Trabajador en la oficina

En aquellos profesionales que cumplen una jornada dura y larga de despacho se detecta una sustancial reducción de la actividad física regular en tiempo de ocio. Imagen: Thinkstock

“Those employed in occupations
demanding long works hours and
low Occupational Physical Activity (OPA)
are at risk of inactivity”

Kirk Megan A. and Rhodes Ryan E.
Am J Prev Med, April 2011

Ha sido bien establecido que los hábitos que conforman una vida saludable son fundamentalmente cuatro: a) Mantener un índice de masa corporal por debajo de 30; b) Realizar una actividad física regular en tiempo de ocio, que consista, como mínimo, en caminar “a paso vivo” durante 150 minutos a la semana, repartidos, por lo general, en 30 minutos diarios, durante 5 días ; c) Seguir una dieta de tipo mediterráneo; d) No fumar. Cuatro recomendaciones que constituyen hoy el núcleo de la cultura de la salud, entendida como cultura del cuerpo (Pera, C. El cuerpo silencioso. Ensayos mínimos sobre la salud. Págs 189-191, Ed. Triacastela, Madrid, 2009).

La medida estándar mínima que sirve para distinguir el ejercicio físico de la simple actividad física es, precisamente, caminar “a paso vivo” al menos 150 minutos a la semana. Por otra parte, el ejercicio físico se considera aeróbico cuando los grandes grupos musculares se contraen rítmicamente durante un tiempo determinado, como cuando se camina a buen ritmo, se corre, se nada o se pasea en bicicleta. Estos ejercicios mejoran la forma física (fitness) de una persona, de modo especial la óptima integración de las funciones cardíaca y respiratoria.

Además, hoy sabemos que la actividad física regular -la realizada en tiempo de ocio y no la llevada a cabo durante las horas dedicadas a la ocupación laboral- tiene un efecto preventivo y, en todo caso, rehabilitador, de muchas enfermedades crónicas, de modo especial para la enfermedad coronaria, el ictus, la hipertensión arterial, los cánceres de mama y de colon, la diabetes tipo 2 y la osteoporosis; unas enfermedades cuya progresión acorta la esperanza de vida o, al menos, deteriora su calidad en la vejez.

No hay duda de que son evidentes los beneficios que la actividad física regular representa para la salud, entendida ésta como bienestar físico, mental y social. Unos beneficios que dependen, en último término, del gasto total de energía que esta actividad física comporta, para lo cual debe alcanzar los 500-1000 equivalentes metabólicos (MET) por semana, que es la cantidad de energía que se consume, aproximadamente, durante los recomendados 150 minutos semanales de una actividad física moderada, o bien los 75 minutos por semana de una actividad física vigorosa (un equivalente metabólico es la cantidad de energía que se gasta mientras se está sentado, descansando, y se considera que corresponde a una captación de oxígeno por los tejidos de 3.5 mililitros/kilo de peso/minuto).

Pues bien, a pesar de que estos comprobados efectos de la actividad física regular son muy beneficiosos para la salud, lo cierto es que la mayoría de los americanos adultos no cumplen con las recomendaciones del gobierno federal contenidas en la PAGA (2008 Physical Activity Guidelines for Americans), tal como se demuestra en una investigación realizada conjuntamente en las Universidades de North Dakota State y Iowa (“Physical Activity in U.S. Adults. Compliance with the Physical Activity Guidelines for Americans”), dada a conocer en el American Journal of Preventive Medicine de este mes de Abril.

El propósito de los autores de este trabajo ha sido medir, de manera objetiva, la actividad física de los norteamericanos adultos utilizando, como base de datos, la encuesta nacional NHANES, sobre salud y nutrición, (National Health and Nutrition Examination Survey, 2005-2006) y comparando la actividad física subjetiva (de acuerdo con datos facilitados por los propios encuestados, en los que se incluía la actividad física durante el tiempo de ocio, el transporte y las faenas caseras) con la actividad física objetiva, medida con un acelerómetro, durante 7 días consecutivos.

Los resultados obtenidos conducen a la decepcionante conclusión de que son algo menos del 10% los adultos norteamericanos que cumplen, según la medida objetiva del acelerómetro, las exigencias de la recomendada Guía de la actividad física (PAGA), unos porcentajes muy alejados de la evaluación subjetiva, optimista en exceso.

Por si esto fuera poco, en el mismo número del American Journal of Preventive Medicine, Kirk, M.A. y Rhodes, R.E., de la Universidad de Victoria, en la Columbia británica, Canadá, y en un artículo titulado “Occupation Correlates of Adults’ Participation in Leisure-Time Activity”, se proponen recopilar y analizar aquellas investigaciones que han estudiado la correlación entre el tipo de ocupación laboral y la participación de los adultos en una actividad física regular en tiempo de ocio (“Leisure-Time Activity”), con el fin de establecer nuevos objetivos en las investigaciones acerca de la preocupante inactividad habitual de la población americana.

Los autores recopilan los estudios publicados, entre Enero de 2009 y Julio de 2010, en revistas en lengua inglesa, y seleccionan 62 artículos que cumplían los criterios de inclusión previamente establecidos. Los resultados han sido los siguientes:

a) El tipo de actividad física laboral se correlaciona con el tiempo dedicado a la actividad física regular, realizada en tiempo de ocio .

b) En los profesionales cuya ocupación laboral ha sido clasificada históricamente como de “white-collar” (asalariados que realizan con preferencia su trabajo sentados ante una mesa de despacho) suelen ser más elevados los niveles de actividad física regular en tiempo de ocio, si se comparan con los bajísimos niveles de los trabajadores en los que predomina el trabajo manual, calificados como de “blue-collar”.

c) Sin embargo, en aquellos profesionales que cumplen habitualmente una jornada dura y larga de despacho, se detecta una sustancial reducción de la actividad física regular en tiempo de ocio. La razón estriba, muy probablemente, en que el extremo cansancio físico y psíquico, al terminar la larga y dura jornada, les conduce más fácilmente al sedentarismo durante el tiempo de ocio que a una actividad física regular, y a convertirse, poco a poco, en esa figura corporal obesa, deformada en su contorno, caricaturizada en el inglés urbano como “desk potato”, que, cuando regresa a su casa, exhausta física y psíquicamente, se tumba en el sofá ante el televisor y se convierte en la otra conocida caricatura del sedentarismo, la “couch potato”.