Científica

Es urgente anular los privilegios del género masculino en medicina, tanto en lo referente al ejercicio de la profesión como en el objeto de tratamiento. Imagen: Thinkstock.

“For most of history,
Anonymous was a woman”.

Virginia Woolf

“What women can do for medicine
is one thing,
What medicine can do for women
is also important”.

Editorial. “The Lancet”

Un breve editorial de la revista The Lancet bajo un título muy conciso “Taking sex into account in medicine” (Hay que tener en cuenta el sexo en medicina) plantea en media página todos los problemas que el dominio histórico de los discursos ideológicos del sexo masculino sobre los del sexo femenino han provocado, y siguen provocando, en concreto en la medicina, incluso en nuestro tiempo en los países más avanzados. No olvidemos que en la Grecia clásica, incluso para Platón y Aristóteles, la mujer era una versión inferior del hombre, que sería el poseedor del sexo perfecto (De los sexos y géneros del cuerpo en Pera, Cristóbal, Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana. Ed. Triacastela, 2006).

A lo largo de la historia, todos los sucesivos discursos sobre la diferencia sexual han condicionado, en la inmensa mayoría de los contextos culturales y sociales, el privilegio de las representaciones de la masculinidad sobre las de la feminidad. En la década de los años 70 del siglo XX, junto con la revisión feminista de la historia, se instaura el concepto cultural de género –masculino/femenino– entendido como una construcción social de la masculinidad y de la feminidad, como modos de representación diferenciada de los dos sexos ante los demás cuerpos.

Todo esto viene a cuento porque en el breve editorial que comentamos hoy, a pesar de que en su título se utiliza la palabra sexo (“Taking sex into account in medicine”) enseguida aparece en sus primeras líneas la palabra género, cuando se hace referencia al hecho de que, a pesar de que en la Europa actual la mayoría de los alumnos de las facultades de Medicina y Ciencias son mujeres, pocas alcanzan posiciones universitarias elevadas, ya que casi todas son ocupadas por hombres. Así ocurre cuando en el texto del editorial se apoya esta conclusión con datos presentados en el primer European Gender Summit. Quality Research and Innovation Through Equality (Cumbre Europea del Género, Calidad de la investigación e innovación mediante la igualdad) celebrado en Bruselas los días 8 y 9 del pasado noviembre, una cumbre en la que el género considerado como menospreciado ha sido, evidentemente, el femenino, en comparación con el masculino.

Maire Geoghegan Quinn, comisaria europea para investigación, innovación y ciencia, en las palabras de bienvenida a los asistentes a la cumbre, afirmó que “no hay duda que con solo dejar pasar el tiempo no se conseguirá resolver la escasa representación de las mujeres en el liderazgo de la investigación científica”.

El carácter reivindicativo de la cumbre de Bruselas se pone de manifiesto con solo reproducir los títulos, bastantes explícitos, de las diferentes sesiones de trabajo, con sus correspondientes subtítulos:

1. LIDERAZGO CIENTÍFICO: Evaluación equitativa del talento de mujeres y hombres.

2. CAPITAL HUMANO: Compartir deberes y estatus en las instituciones.

3. PRODUCCIÓN DE CONOCIMIENTO: Normas de investigación e integridad.

4. INVESTIGACIÓN & DESARROLLO SEGÚN EL GÉNERO: Oportunidades para la innovación.

5. LA FUERZA DE LA COLABORACION: Se trabaja mejor como equipo.

6. VENTAJA INTELECTUAL: La inteligencia colectiva y la sensibilidad social a la investigación.

La segunda parte del editorial de The Lancet ya no se refiere a lo que las mujeres pueden hacer por la medicina, como “sujetos” en posiciones de elevada responsabilidad y liderazgo, sino a las diferentes respuestas que las mujeres, como “objetos” del género femenino dan, a los mismos tratamientos y a los mismos contextos experimentales, en comparación con las respuestas de los hombres. Por ejemplo, en las mujeres fumadoras el riesgo de desarrollar una enfermedad coronaria es un 25% mayor que el de los hombres fumadores, y tienen el doble de riesgo de desarrollar un cáncer de pulmón que los hombres fumadores. También, en términos generales, en muchas enfermedades las mujeres sufren más efectos colaterales, no deseables, a causa del tratamiento utilizado, que los hombres. Esto quiere decir, en la práctica, que ser varón o hembra puede resultar más importante para la salud, la enfermedad y la respuesta al tratamiento, de lo que hasta ahora se sospechaba. En consecuencia, The Lancet termina su editorial recomendando a los investigadores incluir más mujeres en los ensayos clínicos, en todas sus fases, y analizar los datos por sexo, no solo cuando parece científicamente apropiado, sino por sistema.

En definitiva, tal como se declara en una de las sesiones del European Gender Summit, mientras que el sexo es un fenómeno biológico, el género es una construcción cultural con un importante papel social, por lo que, a la altura de nuestro tiempo es urgente anular los privilegios, más o menos ostensibles según las culturas, pero todavía existentes, de la masculinidad como género en el ámbito de la medicina sobre el género femenino, no solo cuando la ejercen como profesión, como “sujetos”, sino también cuando son “objetos” de sus tratamientos. Y estos privilegios, según las conclusiones de la Cumbre Europea del Género, celebrada en Bruselas, aún persisten.