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En mitología, la palabra quimera designa a un monstruo horrendo con cabeza de león, cuerpo de cabra y una serpiente como cola.

“As members of the body´s police force,
cells of the inmune system pursue bad
actors that harm healthy tissues.”

Science Translational Medicine, 2011

El lenguaje de estilo bélico es muy característico de la Cirugía (Pera, C. El cuerpo herido. Un diccionario filosófico de la Cirugía) debido a que todo acto quirúrgico es un entramado de gestos técnicos de carácter agresivo, con finalidad curativa o paliativa, realizados, con cierta violencia, contra lesiones concretas de los tejidos orgánicos, con la pretensión de eliminarlas con la mayor rapidez y seguridad posibles. Sin embargo, es evidente que en la medicina moderna el uso de la metáfora bélica se ha trasladado también a la descripción de la quimioterapia oncológica, aquella cuyo objetivo es la destrucción de las células malignas, se encuentren donde se encuentren, mediante intervenciones agresivas a nivel molecular.

Un artículo publicado en The New York Times del pasado 13 de Septiembre, firmado por Denise Grady, “science reporter” del periódico, bajo el título An inmune system trained to kill cancer (un sistema inmunitario entrenado para matar el cáncer), es clara demostración del frecuente uso de la terminología bélica en el relato de una experiencia biológica excepcional, cuyo objetivo ha sido el tratamiento de un paciente diagnosticado de leucemia linfocítica crónica, sin respuesta positiva a las pautas terapéuticas más recomendadas en la actualidad.

Un copioso lenguaje bélico ha sido utilizado en el relato del NYTimes, así como en alguno de los textos de las dos revistas científicas en las que los autores del atrevido ensayo clínico, de la Universidad de Pensilvania, han presentado sus hallazgos: en The New England Journal of Medicine, bajo el título Chimeric Antigen Receptor–Modified T Cells in Chronic Lymphoid Leukemia (Celulas T modificadas con receptores quiméricos de antígenos ) y, de modo especial, en la revista Science Translational Medicine, en este caso bajo el título T Cells with Chimeric Antigen Receptors Have Potent Antitumor Effects and Can Establish Memory in Patients with Advanced Leukemia (Las células T con receptores quiméricos de antígenos poseen potentes efectos antitumorales y pueden establecer memoria en pacientes con leucemia avanzada). Un lenguaje bélico aderezado, en los textos de estas dos revistas científicas, con la palabra quimérico –aplicado a unos nuevos receptores construidos para las células T mediante ingeniería genética– un adjetivo derivado de una palabra mítica como quimera, un monstruo horrendo con cabeza de león, cuerpo de cabra y con una serpiente como cola, y en tiempos modernos adoptada para designar, en el lenguaje genético, un organismo cuyas células derivan de dos o más cigotos distintos, como resultado del cruce de dos individuos de una misma especie o diferente.

El escenario del relato bélico al que hacemos referencia, publicado en el New York Times, se encuadra en el contexto, celular y molecular, del sistema inmunitario de un paciente de 65 años –identificado bajo el pseudónimo de Mr. Ludwig– que padece una leucemia linfocítica crónica. Se trata de un tipo de cáncer de la sangre y de la médula ósea que progresa, lenta pero inexorablemente, debido a la proliferación sin freno de los linfocitos o células B, originadas en la médula ósea y que forman parte, junto con los linfocitos o células T, también originados en la médula ósea pero madurados en el timo, del sistema inmunitario, el que diferencia, cuando funciona bien, lo propio de lo extraño, para, en esta segunda alternativa, atacarlo y destruirlo.

En vista de la falta de respuesta positiva a los diferentes tratamientos a los que había sido sometido, Mr Ludwig se presta a participar en un experimento clínico (un estudio Fase I , cuyo objetivo es comprobar si el tratamiento era seguro y a qué dosis). Los médicos le extraen un billón de sus células T –un tipo de células que luchan contra virus y tumores– a las que introducen, utilizando como vector un virus del SIDA desactivado, genes que les permite disponer a dichas células de un receptor quimérico para el antígeno CD19 presente en las células B, tanto en las malignizadas como en las normales. Una vez reprogramadas, las células T fueron reintroducidas en la circulación del Mr. Ludwig; después de una pausa de 10 días, estalla una situación extremadamente crítica con fiebre elevada y escalofríos y deterioro general que obliga a su ingreso en la unidad de cuidados intensivos. Todo termina con la recuperación del atrevido paciente y, lo que fue más sorprendente para el equipo médico, con la desaparición de todos los signos y síntomas de su leucemia linfocítica crónica.

La interpretación de lo sucedido ha sido que, tras una dura batalla biológica, las células T, con sus quiméricos receptores, habían atrapado y aniquilado (mediante su capacidad citotóxica) a sus congéneres del sistema inmunitario, las células B, tanto las malignizadas de la leucemia linfocítica crónica como las normales, unos receptores quiméricos especialmente conformados genéticamente para atraer a la proteína CD19, localizada en la superficie de todas las células B, y que actuaría como un antígeno capaz de ser captado por el receptor quimérico. Ha pasado un año y Mr. Ludwig se encuentra en estado de completa remisión, aunque sin células C, ni malignas (consecuencia positiva) ni sanas (consecuencia negativa), a que las células T modificadas genéticamente conservan la “memoria” de su nueva carga genética y, como tales, siguen proliferando, expandiéndose y liquidando a cualquier célula B que detectan. El ensayo clínico demuestra, según sus autores, que en las neoplasias derivadas de los linfocitos o células B , como es la leucemia linfocítica crónica, la proteína CD19 “is an attractive target” (es una diana atractiva).

Las metáforas bélicas C en las que se mezclan la violencia biológica, “natural”, que busca la destrucción inmisericorde del antagonista, con la violencia generada por la manipulación genética de las células T, transformándolas en una suerte de quimeras– se suceden en el texto del NYTimes a partir del propio título: un sistema inmunitario entrenado para matar (“trained to kill cancer”); células programadas para atacar su cáncer (”program the cells to attack his cancer”); el tratamiento había matado más de dos libras de células cancerosas (the treatment had killed off two pounds of cancer cells”); era un signo de que sus células T estaban implicadas en una furiosa batalla contra su cáncer (“ it was a sign that his T-cells were engaged in a furious battle with his cancer”); para hacer que las células T busquen y destruyan el cáncer (“to make T-cells search out and destroy cancer”); la habilidad de las células para luchar contra los tumores (“the cells hability to fight tumors”) ; receptores quiméricos de antígenos que transforman las células en asesinos en serie (“chimeric antigen receptors that transform the cells into ‘serial killers’”) ; el tratamiento aniquiló todas las células B del paciente (“the treatment wiped out all of the patient´s B-cells”) ; las células T modificadas (“engineered”) habían atacado tejidos sanos en pacientes tratados en otros centros (“hace attacked healthy tissue”); las proteínas liberadas pueden provocar una tormenta de citocinas (“could cause a cytokine storm”); el tratamiento mata rápidamente billones de células c cancerosas (“rapidly kills billions of cancer cells”).

Un lenguaje bélico también es el utilizado en el comentario editorial que precede a un artículo de los mismos autores, en la revista Science Translational Medicine aunque, con más propiedad, podría ser calificado de policíaco, al escribir textualmente: “como miembros de la fuerza de policía corporal (“body´s police force”), las células del sistema inmunitario persiguen a los malos actores (“bad actors”) que lesionan los tejidos sanos, como la infección y el cáncer, con el objetivo de bloquear su peligrosa actividad”. Para concluir, juiciosamente que, aunque el nuevo diseño de la células T les permite atacar y destruir a las células B malignizadas de la leucemia linfocítica crónica, proliferar y persistir, con lo que contribuyen a la remisión del cáncer, sin embargo, en la dura batalla los transeúntes inocentes son también atacados (“Innocent bystanders were also targeted”) .

Este es el grave inconveniente de una extraordinaria experiencia clínica, sin duda un punto de inflexión en las terapias genéticas del cáncer, pero que no deja de ser, por ahora, en su planteamiento , una “guerra sin cuartel” , “a muerte” a nivel estricta y excesivamente biológico.