el Reino Unido, el objetivo de la investigación ha sido también las sinapsis y las numerosas proteínas que en ellas se acumulan , cuyas alteraciones podrían ser responsables de múltiples enfermedades neurológicas y psiquiátricas. En la mitad post-sináptica de biopsias extraídas de la corteza cerebral humana (la mitad que recibe el mensaje, conocida como “densidad post-sináptica”) los autores identifican el total de proteínas allí acumuladas (su proteoma) y encuentran nada menos que 1.461 proteínas activas.

Cuando se confrontan los genes que expresan estas proteínas sinápticas con una lista de aquellos genes que han sido relacionados con enfermedades neurológicas o psiquiátricas, se comprueba que 133 de éstas enfermedades se asocian con alteraciones (mutaciones) de las proteínas detectadas en las sinapsis. En resumidas cuentas, la sinapsis es una muy importante estructura para el funcionamiento óptimo del sistema nervioso central y para la conducta humana.

Como se hace patente en los dos artículos comentados, la misteriosa alquimia del pensar desde el cuerpo va desvelando muy lentamente algunas de sus secretas fórmulas, aunque, bien es verdad que con la extrema dificultad que supone que su búsqueda y su comprensión tenga que hacerse mediante la misma alquimia.

Pensar desde el cuerpo exige plasticidad en las sinapsis y numerosas proteínas

Plástico: (Del lat. plastĭcus,

y este del gr. πλαστικός):

Capaz de ser modelado

[DRAE]

En el libro Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana [ Editorial Triacastela, Madrid, 2006] dejamos escrito en su Introducción : Pensar desde el cuerpo es pensar desde nuestro espacio corporal, ya que es esa corporeidad biológica el ámbito real donde se despliega el lenguaje y el pensamiento”.

El pasado 4 de noviembre en la Real Academia Nacional de Medicina, en una conferencia titulada también Pensar desde el cuerpo, dentro del ciclo “Medicina y Humanidades” (http://www.ranm.es/sesiones-y-actos/sesiones-extraordinarias/1218-sesion-del-4-de-noviembre-de-2010.html), añadíamos: Pensar desde el cuerpo es aceptar que nuestro pensamiento surge en el propio espacio corporal en el que “nos sentimos vivos”, ya que es en esa corporeidad biológica desde donde nace y se despliega el lenguaje, verbal y corporal, la conciencia del yo personal y, en definitiva, el pensamiento. Para cerrar nuestras reflexiones con las siguientes palabras: ¿Puede negarse, sin más, que el alma o el espíritu que alienta el cuerpo humano mientras vive – “el lugar en el que nos jugamos la vida” – con su enorme capacidad creativa de “hechos”, así como de los “valores” derivados de estos hechos, mediante las inaprensibles palabras, las manos, el pensamiento y el cuerpo entero en movimiento, emergió y emerge cada día de ese mismo cuerpo ?

¿Puede negarse que todo es fruto de una misteriosa alquimia, cuyos detalles íntimos se nos van revelando con una enorme lentitud, una alquimia que ocurre, en el mayor de los silencios, en el espacio biológico en el que asienta la persona y, de manera preferencial , en su cerebro? Yo no me atrevería a negarlo”.

Dos artículos publicados online el 30 del pasado enero, en la revista Nature neuroscience, en los que las palabras claves son la sinapsis , y su plasticidad, así como los genes y las numerosas proteínas que éstos expresan, íntimamente relacionadas con la función sináptica, aportan apasionantes datos sobre esa misteriosa alquimia sobre la que asienta ese pensar desde el cuerpo.

En el primer artículo titulado “Nuevos aspectos del Arc, un regulador principal de la plasticidad sináptica” [http://www.nature.com/neuro/journal/vaop/ncurrent/abs/nn.2708.html] , JD Shepherd1 y M F Bear1, del Howard Hughes Medical Institute, en Cambridge,Mass.USA, tratan de profundizar en el conocimiento de los mecanismos que hacen posible que las sinapsis [Del gr. σύναψις, unión, enlace., definidas como “relaciones funcionales, de contacto, entre las terminaciones de las neuronas”, según el DRAE] , puedan ser continuamente modificadas, en función de las experiencias que vaya adquiriendo la persona.

La plasticidad define, pues, a la capacidad sináptica de modificarse y modelarse continuamente, para abrir y activar una variedad casi infinita de posibles circuitos neuronales, como respuesta adaptativa a los nuevos datos aportados por la experiencia que le llega continuamente del mundo exterior. Esta plasticidad sináptica es el fundamento de la memoria, a corto y largo plazo, del aprendizaje y, en resumidas cuentas, de la función cognitiva. Porque el cerebro almacena y procesa la información del mundo circundante a través de las conexiones sinápticas establecidas entre redes de neuronas; y el almacenamiento a largo plazo de la información, es decir la memoria, depende de la síntesis rápida, en las sinapsis estimuladas , de nuevas proteínas, y de los ARN que las traducen a partir de los genes correspondientes.

Es en las sinapsis que se modelan, siempre que sean estimuladas, donde hacen su aparición numerosas proteínas , y sus genes, cuya presencia es fundamental para su plasticidad; muchas de ellas conformando neurotransmisores y receptores que funcionan en el espacio sináptico. Unas proteínas que se sintetizan no solo en el núcleo de las neuronas , si no también en sus dendritas , que son esas arborizaciones del cuerpo neuronal – además del solitario y largo axon – que establecen innumerables sinapsis con otras neuronas.

Esta plasticidad es regulada en la vertiente pre-sináptica [de donde procede el “mensaje”] mediante la liberación de neurotransmisores , y en la vertiente post-sináptica [donde se recibe el “mensaje”] a través de la modificación del número, tipo y propiedades de los receptores en los que “encajan” los neurotransmisores. Es, concretamente, en la regulación de esta plasticidad sináptica donde juega un papel central la proteína Arc [siglas derivadas de activity regulated cytoskeleton] , que se localiza en las sinapsis de las dendritas , una vez ha sido transcrita del gen Arc por el ARN correspondiente. La complejísima función neurobiológica de esta proteína es exhaustivamente analizada en el trabajo que comentamos, ya que su alteración puede tener graves consecuencias para la función cognitiva.

En el segundo artículo titulado “Caracterización del proteoma, enfermedades y evolución de la densidad post-sináptica humana” [http://www.nature.com/neuro/journal/v14/n1/abs/nn.2719.html] para Álex Sayés y colaboradores, del Welcome Trust Sanger Institute , en el Reino Unido, el objetivo de la investigación ha sido también las sinapsis y las numerosas proteínas que en ellas se acumulan , cuyas alteraciones podrían ser responsables de múltiples enfermedades neurológicas y psiquiátricas. En la mitad post-sináptica de biopsias extraídas de la corteza cerebral humana [la mitad que recibe el mensaje, conocida como “densidad post-sináptica”] los autores identifican el total de proteínas allí acumuladas [ su proteoma] y encuentran nada menos que 1.461 proteínas activas.

Cuando se confrontan los genes que expresan estas proteínas sinápticas con una lista de aquellos genes que han sido relacionados con enfermedades neurológicas o psiquiátricas, se comprueba que 133 de éstas enfermedades se asocian con alteraciones [mutaciones] de las proteínas detectadas en las sinapsis. En resumidas cuentas, la sinapsis es una muy importante estructura para el funcionamiento óptimo del sistema nervioso central y para la conducta humana.

Como se hace patente en los dos artículos comentados, la misteriosa alquimia del pensar desde el cuerpo va desvelando muy lentamente algunas de sus secretas fórmulas, aunque, bien es verdad que con la extrema dificultad que supone que su búsqueda y su compresión tenga de hacerse mediante la misma alquimia.