Médico y paciente

El objetivo de los médicos debe ser alcanzar un apropiado equilibrio entre conocimiento y 'performance'. Imagen: Thinkstock.

Performance: Resultado de una actuación
en público. Representación teatral.”

Diccionario del español actual, Manuel Seco, 1999

You´re only as good as
your last performance”

Frank Davidoff, MD


Para la Cultura de la salud, que se centra en el cuidado de la persona, se encuentre sana o enferma, sigue siendo fundamental, desde los puntos de vista clínico y ético, cómo se desarrolla la relación de la persona con el profesional de la salud al que acude en busca de ayuda, sobre todo a la vista de la creciente interposición de la moderna tecnología, con el progresivo alejamiento entre ambos.

No basta con que el médico presente al paciente, como resumen de su investigación clínica, una información, más o menos exhaustiva, sobre su estado de salud o de enfermedad, y sobre las opciones para remediar a ésta última, si fuera el caso, si lo hace con una actitud fría y despegada. El pacto de confianza que debe surgir de toda verdadera relación entre paciente y médico requiere que esta información sea transmitida con cercanía, confidencialidad, honestidad y calor humano, hasta convertirse en conocimiento compartido. Todo esto exige, por parte del médico, una actuación clínica excelente, tanto científica como humana, en el escenario donde se desarrolla el encuentro.

En el número de Annals of Internal Medicine correspondiente a este mes de marzo, llama la atención un extenso artículo bajo este sorprendente título : Music Lessons: What Musicians Can Teach Doctors (and Other Health Professionals) [Lecciones musicales: Lo que los músicos pueden enseñar a los médicos (y otros profesionales del cuidado de la salud)]. Lo firma el editor emérito de la revista, el profesor Frank Davidoff, quien enseñó Medicina Interna en las universidades de Harvard y Connecticut y que es, en la actualidad, editor ejecutivo del Institute for Healthcare Improvement, y un reconocido experto en la educación de los médicos. Ya en el año 2008 había publicado, en la colección Mens Sana Monographs , un ensayo titulado Focus on Performance; The 21st Century Revolution in Medical Education.

También resulta llamativo que, en el breve resumen inicial, utilice la palabra ‘performance’ (llevar a cabo, ejecutar una pieza de música, una obra de teatro, una ceremonia, etc.), para calificar la práctica clínica de la medicina, así como que la primera frase del texto sea ésta tajante afirmación: Music has a lot to offer medicine (La música tiene mucho que ofrecer a la medicina).

La palabra performance, ampliamente extendida en la actualidad por la mayoría de las lenguas, no está aceptada en el DRAE, aunque sí se encuentra incluida en el Diccionario del español actual de Manuel Seco y colaboradores (Ed. Aguilar, 1999). De las acepciones que se le atribuyen en este diccionario podría deducirse que con este término se designa una actuación pública, individual o colectiva, realizada en un escenario, ad hoc o improvisado, incluso en plena calle, en la que se despliega una representación corporal e instrumental que implica una combinación de creatividad y provocación. No obstante, en no pocas ocasiones, se viene utilizando la palabra performance para referirse a una acción que lo que busca es simplemente la provocación, zafia e irrespetuosa.

Davidoff es de la opinión de que, a pesar de que “desde hace años se viene repitiendo como un mantra que los tres objetivos de la educación médica son transmitir conocimientos, habilidades y actitudes”, la realidad es que los programas formativos prestan más atención y recursos al primero de los tres objetivos, es decir, a la enseñanza de los conocimientos biomédicos, mientras que se interesa menos por la enseñanza de cómo “trasladar” los conocimientos adquiridos a la práctica clínica, para que ésta se convierta en una performance segura y eficiente sobre la persona que ha solicitado ayuda.

¿Es el entrenamiento que reciben los médicos el más adecuado para el “traslado” de sus conocimientos biomédicos a la práctica clínica y de este modo conseguir los niveles más elevados de performance en ese escenario? Es aquí donde entran en juego “las lecciones que la música puede ofrecer a la medicina”. ¿Cómo son entrenados los músicos de una orquesta para alcanzar y mantener la excelencia en sus ‘performances’?, se pregunta Davidoff, con el objetivo de aplicar los métodos propios de los músicos en la enseñanza de los profesionales de la salud, de tal modo que sus resultados en el escenario clínico sean más efectivos y seguros, consiguiendo las mejores performances.

De todos los aspectos que fueron detectados en el análisis del entrenamiento de los músicos, la prioridad concedida por éstos a la performance, mediante repeticiones (ensayos) sometidas a exigente crítica, sería la de mayor interés para su aplicación en la educación médica. La razón es, según Davidoff, que “la práctica clínica es, por encima de todo, una cuestión de performance, en el mejor y más profundo sentido de la palabra”. Sin embargo, la importancia de la actuación del médico, de su performance en el escenario clínico, con el paciente como co-protagonista, habría sido eclipsada por la irresistible presión de la enseñanza del conocimiento biomédico, con sus complejos y continuamente cambiantes fundamentos científicos. El objetivo debe ser alcanzar un apropiado equilibrio entre conocimiento y ‘performance’ (between knowing and knowing how), ya que los médicos, en último término, no serían más que los agentes intermediarios (“brokers” los califica Davidoff) entre el conocimiento biomédico y la práctica clínica.

Al final del ensayo, en un breve apartado titulado musicalmente como coda, Davidoff nos recuerda que la tesis que defiende no es, como es lógico, que no se puede llegar a ser un clínico eficiente si no se es también un buen músico. Lo que todos profesionales dedicados al cuidado de la salud (Healthcare) deben tener muy claro, es algo que todos los profesionales de la música tienen por evidente: You´re only as good as your last performance (“solo eres tan bueno como lo fue tu última ‘performance’”).

Una performance que en la medicina se inicia en el escenario clínico con el intercambio de narraciones entre paciente y médico y en la que éste actúa compasivamente sobre el cuerpo de la persona que le solicita ayuda -sea para conservar o para recuperar su perdido bienestar físico, mental y social- mediante la mirada médica (Pera, C. Ver y mirar el cuerpo: la mirada médica, en Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Ed. Triacastela, 2006), las palabras, las manos, y los instrumentos que éstas manejan.