Pobreza

La seguridad alimentaria no se refiere únicamente a la calidad de los alimentos, sino también al derecho a poder disponer de ellos. Imagen: Stock.XCHNG

“Food security exists when all people,
at all times, have physical and economic
access to sufficient, safe and nutritious
food to meets their dietary needs and food
preferences for an active and healthy life”

FAO

En dos recientes sucesos de amplia repercusión mediática en las pasadas semanas, relacionados ambos con la cultura de la salud, la expresión literal seguridad alimentaria, y la complejidad de los conceptos en ella encerrados, han sido predominantes: el desafortunado asunto de los pepinos españoles, como alimentos injustamente inculpados de estar contaminados con una E. coli especialmente agresiva; y la aprobación por unanimidad, el día 16 de Junio, en el Congreso de los Diputados, de la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición.

Ocasión oportuna, pues, para reflexionar sobre las tres palabras claves relacionadas con estos hechos y con el título de esta ley: seguridad (que evoca un adjetivo, seguro), alimentaria (adjetivo que deriva de un nombre, alimento) y nutrición (que deriva del verbo nutrir). En este sentido, ha sido buena idea introducir, en el título de la nueva Ley, las dos palabras, alimento y nutrición, distintas etimológica y conceptualmente, aunque muy relacionadas desde una perspectiva funcional.

Porque así como el alimento (del latín alimentum, del verbo alĕre, alimentar) ya era descrito por Cicerón, con increíble precisión y belleza, como “lo que es bueno para comer y sustentar el cuerpo”, y el DRAE lo define hoy como “cada una de las sustancias que un ser vivo toma o recibe para su nutrición”: la nutrición (del verbo latino nutrīre, con los significados de criar, alimentar, hacer crecer) es definida por el DRAE como “acción y efecto de nutrir”, y éste verbo como la acción con la que “se aumenta la sustancia del cuerpo animal o vegetal por medio del alimento, y se reparan las partes que se van perdiendo, en virtud de las acciones catabólicas”.

La seguridad (del latín securĭtas, -ātis ) se define como “cualidad de seguro” y éste adjetivo (del latín, secūrus) como aquello que está “libre y exento de todo peligro, daño o riesgo” (DRAE).

Pero la seguridad alimentaria (“Food security”) –en su consensuada definición por y para todos los pueblos del mundo– no solo exige que los alimentos estén disponibles (“Food Availability “) y que sean seguros (“Food Safe”), de modo que su ingestión no ocasione riesgos para la salud y que, al mismo tiempo, sean nutritivos, sino que, además, sean accesibles (“Food Access” ), física y económicamente, a todos los seres humanos, en cantidad suficiente, para cubrir las necesidades de su dieta alimentaria, de modo que les permita llevar una vida activa y sana.

Por lo tanto, la expresión seguridad alimentaria no debe entenderse, sin más, en una visión alicorta, como la exigencia de que todos los alimentos sean seguros para la salud y contribuyan, además, a la nutrición de quienes los consuman- lo que ya es importante- sino como la necesidad social de trabajar, con determinación y a nivel global, por la seguridad de que todos los seres humanos puedan disponer de los alimentos necesarios para vivir una vida saludable. Así concebida, la seguridad alimentaria, en su completa versión, es parte esencial de la cultura de la salud, la que apuesta prioritariamente por la promoción de dicha salud, entendida como bienestar físico, mental y social.

Porque la realidad es que, en el mundo de nuestros días, cerca de un billón de seres humanos (925 millones) sufren una situación de completa inseguridad alimentaria, ya que no están seguros, ni mucho menos, de poder acceder a alimentos suficientes, seguros y nutritivos, por lo que malviven en estados de extrema desnutrición. Esta fue la conclusión de la reunión celebrada en Roma el año 2010 por la Food and Agriculture Organization (FAO) de las Naciones Unidas, bajo el título Undernourishment around the world in 2010 (Desnutrición en el mundo en el año 2010), ya que , aunque el número de seres humanos desnutridos había disminuido (1.023 millones en el 2009), su cuantía actual es inaceptable. Esta situación fue calificada en la FAO como Food Insecurity in the World (Inseguridad alimentaria en el mundo), una inseguridad alimentaria, directamente humana, que convive, a duras penas, con la otra seguridad alimentaria en los países ricos, la de los propios alimentos.

Por estas razones, la FAO entiende que “existe seguridad alimentaria (“Food security”) cuando todos los seres humanos, en cualquiera ocasión, tienen acceso físico y económico a alimentos suficientes, seguros y nutritivos con los que cubrir sus necesidades alimentarias y sus preferencias dentro de los alimentos, de modo que les permita vivir una vida activa y saludable”.

Para el United States Department of Agriculture (USDA) la seguridad alimentaria de un hogar (“Food-secure household”) significa que “todos sus miembros pueden acceder a lo largo del año a los suficientes alimentos para llevar una vida activa y saludable”.

Esta seguridad alimentaria incluye…

  • La fácil disponibilidad de alimentos adecuados y seguros.
  • La seguridad de poder adquirir alimentos apropiados en unas condiciones socialmente aceptables (sin recurrir a alimentos disponibles socialmente para situaciones de urgencias, o a la busca y rebusca en la basura de alimentos pasados de fecha, así como a otras penosas estrategias nacidas de la pobreza)”.

En el año 2009, el 85% de los hogares de EEUU gozaban de seguridad alimentaria durante todo el año, mientras que el restante 15% (17.4 millones de hogares) malvivían en plena inseguridad alimentaria (“Food-insecure household”), condicionada por la falta de recursos debido a la extrema pobreza.

En resumen, parece evidente, que en los dos sucesos que han motivado la reflexión de esta semana, lo que prima es una visión parcial –sin duda muy importante– de la seguridad alimentaria, la de la seguridad de los alimentos. En este sentido, debe quedar claro que el objetivo de la bienvenida y recién aprobada Ley es la seguridad alimentaria y la nutrición de los que están en condiciones de adquirir alimentos, garantizando a estos ciudadanos la ausencia de riesgos físicos, químicos, y biológicos en los alimentos que tienen a su disposición para su consumo, y llamando también la atención sobre riesgos nutricionales, “dada la preocupante prevalencia en la actualidad de la obesidad y principalmente de la obesidad infantil y juvenil” (Artículo 36. Estrategia de la nutrición, actividad física y prevención de la obesidad ).

Para hacer más énfasis en este objetivo parcial de la seguridad alimentaria –“la seguridad a lo largo de toda la cadena alimentaria”– en el texto de la citada Ley se hace referencia a “un nuevo concepto de la seguridad alimentaria, en línea con la necesidad de consolidar la confianza de los consumidores en la seguridad de los productos alimenticios que consumen”, incluso a “los consumidores con necesidades alimenticias especiales”, como los celíacos.

Queda, pues, fuera del ámbito de esta Ley, el otro ineludible objetivo de la seguridad alimentaria, éticamente inolvidable, al que no se hace, al menos, referencia como contexto global, que es la seguridad de que todos los seres humanos puedan disponer de alimentos apropiados para alimentarse y nutrirse, y estar en condiciones de vivir una vida activa y saludable, acorde con la tan invocada dignidad humana.