UICC

Logotipo de la "Union for International Cancer Control" (UICC).

“Inclusion of cancer-related targets in the
Millenium Development Goals should be agreed
before these goals are review in 2013″
.

UICC, Noviembre de 2011

The Union for International Cancer Control (UICC), con sede en Ginebra, es una organización no-gubernamental dedicada, de manera exclusiva, al control global del cáncer, que agrupa a unas 300 organizaciones en más de 100 países. En Mayo del año 2001, las Naciones Unidas votaron por unanimidad celebrar en Septiembre del 2011 una reunión, al más alto nivel, sobre la prevención y el control global de las enfermedades no infecciosas (non-comunicable diseases), entre las que ocupa el primer lugar el cáncer, seguido de enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedades respiratorias crónicas y enfermedades mentales, cuyos resultados ya han sido publicados.

Desde que en el año 2001 las Naciones Unidas anunciaran este reunión, la UICC ha venido trabajando intensamente en la redacción de una Declaración Mundial del Cáncer para el 2020. Porque no hay que olvidar que el cáncer es la causa dominante de la morbididad y la mortalidad en este mundo –cada año afecta a unos 12 millones de nuevos pacientes y es la causa de más de 7,4 millones de muertes anuales– así como un componente progresivamente creciente del gasto total en los sistemas de salud.

La UICC presenta a su Declaración Mundial del Cáncer para el 2020 como una “herramienta de ayuda” a los defensores de la lucha contra el cáncer, y cuyo objetivo es llamar la atención a los responsables de la política de la salud acerca del incremento del cáncer a nivel global, y sobre la necesidad de que la sociedad, en todos los continentes, se comprometa en la eliminación del cáncer, una amenaza para las futuras generaciones”. Porque el cáncer es, sin duda, a estas alturas como recordábamos recientemente en este blog“la causa dominante de la morbididad y la mortalidad en este mundocada año afecta a unos 12 millones de nuevos pacientes y es el causante de más de 7,4 millones de muertes anuales– y un componente progresivamente creciente del gasto total en los sistemas de salud.

La Declaración Mundial del Cáncer para el 2020 –cuya versión en español también puede leerse online– se estructura en dos grandes apartados bajo los títulos Targets by 2020 (Objetivos para el 2020) y Priority actions (Acciones prioritarias).

En el primer apartado (‘Targets by 2020′) son 11 los objetivos expuestos en una ordenación aleatoria, bastante confusa, en la que se entremezclan la epidemiología, la prevención, el diagnóstico precoz, la organización de la asistencia oncológica, el tratamiento radical y el paliativo. Se inicia, en el objetivo nº 1, con la necesidad de disponer de sistemas de salud sostenibles, para seguir, sucesivamente, con la exigencia de datos objetivos sobre el problema del cáncer en cada país y los resultados obtenidos en su tratamiento (estadísticas fiables), de conocer los factores de riesgo (tabaco, alcohol y obesidad), de desarrollar posibles medidas preventivas (vacunaciones contra los virus del papiloma humano y de la hepatitis B, de modificar la actitud de la sociedad ante el cáncer, de potenciar los programas de “screening” y de diagnóstico precoz, de disponer de profesionales y servicios especializados en Oncología, que presten también atención a los cuidados paliativos, a la rehabilitación y al tratamiento del dolor canceroso, para terminar con una llamada de atención sobre la preocupante emigración a otros países de especialistas en Oncología, y cerrar la serie de objetivos con la necesidad de aumentar la supervivencia de los pacientes con neoplasias malignas.

Al llegar a este punto, la Declaración admite que estos objetivos son ambiciosos si se pretenden que sean globales, por lo que solo sería posible alcanzarlos si se ponen en marcha una serie de acciones prioritarias.

El segundo apartado, dedicado a estas acciones prioritarias (‘Priority actions’) se divide en tres partes, bajo los correspondientes subtítulos Política sanitaria, Prevención y diagnóstico del cáncer y Tratamiento del cáncer.

La política sanitaria exige a los gobiernos incluir al cáncer en la Agenda de desarrollo de sus países, aportando la necesaria inversión económica, y convirtiendo al cáncer en el objetivo prioritario para aquellas poblaciones que más lo necesiten.

En la prevención y diagnóstico la Declaración insiste en la necesidad de que los gobiernos realicen campañas sobre los factores de riesgo de cáncer predominantes en cada comunidad cultural y tome medidas apropiadas para controlarlos.

En el tratamiento del cáncer se aconseja, también en un ordenación confusa, el desarrollo de guías para el tratamiento de los diferentes tipos de cáncer, en la colaboración con la industria farmacéutica para que la población disponga de medicamentos accesibles y de calidad garantizada, en el incremento del número de especialistas y en la promoción de la investigación oncológica, entre otras recomendaciones.

Un comentario publicado en The Lancet Oncology titulado The World Cancer-Declaration: from resolution to action, firmado por miembros de la UICC en Ginebra, de la Norwegian Cancer Society, Oslo, y de la American Cancer Society, en Atlanta (USA), recuerda que ahora que las Naciones Unidas han reconocido la importancia de las enfermedades no-comunicables (NCDs) como un problema relacionado con la salud y el desarrollo, la ausencia del cáncer entre los 8 objetivos de ‘The Millennium Development Goals’ debe ser rectificada, si no ahora, en el año 2015. Esta inclusión la consideran vital para que el cáncer sea considerado, dentro de un marco global, como un problema político, ya que afecta a la salud de toda la población mundial.

En resumen, una Declaración loable en su objetivo final, pero de estructura confusa y de redacción a veces redundante, dirigida a la cultura de la escasez que predomina en el mundo. Porque, si hace unas semanas, se llegaba en este blog a la conclusión de que la cultura del exceso, predominante en el estilo de vida de los países ricos, era la responsable de “excesos” en el tratamiento del cáncer, que no traducían en beneficios significativos para el paciente, y con un preocupante encarecimiento de su coste económico, hasta convertirlo en insostenible, es evidente que esta DECLARACIÓN MUNDIAL DEL CÁNCER PARA EL 2020 está dirigida, de modo especial, y con todas sus buenas intenciones, a los muchos países en los que domina la cultura de la escasez e, incluso, la triste e injusta cultura de la pobreza, por lo que pasar de las palabras a los hechos no será nada fácil.