Una madre arropa a su hijo en Somalia.

Una madre arropa a su hijo en Somalia. Imagen: UN | Stuart Price

“Any definition of health must recognise
the effects of this fundamental and growing
inequity”

International Union for Health
Promotion and Education, 2011

En el año 1948, la ya clásica definición de la OMS dejó establecido que “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no simplemente la ausencia de enfermedad”. Una definición positiva, en cuanto que, en ella, el estado de salud se definía por sí mismo y no, de manera negativa, por la ausencia de enfermedad. De este modo, la definición de la OMS abrió el camino al lento desarrollo de una cultura de la salud, frente a la predominante y costosa cultura de la enfermedad.

Una definición, además, pensada desde el propio cuerpo, desde la sensación de “estar bien” (“well being”) de bienestar, en comparación con la sensación de “estar mal” de malestar, combinada, tanto una como otra, con la buena o mala apariencia de ese cuerpo concreto que así se siente, ante los otros cuerpos. La interrogativa expresión cotidiana, ante la presencia del “otro” -¿qué tal te encuentras?- se mueve en este territorio del “cómo encontrarse”. La pérdida mantenida de la sensación de bienestar y su sustitución por un malestar, es la que suele provocar el inicio de toda relación paciente/médico.

Pero no cabe duda de que la definición de la OMS, al incluir la contundente expresión “completo bienestar” es maximalista, ya que propone un objetivo muy difícil de alcanzar, salvo en determinados momentos. Sin embargo, a pesar de sucesivas propuestas alternativas a lo largo de los más de 60 años transcurridos desde su aprobación, la definición de la OMS sigue siendo universalmente reconocida.

No obstante, la muy lenta transición, en las avanzadas sociedades medicalizadas, desde una cultura de la enfermedad a una cultura de la salud, junto con el envejecimiento global de la población, asociado a la creciente pandemia de enfermedades crónicas en estas mismas sociedades, ha incitado a repensar la definición de la salud de la OMS, desde las numerosas vidas que van siendo vividas muchos años pero sin ese, aparentemente prometido, “completo bienestar, físico, mental y social”.

Esto es lo que ha hecho un grupo internacional de expertos, al plantear una revisión de la definición de la OMS, coordinados por Machteld Huber, en su análisis titulado How should we define health?, publicado online en el British Medical Journal y comentado brevemente en www.noscuidamos.com.

La propuesta de una nueva definición de la salud, presentada por el grupo de expertos, entre los que firma también Richard Smith (durante años editor del BMJ) es radicalmente distinta de la definición de la OMS, ya que sustituye el famoso “completo bienestar” por la “capacidad de adaptación y de cuidarse a sí mismo”; textualmente dice: The ability to adapt and to self manage in the face of social, physical, and emotional challenges ( “La capacidad de adaptarse a los retos físicos, emocionales y sociales y de cuidarse a sí mismo”).

Para los autores de esta nueva definición de la salud, la definición de la OMS tiene el inconveniente de que ante la progresiva ampliación de la población global envejecida, con el consiguiente incremento de las enfermedades crónicas, “minimiza el papel de la capacidad humana de enfrentarse, de manera autónoma, con los retos de una vida en continuo cambio, tanto físicos como emocionales y sociales, y de funcionar con satisfacción y sensación de bienestar a pesar de vivir con una enfermedad crónica o una incapacidad”.

Pero si la definición de la OMS es maximalista, al proponer el objetivo de un completo bienestar (en opinión de Richard Smith “una invocación absoluta y, por lo tanto, inalcanzable, que habría contribuido a la medicalización de la sociedad) la propuesta de Machteld Huber y sus colegas es sesgada y discriminatoria, ya que se basa en el análisis de lo que viene sucediendo en las sociedades avanzadas, con un creciente número de seres humanos que, pasada la sexta década, viven con una calidad de vida deteriorada y, por lo tanto, con un bienestar más o menos incompleto, debido al envejecimiento y a las enfermedades crónicas asociadas a esta etapa de sus vidas (obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y cánceres). Por el contrario, la nueva definición propuesta olvida a los más numerosos seres humanos que, malviviendo en una continua hambruna, no tienen, al menos, entre sus cortas expectativas vitales, la de llegar a vivir una vejez con la morbididad asociada y menor calidad de vida que se va imponiendo en las sociedades avanzadas, y que solo puede corregir una fuerte apuesta individual y social por la cultura de la salud.

Los seres humanos que viven en esas sociedades totalmente olvidadas ya han agotado, desde su radical precariedad, la muy “distante” recomendación de que, para vivir en estado de salud, hay que desarrollar la “capacidad de adaptarse a los retos físicos, emocionales y sociales y de cuidarse a sí mismo”.

La nueva definición solo sería creíble, a nuestro juicio, si a la concepción del estado de salud como la consecuencia del desarrollo de la “capacidad de adaptarse a los retos físicos, emocionales y sociales y de cuidarse a sí mismo”, se añadiera la apostilla : “siempre que una justa política social, hiciera posible que hubiera lugar, ocasión y tiempo para el desarrollo de estas capacidades en todos los seres humanos que habitan este mundo, sin ningún tipo de discriminación.”

Como era de esperar, la propuesta de esta nueva definición de la salud ha abierto enseguida un debate epistolar en las páginas del siguiente número del BMJ con cuatro réplicas, contrarias, por unanimidad, a la radical modificación propuesta. La más extensa es la titulada Proposal for new definition of health, que ha sido redactada en nombre del Comité ejecutivo de la International Union for Health Promotion and Education, y la más breve la firmada por Gordon Pledger, un médico retirado de Northumberland, quien bajo el título A working definition of health, sugiere irónicamente esta alternativa: “the ability to work, love, and sleep” (interpreting the words fairly broadly).