Mujer estresada

Parece ser que el estrés es perjudicial para los telómeros. Imagen: Thinkstock

“Aún queda mucho camino por recorrer
para comprender los mecanismos
por los que los telómeros acortados
provocan el envejecimiento”

María Blasco, “Nature chemical biology”,
Octubre, 2007


Telómero
, junto con estrés, una de la dos palabras claves en el texto de esta semana, no ha sido elegida esta vez, tras la ritual lectura de las publicaciones biomédicas más relevantes, sino que hemos llegado a lo que ella encierra, desde el punto de vista de la biología del envejecimiento, de manera indirecta: un artículo aparecido el día 7 de Abril, en un prestigioso magacín global, cuyo estilo es uno de los paradigmas de la transversalidad de la información con respecto a las áreas de conocimientos, a pesar de la concreción profesional de su cabecera: The Economist.

El título del artículo, publicado en su sección All Science & technology, esStress and Ageing. A question of attitude (Estrés y envejecimiento. Un problema de actitud), con el siguiente subtítulo: The link between chronic stress and a marker of old age is being disentangled (La relación entre el estrés crónico y un marcador de la vejez está siendo desenredada). Y es en el párrafo inicial de dicho texto donde aparece en primer lugar la palabra telómeros (“telomeres”): “Los telómeros – se dice– son para los cromosomas como las caperuzas de plástico (“plastic caps”) para los cordones de los zapatos – impiden que se desgasten sus extremos”.

En dos ocasiones ha aparecido en este blog semanal amplia información, y algunas reflexiones, sobre los telómeros: el 24 de Julio del 2006, bajo el titulo La longitud de los telómeros cromosómicos, en la vejez, una especie de “línea de la vida”, mientras que el 21 de Diciembre del 2009, el título era “El envejecimiento humano, inherente a su condición biológica, debe ser asumido y mejorado de manera razonable”.

Pero, a todo esto, ¿qué son los telómeros?

Telómero (del griego “telos”, final, y “meros”, parte o componente) es un neologismo griego acuñado por Hermann J. Müller, Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1946, como reconocimiento a sus estudios sobre las mutaciones del ADN de los cromosomas de la mosca Drosophila, cuando éstos eran irradiados. Acaba de ser incluido en el Diccionario de la Real Academia Española.

Durante estos experimentos, Müller observó, con sorpresa, que, a diferencia de la fragilidad ante la irradiación de la mayor parte del cromosoma, su porción final era muy resistente a la inducción de mutaciones genéticas. Con esta nueva palabra –telómeros– H.J. Muller sugería nombrar a las intuidas estructuras, localizadas en los extremos de los cromosomas, semejantes a los cortas caperuzas de plástico que protegen los extremos de los cordones de los zapatos para que no se desgasten y deshilachen.

Faltaba conocer, por aquel entonces, cual era la estructura molecular de las caperuzas cromosómicas o telómeros, así como el mecanismo que hacía posible su continua renovación durante las fases iniciales de la vida celular, ya que, cada vez que una célula se replica hace una copia de sus cromosomas y las células hijas, generadas por la mitosis celular, obtienen unos telómeros más cortos que los que poseía la célula progenitora; al llegar a un cierto número de replicaciones – a partir de 50 – el progresivo menoscabo de la longitud de los telómeros viene a coincidir con la fase vital en la que la célula entra en la senescencia y termina con su muerte. Desde este punto de vista, no cabe duda que los telómeros funcionan como marcadores biológicos del envejecimiento de la célula y de la persona; otra cosa es la estricta relación de causalidad entre ambos fenómenos.

Fueron Elizabeth H. Blackburn, Carol W. Greider and Jack W. Szostak, quienes compartieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2009, los que descubrieron el mecanismo molecular que conduce a la reconstrucción de los telómeros: En los individuos sanos los telómeros no se acortan de manera significativa hasta la ancianidad, gracias a la presencia de una enzima, la telomerasa, que asegura la renovación de los protectores telómeros, mediante la síntesis de nuevas secuencias (TTAGGG) del ADN que los conforman. Dado que en el organismo humano el acortamiento definitivo de los telómeros no se observa hasta la ancianidad, aunque no por igual en todos los tejidos, se ha sostenido y se sostiene la tesis de la existencia de una relación causa/efecto entre dicho acortamiento y el inicio del proceso fisiológico del envejecimiento humano.

Pues bien, si en el texto que comentamos de la revista The Economist las palabras claves son telómeros y estrés, la protagonista de este relato es Elizabeth H. Blackburn, como presidenta de la reunión anual de la American Association for Cancer Research (AACRA), celebrada en Orlando, Florida, entre los días 2 y 6 de este mes de Abril, y Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2009. Porque la noticia recogida en The Economist se refiere a la presentación en conferencia de prensa, y con la asistencia de la profesora E.H. Blackburn, de los interesantes resultados de una investigación realizada por Edward Nelson y su equipo, de la Universidad de California, titulada Chronic Stress of Cancer Causes accelerated Telomere Shortening (El estrés crónico del cáncer causa una aceleración del acortamiento de los telómeros).

El objetivo de la investigación de Edward Nelson ha sido averiguar si el estrés crónico de los pacientes con cáncer se asocia con una aceleración del normal acortamiento biológico de los telómeros, y si un tratamiento psicológico que sea capaz de reducir la respuesta al estrés puede también recuperar la longitud de los telómeros.

En la investigación fueron incluidas 31 mujeres que habían sido diagnosticadas y tratadas de cáncer de cuello uterino. Las 31 pacientes fueron distribuidas aleatoriamente en dos grupos: mientras la mitad fue asignada a un grupo en el que recibieron seis sesiones de psicoterapia, la otra mitad solo recibió el tratamiento habitual, sin psicoterapia. Durante las seis sesiones de psicoterapia se hizo hincapié en la necesidad de potenciar un estilo de vida saludable, tanto físico, mental como social, aprender a controlar el estrés y las emociones, y cuidar las relaciones sexuales.

Antes de iniciar las sesiones de psicoterapia en el grupo correspondiente y después al cabo de cuatro meses, se obtuvieron muestras biológicas de todas las participantes para comprobar en sus células si la intervención psicoterápica había provocado cambios en la longitud de los telómeros.

La conclusión ha sido – según Edward Nelson – que la mejora de la calidad de vida y la consiguiente reducción del estrés por la psicoterapia se asocia con un incremento en la longitud de los telómeros.

Una comunicación presentada en la misma reunión de la ACCRA por su presidenta Elizabeth H. Blackburn, parece apoyar los resultados de Edward Nelson, al demostrar que, en personas estresadas, el ejercicio físico tiene los mismos efectos reparadores sobre la longitud de los telómeros que la psicoterapia.

De todas maneras – advierte el propio Nelson– es necesario confirmar estos hallazgos con otras investigaciones para poder concluir que las modificaciones de la conducta humana y de su actitud ante la vida, para hacerla más positiva, pueden reparar los telómeros, algo que, “pensando desde el cuerpo” no parece demasiado sorprendente (Pera, C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana. Triacastela, 2006).