Ciudad superpoblada

Vigilar y regular la urbanización demasiado rápida y la emigración incontrolada es uno de los retos de los próximos años. Imagen: Thinkstock.

“Vivimos o malvivimos en un mundo
lleno de contradicciones, incapaz de
dar cobijo, alimento, seguridad y justicia
a sus siete mil millones de habitantes”

El pasado 31 de Octubre, las Naciones Unidas, al anunciar que en esa fecha la población global de la Tierra alcanzaría la cifra de 7.000 millones, con el nacimiento de un nuevo ser humano, lanzaron una llamada de atención a los líderes mundiales: “los timbres de alarma están sonando” [“alarm bells are ringing”], escribía el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon en The International Herald Tribune, y proseguía : “ha llegado la hora de pasar a la acción y enfrentarse a los enormes retos que este creciente aumento de la población global origina”.

Ban Ki-moon subrayaba el ritmo casi vertiginoso de este incremento: si en el año 1998 la población mundial era de 6.000 millones, tan solo 13 años después ha alcanzado los 7.000 millones, y lo que se espera es que crezca hasta los 9.000 millones a mediados de este siglo, e incluso unos años antes, allá por el 2043. Una progresión que expresa, con brevedad y precisión, el título que a este hito histórico dedica la revista Science: 7 Billion and Counting (7.000 millones y seguimos contando).

Entre los enormes retos que esta desmesurada población humana genera, la ONU destaca la urgente necesidad de asegurar a los cerca de mil millones de habitantes que viven en la penuria más absoluta (el conocido como ‘bottom billion’, en inglés) la disponibilidad de alimentos apropiados para su nutrición y de agua potable, así como garantizarles la seguridad frente a la violencia del mundo y el acceso, sin trabas, a la justicia.

¿A qué clase de mundo llegaba ese recién nacido ser humano que completaba los 7.000 millones? En palabras del Secretario General, a “un mundo de terribles contradicciones (Our world is one of terrible contradictions). He aquí algunas:

  1. Produce alimentos en abundancia y, sin embargo, mil millones de sus habitantes pasan hambre.
  2. Unos pocos viven con estilos de vida lujosos y costosos, y demasiados malviven en la pobreza extrema.
  3. Los avances médicos son extraordinarios, pero muchas madres mueren aún en el parto (miles de mujeres en el África subsahariana mueren por causas relacionadas con el embarazo, la mayoría de las cuales podrían haber sido prevenidas), y muchos niños mueren cada día por beber agua contaminada.
  4. Miles de millones son destinados a la compra de armas para matar masivamente a seres humanos, por causas muy confusas -en las que se entremezclan ideología, poder económico y, sobre todo, poder político- en lugar de ser dedicados a mantenerles sanos y seguros.

El Informe titulado The State of World Population 2011, elaborado por el UNFPA, The UN Population Fund, hace una disección cuidadosa de esos 7.000 millones de habitantes y revela datos muy importantes acerca de las características de esa enorme población global:

  1. Por una parte la población global envejece, debido al aumento de la esperanza de vida media: en la década de los años 50 del siglo XX, esta esperanza era de 48 años, mientras que en el 2010 ha alcanzado los 68 años. En la actualidad, viven en el mundo 893 millones de personas mayores de 60 años, una cifra que, a mediados de este siglo XXI se calcula que alcanzará los 2.400 millones.
  2. Pero, por otra parte, la población global se rejuvenece. Las personas menores de 25 años constituyen ya el 43% de la población mundial, porcentaje que, en algunos países, llega ya al 60%.
  3. A este rejuvenecimiento de la población ha contribuido la disminución de la mortalidad infantil: desde 133 defunciones por cada 1.000 alumbramientos, en el decenio de 1950, hasta 46 por 1.000 en el período 2005-2010.
  4. La población global se urbaniza. Si en la actualidad, 1 de cada 10 personas vive en una ciudad, para dentro de 35 años vivirán en las ciudades 2 de cada 3 personas.
  5. La población emigrada crece. En los países donde existe escasez de mano de obra se cubren sus puestos de trabajo con emigrantes procedentes de países no desarrollados que viven en la pobreza o cerca de ella.
  6. En los países en pleno desarrollo, que atraen masas de trabajadores emigrantes, se propicia el crecimiento de mega-ciudades, en las que malviven en condiciones insalubres e inseguras.
  7. Las elevadas tasas de fecundidad de países sin programas de planificación familiar se contraponen con las bajas tasas de natalidad de otros países que caminan hacia el envejecimiento poblacional.

Estos hechos demográficos se presentan y se combinan de manera diferentes en los distintos países, originando problemas también diferentes, desde aquellos en los que predomina la población envejecida, la consiguiente entrada de una masiva migración, hasta aquellos caracterizados por la irrupción en su población de cuantiosas generaciones de jóvenes, para los que el desempleo es el horizonte dominante y emigran desde los centros urbanos hacia zonas periurbanas, donde el costo de la vida puede ser más bajo pero tal vez escaseen los servicios básicos y el empleo.

Lo cierto es que casi el 90% del futuro crecimiento de la población mundial probablemente tendrá lugar en los países menos desarrollados, con lo que se acentuará la competición por los ya restringidos recursos, con un incremento de la pobreza y de las posibilidades de acceso a los servicios y a los cuidados de la salud.

El Director ejecutivo de la UNFPA considera en su Informe algunos de los retos a los que se están enfrentando ya los países en pleno desarrollo, en los se concentrará básicamente el previsto aumento de población, entre los que se incluyen, además de retos primarios como son la promoción de los derechos humanos y de la cultura de la salud, los siguientes:

  1. Asegurarnos de que en aquellas áreas del mundo donde el crecimiento de la población se acelera, las mujeres y las jóvenes (que constituyen casi el 60% de la población en el mundo de la pobreza, y unos dos tercios de los analfabetos de todo el mundo) puedan tener acceso a la educación.
  2. Hacer accesibles programas de planificación familiar a 250 millones de mujeres que los requieren y no los consiguen, así como asegurarles un embarazo seguros.
  3. Procurar para la creciente población envejecida una vida lo más digna posible.
  4. Vigilar y regular la urbanización demasiado rápida y la emigración incontrolada.

El Informe termina con una tesis optimista. Su principal argumento es el siguiente:

“Desde muchos puntos de vista, puede considerarse que el actual tamaño sin precedentes de nuestra población es un éxito de la humanidad: las personas tienen vidas más largas y más saludables. Pero no todos se han beneficiado con ese adelanto ni con la más alta calidad de vida que entraña. Persisten grandes disparidades entre los países y dentro de un mismo país. También hay disparidades en cuanto a los derechos y las oportunidades de que disponen hombres y mujeres, niñas y niños. Hoy es más importante que nunca diseñar planes de desarrollo que promuevan la igualdad y no exacerben ni refuercen las desigualdades.

En definitiva, si desde ahora se planifica correctamente y se efectúan las debidas inversiones en las personas, este mundo de 7.000 millones puede tener ciudades prósperas y sostenibles, fuerzas laborales productivas que impulsen el crecimiento económico, poblaciones de jóvenes que contribuyan al bienestar de las economías y las sociedades, y una generación de ancianos saludables que participen activamente en los asuntos sociales y económicos de sus comunidades”.

El Director ejecutivo de la UNFPA termina su informe con una frase cargada de optimismo: Somos 7.000 millones de personas con 7.000 millones de posibilidades.

No cabe duda que, ante las dramáticas imágenes que del mundo en el que vivimos, con sus 7.000 millones de habitantes, nos ofrece cada día el instantáneo espacio mediático –en el que tantos seres humanos se ven continuamente asediados por la pobreza extrema, el hambre y sed, la enfermedad , la violencia personal y colectiva e, incluso, la masiva destrucción de sus ciudades y de sus vidas en guerras interminables– solo cabe el recurso de recordar, una vez más, la exigente recomendación de Antonio Gramsci, en la que la voluntad prima sobre lo razonable: “Frente al pesimismo de la razón, el optimismo de la voluntad”. O, si se prefiere, el consejo de Albert Camus en El mito de Sísifo: “Hay que imaginarse a Sísifo dichoso”. No queda otro remedio.

Cuando la población mundial alcanza los 7.000 millones, “alarm bells are ringing”