Anciana

La OMS calcula que, para el año 2050, un tercio de la población europea tendrá 60 años o más. Imagen: Thinkstock.

“Elder maltreatment is still a social taboo,
and much of it is underreported and
ignored in many countries
in the WHO European Region”

European Report on Preventing,
‘Elder Maltreatment’, 2011

La palabra maltrato (derivada del verbo maltratar, con el significado, según el DRAE, de “tratar mal a alguien de palabra u obra”), y el despreciable comportamiento humano que evoca, al ser escuchada o leída, circula en estos tiempos a sus anchas por los espacios mediáticos, ya sea incluída en los relatos cotidianos de sucesos cargados de violencia, o bien como acusación lanzada públicamente por quienes se consideras víctimas del más “fuerte”, en cualquier tipo de relación interpersonal.

De acuerdo con el escenario en el cual sucede, de manera esporádica o reiterada, hay maltrato, “de palabra y/o de obra”, en los espacios cerrados que sirven de casa, escuela o lugar de trabajo, en los espacios relativamente abiertos, ocupados por el negocio y el ocio, y en los totalmente abiertos dedicados al tránsito, por calles y plazas. De todos estos escenarios, “la casa, como espacio habitado… puede convertirse en el claustrofóbico escenario donde se dan los mayores riesgos para la convivencia, como sucede en el maltrato.”

Según sean las relaciones previas entre maltratador y maltratado, y de acuerdo con la edad de la víctima, se habla de maltrato conyugal, de pareja o de género, de maltrato infantil, de maltrato escolar o laboral y… de maltrato de los ancianos (“Elder maltreatment”) . Comoquiera que en la relación violenta establecida en el maltrato interpersonal, aquella persona que lo perpetra escoge siempre como víctima a la que considera más débil, por una u otra razón, no cabe duda que el alargamiento de la esperanza de vida, con el consiguiente aumento de la población envejecida en los países europeos incrementa, entre otros riesgos, como la enfermedad de Alzheimer, el riesgo de maltrato en la vejez (Pera, C. “El envejecimiento global, un reto para el siglo XXI”).

Esto es lo que está realmente sucediendo y esta es la razón por la que la Organización Mundial de la Salud, a través de su Oficina Regional para Europa (WHO Regional Office for Europe, en Copenhague, Dinamarca) ha elaborado y publicado un extenso Informe titulado European report on preventing elder maltreatment 2011, en el que analiza ampliamente el creciente maltrato que sufre en Europa la población envejecida, sus causas y las posibles medidas preventivas.

El Informe advierte en su inicio que, aunque cada sociedad define el comienzo de la vejez de manera diferente, la mayoría de los 54 países incluidos en la extensa Región Europea de la OMS coincide en definir la edad de la vejez como la correspondiente administrativamente a la jubilación o retiro, entre los 60 y los 65 años, una definición que no siempre coincide con la real capacidad para vivir una vida de calidad y con capacidad creativa, en muchos de los considerados, por dicha definición, como “pasivos ancianos”. Esta es la razón por la que, en algunos paises, la edad de la jubilación se intenta retrasar, aunque tímidamente.

Según el Informe, en la mayoría de los países de la Región Europea de la OMS crece la población envejecida y, siguiendo este ritmo, se calcula que, para el año 2050, un tercio de la población tendría 60 años o más, lo que supondrá un incremento de riesgo de maltrato en la vejez. Por el momento, se estima que al menos 4 millones de mayores de 60 años han sufrido la dolorosa experiencia de ser maltratados en su vejez.

El maltrato en la vejez es definido en el Informe de la OMS como “una acción inapropiada, única o repetida, o bien la ausencia de una acción apropiada (el olvido o el abandono en una soledad impuesta , “no deseada”), que ocurre en cualquiera relación interpersonal con un anciano, de la que era de esperar que estuviera dominada por la confianza y que, por el contrario, causa en éste daño o, al menos, un penoso malestar”.

Como toda forma de violencia, el maltrato de los ancianos , puede ser físico, mental, emocional y sexual o, lo que suele ser bastante frecuente, una combinación de estas maldades. También puede tratarse de un maltrato por abuso económico, cuando personas cercanas que, en apariencia se “cuidan” del bienestar del anciano, se apropian de sus recursos, aprovechándose de todas sus “debilidades”.

Los escenarios en los que ocurre el maltrato en la vejez son variados: El anciano o la anciana pueden ser maltratados en el ambiente, llamado irónicamente familiar, si allí malvive, un maltrato infligido por un miembro de la familia –su pareja o sus hijos– por personal de servicio y cuidadores profesionales si los hubiera, o bien en escenarios comunitarios, como residencias geriátricas y hospitales. En los espacios públicos, como las calles solitarias, los débiles cuerpos envejecidos, “que arrastran su pesantez a duras penas, cansinos e inestables” (Pera, C. De la vejez del cuerpo” en Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Ed. Triacastela, 2006) , son fácil presa para el violento maltrato ocasional, en forma de asalto.

El maltrato en la vejez disminuye, sin duda, el ya precario bienestar físico, mental y social que predomina en cuando la edad avanza, deteriorando aún más su calidad de vida y acortando la esperanza de seguir viviendo, por lo que, en definitiva, cuando se pasa de lo individual a lo colectivo, se convierte en un grave y creciente problema de salud pública. Un problema que corresponde analizar, de manera integral, dentro de lo que entendemos como cultura de la salud, no solo en sus diversas causas –biológicas, económicas, sociales, culturales, y ambientales– si no, también, en las posibilidades de su prevención. Al fin y a la postre, el maltrato en la vejez es un problema complejo, que abunda en las sociedades modernas, que afecta a los derechos humanos, y que es, en gran parte, el resultado del progresivo fracaso de la educación, tanto a nivel personal como social.