Señora mayor en el supermercado

La mayoría de supermercados no tienen en cuenta lo difícil que es para los mayores llegar a las estanterías altas. Imagen: Thinkstock

“Aging es a multidisciplinary
phenomenon”

Joseph F. Coughlin

“El cuerpo se derrumba
desde encima de sí…”.

José Ángel Valente

“Como quiera que en nuestro tiempo se incrementa la esperanza de vida, abundarán cada día más los cuerpos viejos. Frente a la discriminación sistemáticamente negativa de la vejez del cuerpo, hay que hacer una decidida apuesta por crear las condiciones más apropiadas para su bienestar físico, mental y social”. Esto escribíamos textualmente en el capítulo “De la vejez del cuerpo” del libro Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana (Ed. Triacastela, Madrid. 2006).

Es cada día más evidente que, ante el envejecimiento global de la población, el diseño actual de los espacios, tanto privados como públicos, en los que se desenvuelve la vida de los mayores de 65 años –el espacio vital cotidiano–, así como de los innumerables objetos allí ofrecidos para su uso y consumo, no es el apropiado para sus cuerpos envejecidos, en los que se inicia una disminución paulatina de su capacidad física.

Un espacio vital seguro –que incluye el continente y los contenidos– debe ser entendido como aquel que no solo no presenta dificultades ni riesgos para quienes lo usan diariamente, sino que, por el contrario, ofrece máximas facilidades para poder vivir, en todas las edades, una vida con la mayor seguridad y calidad posibles.

“No es fácil ser anciano” (It´s not easy being gray) es precisamente la frase con la que se inicia un artículo publicado en The New York Times del 5 de febrero, firmado por Natasha Singer, una colaboradora que habitualmente se ocupa del análisis de las industrias de la salud y farmacéutica, bajo el título, en principio sorprendente “En una población encanecida, oportunidad para los negocios” (In a Graying Population, Business Opportunity).

El artículo del NYTimes se ocupa de la reciente fundación, por Joseph F. Coughlin, en el muy prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) del AGELAB, un “laboratorio de la edad” cuya finalidad es integrar negocio, innovación y tecnología , para intentar resolver “la paradoja de que habiendo conseguido la Humanidad, a lo largo del siglo XX, el sueño de aumentar la esperanza de vida, no se haya planteado analizar y eliminar los efectos nocivos que sobre el cuerpo envejecido ejerce el diseño del entorno en el que se ve obligado a vivir sus días”.

Para conseguir el objetivo principal, que es convencer a la industria de que a la hora de diseñar el espacio vital, para los ciudadanos y sus contenidos, tenga muy en cuenta el creciente aumento de la población con más de 65 años, la mayoría con alguna disminución de las capacidades físicas que poseía en la juventud y la madurez, el AGELAB ha diseñado y fabricado un traje muy especial, denominado AGNES.

El AGNES (siglas de Age Gain Now Empathy System), una vestimenta (empathy suit) muy parecida, a primera vista, a la de un astronauta, tiene como objetivo que, al ser utilizada por promotores de espacios y de productos para uso y consumo (desde el producto en sí a su empaquetado) . así como por diseñadores ingenieros, expertos en mercados, planificadores de espacios urbanos, etc. , todos tomen consciencia, “poniéndose en su lugar”, de las dificultades físicas asociadas con el envejecimiento del cuerpo, para el vivir cotidiano.

El AGNES consiste básicamente de un casco, que al estar fijado por la espalda, mediante cuerdas, a un arnés pélvico, entorpece los movimientos del cuello y de la columna, de gruesas rodilleras que limitan la flexión de las rodillas, así como de un par de bandas elásticas, entre el arnés y cada brazo, que frenan su elevación, como, por ejemplo, la necesaria para coger un objeto de una estantería elevada.

Unas gafas que nublan algo la visión y unos gruesos guantes que disminuyen la habilidad manual, completan este dispositivo. Las interferencias que la utilización de esta extravagante vestimenta provoca en una persona normal con menos de 65 años de edad, han sido calibradas de tal modo que con su uso ésta comprenda cuales serán, probablemente, sus capacidades físicas (motoras, visuales, de flexibilidad, destreza y fuerza) en la séptima década de la vida: dificultades, por ejemplo, para empinarse o agacharse para coger objetos situados en las alturas o en el suelo, o bien para subir altos escalones.

Hasta ahora el AGNES ha sido utilizado para deducir el diseño apropiado para vivir la vejez en la casa, en el transporte público, en los automóviles, en los lugares de trabajo y de ocio, así como en otros entornos de la vida cotidiana. El AGELAB ha construido también en sus instalaciones un mini-supermercado donde, la persona vestida con el AGNES pueda comprobar las dificultades que los cuerpos envejecidos sufren para alcanzar objetos lejos del alcance de sus manos, por estar colocados en elevadas o en bajas estanterías.

El mensaje del AGELAB es claro: el progresivo envejecimiento de la población hace cada día más necesario que las compañías industriales que fabrican todo aquello que conforma el espacio vital de los ciudadanos, así como sus contenidos, tengan en cuenta que un segmento cada día más amplio de la población, se encuentra en proceso de envejecimiento.

Esta toma de conciencia debe concretarse en nuevos diseños del espacio vital de los ciudadanos que permitan también, a los que han alcanzado ya la séptima década, vivir una vida independiente, con una calidad tal que valga la pena de ser vivida.