Steve Jobs

Steve Jobs falleció el 5 de octubre de 2011 víctima de un cáncer de páncreas

“Me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un escáner y mostraba un tumor en el páncreas.
¡Ni sabía lo que era el páncreas!”

Steve Jobs
Discurso en la Universidad de Stanford. 2005

Dos figuras mediáticas globales, de primerísimo orden –por su inteligencia, intuición, dedicación a un propósito personal y logros de enorme interés social– han fallecido con pocos días de intervalo: Ralph Steiman, descubridor de la célula dendrítica, clave en el mecanismo de la inmunidad adaptativa (30 de Septiembre) y Steve Jobs (5 de Octubre), cofundador de Apple y de otros muchos sofisticados artilugios que han hecho de la inmediatez comunicativa digital, el santo y seña del mundo actual.

En ambos, la causa primaria de sus muertes –un cáncer– asentaba en el páncreas, un órgano carnoso, (πάγκρεας en griego lo llamó un tal Rufos, cirujano de Efeso, en Asia Menor, de πάγ = todo y κρεας = carne), compuesto de numerosas glándulas, unas exocrinas (que liberan en el tubo digestivo enzimas como amilasa, lipasa, tripsina, etc), y otras endocrinas (que liberan en la sangre hormonas, como la insulina y el glucagón), oculto detrás del estómago, en un recóndito cobijo de la cavidad abdominal (ha sido calificado como “a hidden organ”). En circunstancias normales silencioso, solo da señales de vida cuando se irrita y se inflama (pancreatitis agudas y crónicas) o cuando algunos de los tipos de células que lo constituyen extravían su carga genética y proliferan, como mutantes, fuera de control (cánceres) hasta que invaden el organismo con metástasis (más de la mitad ya las han desarrollado cuando son diagnosticados). En suma, el páncreas es un órgano con un cierto halo de misterio y una larga y confusa historia, desde su descubrimiento, según parece, por Herófilo, un anatomista y cirujano griego, alrededor de 300 años a. C.

Esta proliferación descontrolada de células mutantes, hasta llegar al desarrollo de un cáncer, es lo que ha venido sucediendo en el páncreas de estas dos figuras mediáticas –Steve Jobs y Ralph Steinman– hasta ser diagnosticados y tratados después con la mayor agresividad posible, en unas intervenciones que han sido calificadas, en ambos casos, de una batalla (“He … said very little about his battle with cancer since an operation in 2004”, se ha escrito en referencia la larga lucha mantenida durante casi ocho años, por el Premio Nobel Ralph Steinman). A raíz de estas dos llamativas y coincidentes historias personales, el páncreas ha alcanzado, por estas fechas, un evidente protagonismo mediático.

El cáncer de Steve Jobs, diagnosticado en el año 2003, era un tumor neuroendocrino del páncreas, originado en las células de los islotes de Langerhans, una forma rara de neoplasia maligna del páncreas, que crece con lentitud, en la que la supervivencia del paciente se mide en años, aunque con rápida producción de metástasis, sobre todo en el hígado (cerca del 50% ya las presentan al ser diagnosticados). Son tumores que se incluyen en el grupo de los muy raros tumores neuroendocrinos (NETs) gastropancreáticos (GEP), llamados así porque secregan péptidos y neuroaminas (gastrinomas, glucagonomas,VIPomas, que son tumores malignos, y el insulinoma que es un pequeño tumor benigno).

El cáncer de Ralph Steinman, por el contrario, era un adenocarcinoma —el tipo más frecuente de cáncer de páncreas, ya que se diagnostica histológicamente en el de 95% de los casos— originado en la porción exocrina de la glándula, que, por lo general, acarrea la muerte dentro de un año después del diagnóstico, por lo que la supervivencia se mide en meses.

En un país donde la “cultura del exceso” domina en el tratamiento del cáncer no es de extrañar que en dos pacientes como Steve Jobs (poder mediático y económico) y Ralph Steinman (poder científico) la agresividad en el tratamiento del respectivo cáncer fuera llevada hasta sus límites más extremos, planteado textualmente como una batalla, que podría ser calificada de campal, por sus características, como “general y decisiva entre dos ejércitos en campo raso” y, también -por lo que se conoce acerca de la aplicación de todos los medios disponibles en ambos casos, incluso en fase experimental- y por tratarse de una “lucha violenta … generalmente espontánea y desordenada” (DRAE), Con el agravante de que el “campo raso” de esta batalla campal, en el que se provocan, de manera indiscriminada, destrucciones masivas – en el caso de Steinman, reclutando a su sistema inmunitario para luchar contra el cáncer (“Enlisting the immune system to fight off a cancer”)- es el propio cuerpo del paciente.

Con este planteamiento extremado, con la loable esperanza de alargar unas vidas tan brillantes y productivas para sí mismos y para la sociedad, los resultados han sido los siguientes, como subraya con un cierto distanciamiento estadístico un artículo del Scientific American, firmado por Katherine Harmon, bajo el título The Puzzle of Pancreatic Cancer: How Steve Jobs Did Not Beat the Odds—but Nobel Winner Ralph Steinman Did: Steve Jobs vivió 8 años desde que le fue diagnosticado su cáncer de páncreas, mientras que Ralph Steinman solo vivió 4 años, aunque, a pesar de esta diferencia a favor de Steve Jobs, ha sido Steinman el que ha vencido a la probabilidad (“Beat the Odds”) ya que la probabilidad de seguir viviendo, para su tipo de cáncer – un adenocarcinoma – se cuenta en meses y no en años,como en el cáncer de Steve Jobs.

A pesar de todo, no se me ocurre nada mejor para cerrar esta reflexión que las palabras de Steve Jobs, cargadas de determinación y esperanza, en su famoso discurso en la ceremonia de graduación de la Stanford University el 12 de Junio del 2005, cuando ya había sido diagnosticado y estaba siendo tratado de su cáncer de páncreas: So keep looking until you find it. Don´t settle.. Stay hungry. Stay foolish. (Así que seguid buscando. No os paréis… Seguid hambrientos. Seguid alocados).