Doctora

Una doctora consultando datos. Imagen: Thinkstock

“Accurate and complete information
about a patient’s health

can give the best possible care,
whether during a routine visit
or a medical emergency”

Health Resources and Services Administration,
U.S. Department of Health and Human Services

Una historia clínica única, en la que se fuese integrando toda la información que atañe a la salud y a la enfermedad de cada persona, disponible a la hora de que ésta solicitase de nuevo asistencia médica, sería muy difícil de poner en pie, incluso en los mejores sistemas sanitarios.

En primer lugar, porque la llamada historia clínica, salvo la de algunas grandes corporaciones que prestan una asistencia médica integral, suele ser iniciada repetidas veces, por distintos médicos y en diversos escenarios, a lo largo de la vida de una persona, en muchos casos sin disponer de un conocimiento preciso de los datos incluidos en historias clínicas anteriores. Lo que debería ser una historia clínica integral, se convierte, salvo raras excepciones, en una serie de historias fragmentadas, incoherentes e, incluso, contradictorias, dispersas por los distintos escenarios en los que se habían producido los encuentros entre el paciente y el médico.

En segundo lugar, porque, desde el punto de vista de la cultura de salud estas historias suelen ser estrictamente “historias clínicas”, es decir, “una relación de los datos con significación médica referentes a un enfermo, al tratamiento a que se le somete y a la evolución de su enfermedad” (DRAE), pero no historias personales en las que se incluyan, además, todos aquellos datos que se refieren a las medidas preventivas de la enfermedad (vacunaciones, estilo de vida) así como las evaluaciones periódicas del estado de salud.

La progresiva introducción en los hospitales de la tecnología informática para la salud (Health information technology o health IT) está permitiendo la sustitución de la historia tradicional, escrita en papel, por las historias electrónicas (Electronic health records o EHRs), lo que hace mucho más accesible, para los diversos especialistas que sean consultados, toda la información disponible sobre el estado de salud de los pacientes atendidos, siempre que sea dentro del propio centro o institución.

Pero la disponibilidad de una historia electrónica que recoja todos los datos sobre la salud y la enfermedad de una persona desaparece si ésta acude con urgencia a otro hospital, o bien a otra consulta médica. No obstante, en el supuesto de que llegue a ser introducida ampliamente la historia electrónica, la posibilidad de un intercambio inmediato de la información en ella integrada acerca del estado de salud de una persona, se encuentre donde se encuentre cuando solicita de nuevo asistencia médica, se convierte en un desiderátum, que podría ser teóricamente factible, si dicha historia estuviera recogida y disponible en una red electrónica abierta, similar a Internet, es decir, en una específica Internet para la salud [Health Internet].

Este es el ambicioso, costoso y difícil objetivo, auspiciado en EEUU por la administración del Presidente Obama, y que ha iniciado sus primeros pasos en el pasado mes de febrero como un gran experimento sociológico –conocido como Direct Project - en los estados de Minnesota y Rhode Island, como comenta The New York Times en su número del 26 de Febrero, en un artículo titulado “Carrots, Sticks, and Digital Health Records” (Zanahorias, palos y registros de salud digitales).

Un proyecto que pretende conseguir una mejor asistencia sanitaria (Healthcare) y una reducción del coste económico, “estimulando a los médicos y a los hospitales a pasar del bolígrafo al ordenador, a través de las historias digitales de los pacientes”, ya que, por ahora, menos del 30% de los médicos norteamericanos utilizan la historia digital. Un difícil objetivo que implica cambios en la tecnología, ofrecimiento de incentivos económicos a los médicos y hospitales que adopten la historia digital (27 billones de dólares) y una apuesta por la cultura de la salud (culture of the healthcare).

El proyecto presidencial tomó forma y fuerza en Septiembre del 2009 en una reunión auspiciada por la Casa Blanca y celebrada en la Universidad de Harvard (Meeting at Harvard on a Health Information Technology Platform, September 29-30, 2009) cuyo objetivo era precisamente “To create a Health Internet”, como una red virtual de la que el gobierno debería ser un “facilitator”, del mismo modo que lo fue en la creación de Internet original. La propuesta concreta fue transformar una red gubernamental ya existente, la Nationwide Health Information Network en la nueva Health Internet.

En la experiencia iniciada en Minnesota y Rhode Island, los primeros objetivos del proyecto piloto (“Direct Project”) son aquellos que procuran “la transmisión electrónica de los datos de los pacientes con seguridad y eficiencia”. En principio, el intercambio de información acerca de los pacientes debe incluir:

  • Resultados de análisis de laboratorio.
  • Transferencia, médico-a-médico, de resúmenes de las historias de los pacientes.
  • Transferencia, desde el médico al hospital, de los datos del paciente que va a ingresar.
  • Transmisión desde el hospital al médico, de los datos del paciente dado de alta.
  • Transmisión desde el hospital a las agencias publicas del sistema de salud, de los datos del paciente.

Sin embargo, como reconoce el Dr. David Blumenthal, que coordina, a nivel nacional, la aplicación de la tecnología de la información en el área de la salud (Health IT), los obstáculos para la implantación de una Health Internet son formidables: no solo tecnológicos y legales, sino referentes a la seguridad y la privacidad de los datos, entre otros.

Sea como sea, y aunque se trate de un desiderátum, el proyecto de Health Internet que ahora se inicia nos estimula por lo menos a tomar conciencia de que la historia de “nuestros trabajos y nuestros días” transcurre, a lo largo de los años, con la historia paralela de la vida que hemos vivido entre el bienestar y el malestar, entre la salud y la enfermedad. Mantener los datos objetivos que se han ido asociando con los buenos o malos tiempos para nuestro estado de salud, bien ordenados y al día, y siempre disponibles para una eventualidad, es una buena costumbre que nos ayudará a recibir una asistencia más apropiada cuando la necesitemos, sobre todo en circunstancias de urgencia.